I Italiano impactado

3047 Words
Aeropuerto Internacional de Ezeiza Buenos Aires, Argentina 7:35am «—Clara. —No. Ya tuve suficiente por esta notte (noche)—dice con lágrimas en los ojos—. Vete, per favore. —No voy a rendirme contigo, ragazza—le respondo tomando mi chaqueta del suelo—. Mañana, antes di partire (de viajar), vendré por ti. —A quel punto (Para ese momento), ya estaré en camino hacia Milán—mordisquea su labio—. Te pido que regreses a tu casa y e non cercarmi (no me busques), ti prego (te lo ruego). Quizás, más adelante podamos conversar, pero por ahora es impossibile. —Quizás haya cruzado aquella línea sottile (delgada), pero jamás olvides porqué l'ho fatto (lo hice)—digo deteniéndome a su lado—. Tu eres y siempre serás el amore della mia vita. —Arrivederci (Hasta pronto), Fabio—susurra agachando la cabeza, evadiéndome por completo». Revuelvo mi café con fuerza esperando poder disolver los pensamientos y el amargo recuerdo de hace dos giorni (días). Todavía no me entra en la cabeza como pudo escogerlo a él por sobre de mí, por encima de lo que sentíamos. Tengo muy presente que mis acciones quizás no fueron las más adecuadas para conquistarla y que mi vita no es la más recta ni santa, pero ¿por qué Özmen? ¿Qué tiene de speciale? —Tus grandes discursos de superación y autoestima rindieron sus frutos, Azad. Ella ya no quiere saber nada de mí—susurro con el borde de la taza cerca de mis labios—. Ganaste el premio mayor. Que lo disfrutes—bebo de un solo sorbo el espresso doble, echo la cabeza hacia atrás cerrando mis oídos al ruido del aeropuerto y abriendo paso a la revolución de sentimenti (sentimientos) que aún permanecen dando vueltas; tratando de comprender cómo y en qué momento me dejé vencer tan fácil. Si tan solo me hubiera dado más tiempo, más oportunidad; le habría mostrado la clase de hombre que soy en verdad. ¡Maldición! Tutti (Todos) ven el exterior, la fachada impecable de un hombre atractivo y si, al gran mujeriego de Roma que puede tener una donna (mujer) diferente cada semana si lo desea y vive la vita (entre comillas) como si nada le importara; sin embargo, nadie en lo absoluto ha llegado a las fibras más profundas de mi corazón ni se ha atrevido siquiera a indagar en el porqué de mis actitudes. Perché? (¿Por qué?) ¿Por qué se le hace tan fácil al ser humano juzgar y tachar a alguien sin darse a la tarea de conocer primero? ¿Qué ganan con hacerlo? Me estiro para alcanzar mi equipaje de mano y saco del cierre delantero la revista aún envuelta en celofán que compré en el aeropuerto di Roma. —«Fabio Girardi viaja a Buenos Aires. ¿Nuova conquista?» —leo en la portada de Grazia, la revista que siempre sigue mis pasos y se encarga de promocionarme como el apuesto y rico donnaiolo (mujeriego) de Roma—Podrían haber escogido otra foto mejor—susurro observándome. Dios, ¿de dónde saca esta gente que viajo para conquistar a alguien? ¿De verdad creen que es a lo único a lo que me dedico ogni giorno (todos los días)? —Jamás revelaré quién soy frente a las cámaras—murmuro jugando con la servilleta—. Quédense con el mujeriego que les da de comer y mantiene sus trabajos gracias a los pettegolezzo (chismes). —Disculpame, lindo, ¿te sirvo más café? —dice la bella cameriera (mesera) con la jarra de vidrio en la mano y una suave sonrisa en los labios. —No, grazie—la miro fijo a los ojos y le sonrío de vuelta—. Eres muy amable. ¿Podrías traerme la cuenta, per favore? Sus manos tiemblan por una ráfaga de secondi (segundo) cuando nuestras miradas se cruzan, pero carraspea y se compone rápido—. Enseguida te lo traigo—muerde su labio y vuelve a sonreír entretanto que bate sus largas y rizadas pestañas—. Sos italiano. —Di Roma, sí—asiento. —Bienvenido a Buenos Aires—me guiña el ojo masajeando mi hombro—. Me llamo Vanesa. Miro su mano y ladeo la testa (cabeza) para regresar a su rostro. Es lógico que está coqueteando, pero ahora mismo no me