Sus luceros cafés me colocan a la deriva, nunca pensé tener este tipo de conversaciones con Raegan, en medio de mi escape. ─¿Y Angela? ─Cuestiono rogando en mi interior que no la haya traído con él. ─Si la estás buscando, no la encontrarás nunca a mi lado. Puse mis límites sobre la mesa y ella los tuvo que tomar sin opción alguna ─responde, remojo mis labios─. Perdón, Milenka ─dice de repente. ─¿Por qué? ─Por no decirte que te amaba cuando ya lo sabía, por romperte el corazón, por irme sin luchar por lo nuestro mientras que tú lo hacías, perdón por hacerte desconfiar de mí y perdón por si lo vuelvo a arruinar ─Trago con dificultad el nudo que se me atraviesa en la garganta. «Más de tres meses me costó escucharle decir esas palabras» Paso mis manos por sus mejillas y mis ojos se e

