«¿Podemos hablar, Atenea? …» Atenea miró a Enzo en completo silencio. —¿Hablar? —preguntó Aquiles sin disimular su molestia por el tono empleado por Enzo. —Necesito hablar con Atenea. Aquiles, Ana, por favor —pidió. —No hay nada que decirnos, Enzo, lamento que el día más importante de tu vida, tuviese un triste final —dijo Atenea con una serenidad que estaba lejos de sentir. Debajo de aquella actitud tranquila, debajo de aquel vestido rojo… Su corazón latía tan fuerte que Atenea pensó que iba a salir de su pecho, sus piernas temblaban ante la idea de hablar con él a solas. —Por favor, Atenea. Sé que tienes todo el derecho a negarte a escuchar lo que tengo que decirte, aun así, te pido por favor, me des una oportunidad, una sola oportunidad —pidió Enzo casi en tono derrotado. —Está b