siento con ganas de tener ninguna clase de flirteo. Y quizás sea así por un largo tiempo. —Grazie mille, Vanesa. Ahora, ¿podrías traerme la cuenta? —muevo mi hombro para que lo suelte. —Eh, sí. Ya vuelvo—murmura dándose cuenta de que no tengo el mínimo interés en lei (ella). Da media vuelta con la jarra apretada contra su pecho y apresura el paso hacia la caja. «Y luego dicen que uno las busca» pienso sacando el teléfono del bolsillo interno de mi abrigo de lana—Fiorellina—digo mirando su foto en la pantalla—, te veías tan hermosa—paso mi dedo por su figura y pego un ligero suspiro. Se encuentra de espaldas, caminando junto a la orilla de la spiaggia (playa) Riva. Mientras regresaba a la villa y alzaba sus brazos para sentir las brisas frescas de la mañana de Estambul, logré capturar su belleza natural con mi teléfono. Pensé por un instante que, después de la corta conversazione en la hamaca y la conexión tan natural entre ambos, había visto algo en mí; que al fin había descubierto al hombre sensible, tranquilo y apasionado que llevo escondido y que solo dejé salir para ella. Pero no. Solo fue una ilusión, una mala jugada que terminó golpeándome en el rostro sin darme tiempo a defenderme. —Marco—sonrío leyendo de golpe su nombre en la pantalla—. Buongiorno, cugino (primo). ¿Come stai? —Hey, bambino! —exclama—Los aires de Argentina te están haciendo bien. Contestaste mi llamada a la primera. —Molto divertente (Muy gracioso)—respondo sonriendo de lado—. ¿Cómo está la mia bellezza? —Abril, mi esposa—recalca—, se encuentra de maravilla. —Si bien es mi princesa, esta vez no me refería a ella sino a la bebé—sonrío—. ¿Cómo está? —Girardi, todavía no sabemos qué será. ¿Por qué das por hecho de que es una niña? —Porque lo será—digo recordando cuando Romina estaba embarazada de mi figlio (hijo) Lorenzo. Sin embargo, trato de guardar la compostura puesto que ellos aún no saben de su existencia—. ¿Cómo van los malestares? —Las galletas di soda ayudan un poco en las mañanas y el zumo de limone con pan tostado parece estar funcionando bien por las noches—escucho la suave voz de Abril al otro lado preguntando por mí—. Me siento tan estresado de verla sufrir que he decidido mudar el lavoro (trabajo) a casa hasta que logre pasar el primer trimestre. —Eres un buen marito (marido), Marco. Yo habría hecho lo mismo. Por cierto, acabo de escucharla preguntar por mí—sonrío arreglando mi capelli (cabello)—. ¿Puedo hablar con ella? —De acuerdo. Solo no te pases de listo, ¿está bien? Recuerda que es una donna incinta (mujer embarazada). —Embarazada y más impactante que antes—respondo aguantando la risa—. El vestido dorado que llevaba en la inauguración de la academia se le veía tan… Come dirlo? (¿Cómo decirlo?) Seeeexy—expreso con mi voz ronca. —Fabrizio Girardi Pirone, eres una reverenda molestia—dice riéndose porque ya conoce lo atrevido que soy y las bromas que hago—. Pondré el altavoz para que hables con Abril. —Grazie. Cuídate, cugino (primo). Hablamos más tarde. —Ángel guardián—expresa Abril tomando la llamada con alegría—, ¿cómo estás? ¿Llegaste bien a Buenos Aires? —Mi ragazza, la más hermosa de la famiglia—sonrío—. Llegué bien, con un poco de cansancio, pero nada que un espresso doble no solucione. ¿Cómo te trata la bebé? —Eres un amor—dice a pesar de los gruñidos de Marco—. Cuando hablas de bebés, me enterneces el corazón. Ella o él, está bien. —Será una bellissima bambina, no olvides mis palabras—respondo observando a la mesera regresar con mi cuenta—. Solo esperemos saque tus facciones y no las de Marco. —Eres un tonto—ríe divertida—. Ruego al cielo que salga con los ojos esmeralda de mi hombre. —¿Si tienes presente que podría haber salido mejor si te hubieras casado conmigo? —saco mi billetera y dejo unos cuantos banconote (billetes) en la bandeja—. Todavía no puedo sacarme tu rechazo de la cabeza. —¡Comportati, Girardi! —grita Marco a su lado. —¡Fabio, no