Sus ojos lo decían todo, nada que dijera iba a justificar esto. —Usted es una mujer sin ningún escrúpulo y su acciones son completamente despreciables —masculló furioso. —Señor yo... —¡Lárgate! —le ordenó interrumpiendo al guardía. —Si señor —dijo y se fué. No sabía que hacer, así que en lo único que pensé fue en irme de vuelta a la mansión, pero Gael, me agarró del brazo obligándome a voltear nuevamente hacia él. —¿¡Qué clase de mujer es usted!? ¡No puedo creer que exista un ser tan repugnante! —sentenció y con todas mis fuerzas le dí una fuerte bofetada. —¡No permitiré que nadie de esta casa me siga humillando! ¡Quieran o no me van a tener que respetar —dije de forma contundente. —¿¡Usted habla de respeto!? —preguntó retóricamente— Una mujer de respeto y además casada, no viene a

