—Gracias por traerme de vuelta—digo cerrando la puerta del Ferrari con sumo cuidado—, fue una noche agradable; alocada al final por la Úrsula de cuento infantil, pero especial, al fin y al cabo. —¿Úrsula? —alza una de sus cejas rubias con curiosidad—¿Úrsula de la Sirenetta? —Esa mera—asiento balanceándome sobre mis sandalias altas—. No tengo nada en contra de las rellenitas, pero la actitud que toma para hablarte o decirte las cosas…—chasqueo mi lengua—Casi, casi siente que el piso no la merece o que el planeta es muy poco para ella. —Eres muy observadora. —No hace falta ser una experta para descubrirlo—alzo los hombros—. ¿Fue tu novia? —Hace diez años, si—responde tanteando mi reacción—. Su nombre es Cecilia Cacciatore. —Mmm, bueno. No soy quién para opinar, ¿edá? (¿verdad?) Tuve un