juegues! —exclama carcajeándose—Nuestros caminos estaban destinados, si, pero no para estar juntos. Confórmate con saber que somos primos políticos. —Y continúas rechazándome—suspiro agregándole drama al asunto—. Va bene (Está bien). Dejando de lado este amor no correspondido… ¿Lograste verla? —Hablando de amores—susurra—. No pude despedirme, pero dejé la carta en su buzón como me lo pediste. Supongo que habrá pensado que fuiste tú. Oye… —¿Sí? —Leí la carta. —Lo hiciste. —Confieso que después de Marco, jamás había llorado por las palabras de otro hombre—dice con la voz entrecortada—. Ay, Fabio. Cuanto lamento que lo suyo no haya funcionado. —¿Qué puedo decirte? Ese turco aprovechó el momento y se ganó el cuore (corazón) de mi fiorellina—alzo los hombros—. ¡Ah! Y en adición a eso, quedé como el malo de la película y él como el héroe. —Nadie quedó como el héroe o el villano en esta historia. Simplemente no estaba escrito que terminaras con ella. —¿Y cómo saperlo (saberlo)? Si apenas llegada de Londres se fue a Estambul. No tuve tiempo para estar con ella, decirle lo que sentía y… —Tuviste todo el tiempo del mundo, tampoco te hagas el mártir. ¿Acaso no hablaste un día antes de su viaje y le confesaste tener una relación con aquella modelo extraña? —Francesca Leotta—suspiro—. No fue nada serio. —Para ti, pero para Clara fue una bomba verte incluso en los noticieros compartiendo besos y abrazos con esa muñeca operada—chasquea la lengua—. De todas maneras, al parecer ya pasó capítulo y está con todas las expectativas de su nueva vida en Milán. —¿Se fue con él? —Fabio… —La acompañó, ¿no es así? —aprieto mi puño con fuerza—Ese dannato (desgraciado). —Será mejor que te vayas olvidando de ella. Al paso que va, tengo el presentimiento de que terminarán juntos—se queda en silencio—. Ángel guardián, Clara es mi amiga y la quiero, pero soy consciente de que, a pesar de tus metidas de pata, eres mi familia, mi amigo y el mejor apoyo que me ha brindado Italia después de Marco. No quiero que sufras. —Siempre preocupándote por mi—sonrío levantándome de la silla—. Te lo agradezco. —¿Estás enojado? —Si, lo estoy y mucho, aunque no lo parezca—tomo mi bolso de mala gana y lo coloco arriba de mi valija—Me siento traicionado, pisoteado y herido. Abril, desde la primera vez que nos vimos y el pequeño accidente que tuvimos en la empresa—digo haciendo hincapié en nuestro bacio (beso)—, sabes que siempre me mantuve firme en la idea de que el amore es una pérdida de tiempo; un desgaste continuo en las emociones. —Ay, Dios. Otra vez con eso. —¿Y sabes qué? Clara con su débil e indeciso corazón me lo confirmó. ¡Per favore! ¿Cómo podría ser maravilloso algo que te quita la libertad y consume cada parte de tu ser? —Porque no fue amor verdadero y ella no era para ti—repite una vez más lo que no quiero oír—. El que habla ahora mismo es el Fabio herido, no el verdadero tú. —Estás en lo correcto—tomo la manija de mi equipaje y camino hacia el pasillo. —Somos primos, Fabio, y he logrado conocerte cada día un poco más. El hombre que quisiera ver se encuentra muy escondido en tu ser. —¿De qué hombre hablas? —Del que se arriesgó por mi mejor amiga; el que viajó hasta Paris, la buscó por cada rincón de la ciudad y la trajo hasta mí. Hablo del italiano que me salvó de la muerte, del que me brindó su mano, su casa y todo su apoyo para poder salir adelante cuando no deseaba hacerlo. Y también, hablo del hombre que saldó la deuda con Pirone Enterprises e incluso dio de más, aunque no tenía que hacerlo. —Aaaah, te lo dijo—niego con la cabeza—. Se suponía que lo mantendríamos en secreto. —Es mi esposo, ¿qué esperabas? —Sabes que todo lo hice con las mejores intenciones—digo tragando saliva para mantener mis sentimientos a raya—. Puedo ser de todo, menos malagradecido con la famiglia. —Por fuera eres el gran Fabio Girardi Pirone, pero muy en tu interior, está el Fabrizio que piensa, gime, llora día y noche al no poder encontrar una mujer que lo ame, lo entienda y esté dispuesta a todo por vivir un apasionado amor—responde logrando dar en el blanco. —Abril… Gracias por psicoanalizarme, pero después de la situación tan dura con Clara, dudo que quiera estar con alguien—hago una mueca de dolor—. Solo deseo enfocarme en los beneficios que obtendré para el viñedo, la empresa de Marco y, no lo sé… Quizás inicie una nueva vita aquí. Ya veremos que tiene el futuro deparado para mí. —El amor tarde o temprano tocará a tu puerta, mi ángel. Todos merecemos amar y ser amados. Sé que tu tiempo llegará pronto. Solo confía y disfruta. —El amore llegará dentro de ocho meses y se encuentra a gusto descansando en tu vientre—digo colocando mis lentes de sol en la cabeza—. Cuídala mucho y háblale de su sexy tío cuando tengas tiempo. —¡Que ternuraaaaa! —exclama entusiasmada—. Lo haré, no te preocupes. —Debo dejarte, ¿está bien? Rentaré un auto y me iré directo al hotel para descansar. —¿En cuál estarás hospedado? —En el Four Seasons. Se encuentra en Retiro, muy cerca de la zona portuaria. —Si, ya decía que no te quedarías en un hotel de dos estrellas. —Será solo por unos días—digo restándole importancia—. Después debo viaggiare (viajar) a Mendoza. —Promete que me enviarás fotos y estarás en contacto con nosotros. No te me pierdas, por favor. —Si me lo pides así—sonrío sin dejar de arrastrar mi equipaje—, prometo hablar seguido. —Cuídate mucho, ¿de acuerdo? Te queremos. —Y yo a ustedes—digo suspirando—. Nos veremos pronto. Abrazos para mi piccola sobrina. —Antes de que cuelgues… —¿Sí? —Me encanta tu faceta de tío—murmura con cierta nostalgia—. Arrivederci, ragazzo—termina de despedirse y cuelga la llamada dejándome con un buen sabor de boca. Desde que la conozco, parlare (Hablar) con ella siempre ha sido gratificante y esta no es la excepción. Me detengo para guardar el teléfono en el bolso de mano y miro la gente caminar de un lado a otro por las salas de espera. Ojalá Abril tenga razón y pueda encontrar lo que tanto estoy buscando. —Astor, deja de ser tan rogón, ¿quieres? ¡No voy a volver! —exclama la voz de una donna (mujer) a mis espaldas—Ashhh, ¡cómo quieras! ¡Después no me vengas con…! —no me da tiempo a girar cuando siento su cuerpo chocar con mi espalda haciéndome soltar el equipaje—¡Oh! —¡Quiana! ¿Estás bien? —pregunta una joven soltando la mano del que seguro es il suo ragazzo (su novio) y se arrodilla para ayudarla—Que trancazo te diste. —Que vergüenza—dice palpando la alfombra para alcanzar su teléfono. Aprieta el botón terminando la llamada y lo tira de mala gana en el bolsillo de su cazadora blanca—. No deja de molestarme ni siquiera en mis vacaciones. Me pongo en cuclillas y ladeo la cabeza tratando de mirar su rostro en medio de su alborotado capelli (cabello). —¿Te encuentras bien? —digo estirando mi mano para levantarla—¿No te lastimaste? —No, no… Oh, cielos, cuanto lo siento—dice peinando sus sedosos mechones hacia atrás—. ¡Te tiré los lentes! —me agarra de la muñeca sin guardare (mirar) otra cosa que no sean mis Emporio Armani y corre a recogerlos—Dime que ese rayón no estaba. Santísimo, son Armani. —Tu primera deuda en Argentina—expresa la otra ragazza—. Felicidades, hermana. —No te preocupes, tengo más como esos—me acerco hasta ella y rozo su mano con mis dedos buscando su mirada una vez más. Da un piccolo salto levantando la cabeza al sentirme, pero se queda paralizada sin poder decir nada—. Ciao (Hola)—sonrío. «Wow, que bella ragazza» pienso de manera instantánea quedándome encandilado en sus ojos miel y en las finas facciones de su rostro. —Virgen santísima—logra susurrar. Acaricia mi mano de manera inconsciente soltando los lentes y abre los occhi (ojos) sorprendida—, ¿quién eres? «Un italiano al que acabas de impactar» expreso en mi mente volviendo a sonreírle.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD