Aprovechar el tiempo con los que más amamos

4218 Words
-Me he quedado dormido -murmuré. Se rió. -Lo creas o no. -Por favor, acepta mis disculpas. No era mi intención. Nona me acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja y me dedicó esa sonrisa deformada que, por lo general, hacía que mi corazón latiera con más fuerza. -Trata de no apenarte. No me lo había pasado tan bien desde... bueno, desde. Su significado podría ser un poco más claro. ¿Desde cuándo? ¿Desde el final de la primavera que pasamos juntos? ¿Desde antes de que me dejara salir de su caravana sin contención? -Necesito llevarte de vuelta. Leo te ha mandado mensajes y te ha llamado unas cuantas veces. La última vez que llamó pensé que había llegado el momento de despertarte. Sin embargo, me deleité en tenerte dormitando encima de mí. El corazón me latía en el pecho. Que me hiciera saber algo así me daba confianza. Confianza para qué, no lo sabía. Yo había sido la persona que había concluido que no valía la pena el esfuerzo. Me dio mi teléfono. -Responde a ello. Siguiendo así, será difícil encontrarle sentido. Leí el mensaje en el que me preguntaba dónde estaba. Sonaba estresado, teniendo en cuenta que había dejado mi vehículo en el aparcamiento del instituto. El teléfono de Nona sonó, lo miró y frunció el ceño. -Es Leo. He contactado con él para que lo coja. -Deja que te responda. Haría bien en darle sentido. Además, no hemos hecho nada malo. -Hola. - Hola. - ¿Lía? ¿Dónde puedes estar? ¿Por qué razón dirías que estás notando el inalámbrico de Nona? Te he estado llamando. -Por favor, acepta mis disculpas. - Tengo el corazón roto. Lo sé. Simplemente iba a llamarte. Simplemente iba a llamarte. Nona me observó en el área de estacionamiento. Hubiera preferido no volver a casa y tolerar todo el drama. Ella propuso quedarse escuchando mi diatriba y terminé cabeceando. Me dejó descansar. Sin embargo, me va a llevar de vuelta. Miré de reojo a Nona. Ella me observaba con una articulación que me hacía pensar en un león que detecta el riesgo y se prepara para saltar. -De acuerdo, te esperaré en tu vehículo -respondió por fin Leo. No sabía en qué estaba pensando mi galán. Regularmente, podía comprobar su estado de ánimo a través del teléfono, pero esta vez no podía. -Nos vemos pronto -dije, y le di el teléfono a Nona. Ella lo cerró y destacó el asiento delantero. -Si se da el caso de que nos esté esperando, sería conveniente que se abriera un poco. No creo que esté de acuerdo. Giró el motor y se puso en marcha hacia la ciudad. Me deslicé vacilante hacia el extremo opuesto de la furgoneta. Lejos de su resplandor. -Nona... te lo agradezco mucho. Realmente lo deseaba. Requería, te requería... a ti. Ella dejó escapar un gran gemido y negó con la cabeza. -Tú haciendo declaraciones como esa me lo pones muy difícil. Aparezco constantemente por ti, y sin embargo no me haces saber que me quieres. -En cualquier caso, no puedo resistirme. Es la realidad. -j***r, Lía. No puedo prestar atención a estas cosas. Puedo negarme lo que quiero. Lo que necesito. Sin embargo, no puedo hacerlo contigo. -Tú amas a Leo. Se parece a un hermano para ti. ¿Podrías realmente tener la opción de herirlo así? ¿Podrías tener la opción de perderlo por una joven? No podría decir si podría permitirte hacer eso. Acabarías despreciándome por dividirnos. Eras incapaz de adorarme. Te aconsejaría continuamente que hubieras perdido a Leo por mi culpa. Incliné la cabeza hacia atrás en el asiento y cerré los ojos. Había tantas justificaciones de por qué nunca acompañaría a Nona. Además, cada vez que las decía sin contenerme sentía otra estructura de apertura en mi corazón. -Tienes razón -murmuró secamente. Oír que estaba de acuerdo conmigo me pareció como si me clavaran una espada en el pecho. Contuve un grito y miré hacia el lado contrario. Ninguno de los dos dijo nada más. Cuando maniobramos para entrar en la zona de aparcamiento, Leo no tardó en aparecer cerca de la camioneta de Nona, abriendo la entrada y tirando de mí. -Por favor, acepta mis disculpas, cariño. He estado tan ocupado con el fútbol que no me he centrado en ti. Acabas de perder a tu abuela y ahora tus familiares han atacado tu casa. - Me tomó en sus brazos y dejé que me abrazara. Me dolía tanto el pecho que quería que alguien me abrazara. Sin importar que ese alguien no fuera Nona. Muchas gracias a ti, Nona. Has estado ahí para ella cuando se mostraba incapaz. Te debo una", dijo Leo por encima de mi cabeza. No comprobé a Nona. Mantuve mi cabeza metida en el pecho de Leo. -Es un placer -respondió Nona. Leo cerró la entrada de la furgoneta y oí el ruido de las ruedas sobre la roca. El sonido de Nona tirando sin parar y dejándome allí con Leo. -Vamos, deberíamos ir a mi casa. Esta noche tenemos una parrillada y mis padres estarán encantados de que vengas -se ofreció Leo, apartándome un poco para poder mirarme a la cara. No pude decir que no. Es más, hubiera preferido no hacerlo, teniendo en cuenta todas las cosas. Volver a casa implicaba más Lana y más tía Laura. -OK. Sección catorce Nona -Hola, Nona. Giré y vi a Kayla, paseando a mi lado con un portapapeles en la mano. Los pasillos eran un clamor: entre clase y clase todo el mundo. -Puedo colocar su nombre en la gorra para participar en usted en el sorteo, o usted puede elegir. Diferentes titulares y un tienen sus dos jóvenes. En el caso de que necesite alguna de las más conocidas tendrá que elegir ahora. De hecho, fue un ejercicio de inutilidad responder. -Está bien, estas son las jóvenes más famosas que realmente tienen un hueco: Heather Kerr, Blair, Heidi, Noel, Heather Long y Amy. Lía permanecía antes de su almacenamiento, afirmando no sintonizar. Pude verla observándome en algún lugar a un lado. Eso me llamó la atención. La sensación de comodidad que había sentido en mi pecho últimamente se expandió, ayudándome a recordar su justificación de ser. ¿En algún momento podría desaparecer esta sensación? ¿Cuándo podría dejar de hacer daño el mero hecho de verla? -Dios, y Lía, obviamente. - La brillante voz de Kayla articuló por fin la única palabra que no pude ignorar. - ¿Qué podría decirse de Lía? - dije, apartando mis ojos de ella para comprobarlo. -Ella es todavía accesible. Nadie la ha elegido, aparte de Leo, obviamente. No creo que nadie lo haga. Nadie la necesita ya que se da cuenta de que no buscará ningún trato excepcional con él. Toda la consideración excepcional será para Leo. -La necesito. - ¿La necesitas? ¿La necesitas? -Sí. -Sin embargo, te das cuenta de que a Noel le gustas y puedo garantizarte que se ocupará de cada uno de tus problemas -dijo Kayla. -Necesito a Lía -repuse, y la miré con el ceño fruncido antes de girar y dirigirme al vestíbulo de juegos. Pedirle a Lía podría traerme más desesperanza, pero la posibilidad de verla haciendo cosas por Leo era hasta el punto de volverme loca. Además, hornear golosinas para otro compañero y mejorar su almacenamiento y hacerle tarjetas me enfurecía. Además, me esforzaba en las ciencias. Realmente quería ejemplos privados. El tipo de ejemplos privados en los que las damas y los novios no pueden participar. -Qué reunión tan asombrosa -comentó Leo mientras nos dejaban las gorras en las bandas-. Pivoté para ir a buscar los guantes que me había quitado antes, sin mirarlo. -Hoy he estado algo más centrado -respondí, apresurándome hacia donde estaban los guantes. Leo me siguió. Esperaba alejarme de él. Él me había incitado una cantidad excesiva hoy con sus presentaciones de calor para Lía. Él, obviamente, no había tomado nota. -Estaba empezando a estresarse por ti. Durante las últimas reuniones de instrucción apenas parecías estar desviado. Sea como fuere, hoy estás aparentemente en excelentes condiciones. Siete días antes, su comentario me habría provocado remordimientos. Sin embargo, a raíz de haber soportado sus besos y manoseos cotidianos con Lía, empezaba a sentir más fastidio que culpabilidad. ¿Por qué razón necesitaba en general tenerlo todo? Durante toda nuestra vida, Leo lo tenía todo, pero a mí nunca me había importado. Nunca le había molestado nada, ni le había pedido nada. Ahora tenía la única cosa que necesitaba, la única cosa que deseaba más que el aire para inhalar, y yo no la conocía. La joven que Leo adoraba no existía. -Supongo que estaba un poco corroída después de la primavera tardía -murmuré. -Esencialmente, estás de vuelta. Has examinado una gran forma ahí fuera -dijo Leo con una gran sonrisa. Su teléfono sonó y me obligué a no mirar mientras leía el mensaje. Aborrecí darme cuenta de que presumiblemente era de Lía. Aborrecí la cantidad que necesitaba para saber lo que ella le estaba expresando. ¿Podría estar haciéndole saber que lo adoraba? ¿Podría encontrarse con él en algún lugar? No pudo desatender los gemidos de Lía... BASTA. Tenía que dejar de considerarlos una pareja. -Hola, Nona, tú y Lía os habéis hecho muy amigos este medio año. Hace uno o dos días que se preocupó por ti y ya no se enfurruña cuando noto tu nombre. Eso es algo que hay que agradecer. Me alegro de que las dos personas que más me importan se hayan acordado por fin de que son compañeras. ¿Cómo podría responder a eso? señalé recientemente. - ¿Ves algún problema en ayudarme? En el caso de que tú y Nic no tengáis diseños esta noche, claro. Le dije a Lía que saldríamos a comer y a ver una película. Ya sabes, sacarla de esa casa de locos y que le dé un poco de aire natural. En cualquier caso, mi padre me acaba de mandar un mensaje, necesita que le acompañe a ver a un compañero suyo que estará de visita por la zona esta tarde y que tiene asociaciones en la división de atletismo de la universidad. Es importante y mi padre ha hecho un esfuerzo especial para organizar esta reunión. En cualquier caso, prefiero no dejar plantada a Lía. ¿Podrías ir con ella, en caso de que no tengas planes con Nic? Ya que ambos sabemos lo que ella siente por Nic. Preferiría no ponerla en una circunstancia que la haga sentir desubicada. ¿Es verdad que estabas preguntando si necesitaba salir con Lía? ¿Es cierto que estaba loca? Ella no lo merecía. Cualquier persona dispuesta a dejarla plantada para lograr algo con su padre no debería reservarse el privilegio de acompañarla. -De acuerdo -respondí, escuchando el sonido quebrado de mi propia voz. Mi primo cabeza de bloque no tenía ni idea de lo que me estaba pidiendo que hiciera. Puesto que tenía un asiento retenido en el infierno, mi intención era esencialmente contemplar el paisaje. -Muy agradecido, hombre. Su restaurante número uno es Café y Más. Nos encontraremos allí a las seis. Tomaré una bebida contigo hasta que sea el momento ideal para conocer a mi padre. Lía detestaba las gambas chamuscadas del Café y Más y su té frío generalmente tenía un sabor áspero y persistente. Era el restaurante número uno de Leo y estoy segura de que ella había coincidido con él cuando llegó a la conclusión de que era el mejor lugar de la zona. No tenía ni la más remota idea de ella ni mucho menos. -Ya que te voy a dar un respiro, lo haremos como yo prefiero. No puedo con el café y eso es sólo el principio. Estoy seguro de que la princesa Lía no se preocuparía por minimizar al ir a Tienda. Sus hamburguesas son superiores a cualquier plato del Café y Más y su té frío la complacerá. Leo miró con desprecio, pero terminó haciendo un gesto. -Grandioso. Estoy seguro de que Lía reconocerá, y estoy seguro de que Tienda lo aprobará. Acabo de llevarla allí varias veces, pero creo que estará de acuerdo contigo sobre las hamburguesas. Recuerdo que una vez se comió una. Con pan y queso derretido y el bollo tostado. Hace adorables clamores de placer mientras la come. Otra de las numerosas cosas que no puedo aceptar del todo que tengo una visión casi nula de ella. La reconocible fragancia de aceite y hamburguesas me dio la bienvenida al entrar en Tienda. Las mesas de fórmica con manteles decorativos de cuadros rojos empezaban a llenarse. Hice un gesto a Hank mientras pasaba por delante de la plancha de camino a la parte de atrás. Había más rincones reducidos hacia la parte de atrás. No necesitaba que todo el mundo nos vigilara de cerca. Asumiendo que iba a Suponiendo que pensaba tener a Lía para mí sola, necesitaba apreciarla sin curiosos. Me sentí libre de organizar un té para Lía y la salsa de cheddar que tanto adoraba. Cada vez que Leo me mandaba un mensaje para avisar de que iban a venir, me quedaba sorprendida. A pesar de que yo o había reconocido, no estaba del todo seguro de que Lía lo hiciera. La forma en que decidió proceder con el acuerdo me puso en un excelente estado de ánimo en general. Lía -Está ahí detrás -dijo Leo, cogiéndome de la mano y llevándome a la parte trasera del café. Mi cabeza se agitaba ante la posibilidad de estar alejada de todos los demás en un puesto privado con Nona. -Hola, qué tal. Siento llegar tarde. Necesitaba llevar unas flores a la enfermería de casa", aclaró Leo. Me hizo una señal para que entrara primero. Me deslicé hasta la mampara y él me siguió. Nona me dio un vaso de té frío. -Hacía tiempo que no venía. Me sentí libre de organizar las bebidas para mí y para Lía, pero no para ti. No sabía lo que necesitabas -dijo Nona-. Tenía delante mi salsa de cheddar número 1, y me la acercó también. -Vamos, sírvete tú mismo. He tomado todo lo que cualquiera podría necesitar. Mis mejillas se sonrojaron al recordar la noche en que compartimos salsa cheddar por última vez. Volvíamos a ser posteriores a pasar el día al lado del océano. -No voy a tomar nada, definitivamente puedes relajarte. Sólo tengo un par de momentos, he quedado con mi padre en este momento. -dijo Leo. Nona me ofreció una mirada rápida y volvió su consideración a Leo. -Mejor suerte con tu reunión. -Muy agradecido. Estoy muy alegre. Podría prescindir de dejar a mi jovencita, aunque esto podría ser significativo para mi futuro. Me gusta que tenga la opción de reunirse esta noche. -De hecho, me debes una. Me debes un par, de hecho. Adicionalmente he abrazado a Lía como mi joven del alma. Otra persona planeó conseguirla y no creí que te gustara. Parecía que estaba ayudando a Leo. No era una niña que requería una niñera. No había venido esta tarde ya que no podía soportar quedarse en casa. Había venido porque necesitaba acompañar a Nona. -Hazme saber cuándo necesites capitalizar las bendiciones. Además, gracias por elegir a Lía. Me doy cuenta de que podrías haber permanecido con alguien que te hubiera hecho más feliz, sin embargo me gusta que me tengas cubierta. Leo hablaba como Nona, como si permanecer conmigo o tenerme como joven del alma fuera una especie de inmensa penitencia. Necesitaba utilizar toda mi determinación para no enviarlos a ambos al fuego del infierno y a la tempestad del café. -Me aseguraré de cobrarlos cuando los quiera de verdad -dijo Nona alegremente, que yo necesitaba quitarle la cara de una bofetada. -Todo lo demás, tengo que irme -dijo Leo inclinándose para besarme. Volví la cara y miré con furia al separador, haciendo que sus labios se posaran en mi mejilla. -Haré lo que sea necesario para no traer un exceso de dificultades a tu primo -gruñí con una furia difícil de ignorar. Leo miró con desprecio mi forma de hablar. Fingí una sonrisa que comprendí que se tragaría. Hizo un gesto y se encaminó hacia la salida. Aguanté hasta que la entrada se cerró antes de girarme y fruncir el ceño a Nona. -No soy una jovencita con la que tengas que lidiar. Puedo ocuparme de mí misma. Cuando salga de la zona de aparcamiento, volveré a casa. Nona se quedó allí sonriendo como si él le hubiera comunicado recientemente que había ganado 1.000.000 de dólares. -Dios, cómo me lo he perdido. - ¿Extrañar qué? -Ver su genuino y o. Casi le dio rienda suelta en esa zona general ante él. Se podía ver el desconcierto por todas partes cuando soltó ese bufido. Era alucinante. Me quedé allí, totalmente confundido. ¿Me había vuelto loco a propósito? - ¿Podría decirse que me está haciendo saber que me ha tendido una trampa? ¿Necesitaba que yo detonara antes que él? - pregunté, haciendo un sólido intento de no estallar. -Además, ahí va una vez más, pero esta vez no ha llegado Don Perfecto, así que puedo ver a la genuina Lía en toda su grandeza. Las lágrimas comenzaron a brotar en mis ojos. Había imaginado una velada tan alternativa. Estar separada de todos los demás, con Nona y Leo conociéndola y sin molestarla, había parecido un pequeño atisbo de cielo. En cualquier caso, Nona había optado por considerarme como si fuera un mono de bazar. -No estoy aquí para comprometerte, Nona. Consentí esta velada ya que, idiota de mí, necesitaba disfrutarla contigo. Te echo de menos. Además, pensé... Pensé que estabas de acuerdo en el hecho de que también me echabas de menos. Se me formó un nudo en la garganta y agarré mi bolso con firmeza. Esperaba irme antes de romper a llorar y avergonzarme a mí misma. No podía soportar que Nona necesitara hacerme daño. Fue excesivo. -Lía, espera. - Sus palabras me motivaron a detenerme, sin embargo no pensé en ello. En el caso de que lo hiciera, impresionaría y comenzaría mi experiencia una vez más. Me apresuré hacia la salida. Sección quince Mi casa estaba a diez kilómetros de distancia, y recorrerla solo en la oscuridad no había sido la decisión más inteligente. Además, Nona me observaría y conduciría a mi lado hasta que me subiera a su camioneta idiota. Giré y corrí por la calle restringida que incitaba a la escuela secundaria. Las farolas iluminaban la calle, que estaba arreglada con árboles, y evitaban que se sobresaltara. La escuela secundaria estaba a menos de una milla de la tienda, así que podía sentarme en los asientos baratos del campo de fútbol y pedir esa sacudida de energía de Leo cuando terminara. Mi teléfono sonó y miré el mensaje instantáneo. Nona: Lía, tengo el corazón roto. Hazme saber dónde estás, por favor. Apreté el "visto bueno" y seguí hacia el campo de fútbol. Poco antes de llegar a la entrada, los faros iluminaron la penumbra Oscuridad. No me detuve. Suponiendo que era Nona, y estaba casi seguro de que lo era, esperaba alejarme de él. Necesitaba llorar y era incapaz de hacerlo con él mirando. Le oí cerrar la entrada de la furgoneta a martillazos y correr sobre la roca. Sería difícil vencerle, pero podía intentarlo. -Lía, estoy apenada. - Me rodeó con sus brazos antes de que pudiera correr. -Relájate de mí. Necesito separarme de los demás. Llamaré a Leo y él vendrá más tarde con una dosis de energía para traerme de vuelta a casa. -No -respondió. -Era cualquier cosa menos una pregunta de sí o no. Era una pregunta de sí o no. Además, actualmente, vaya. -Lía, tienes que prestarme atención. En realidad, no era mi intención lo que dije. Necesitaba ver el fuego en tus ojos. Me lo perdí y de repente estalló ser iracundo para saber que usted. No tenía razón y tengo el corazón destrozado. Si no es mucha molestia. Hundió su cabeza en mi cuello y respiró con fuerza. Mi expectativa de seguir enfadada con él se desvaneció totalmente cuando logró algo tan poderoso como acurrucarse en mi cuello. - ¿Así que no lo consideras un mimo a cambio de que Leo te deba una? - pregunté en un tono mucho más suave del que había estado utilizando. -No, y lo sabes -respondió, acurrucándose en mi cuello y entrelazando sus dedos con los míos-. - Es más, ¿acaso no es pedirme como una joven de alma una penitencia mayor que estás haciendo? -Además, soy el mayor imbécil del planeta por no especular un poco antes de tratarte de la manera en que lo hice. Por favor, acepta mis disculpas, Lía, ten la amabilidad de perdonarme. Me quedé sigilosamente y la besé. -Estás disculpada -murmuré y me aventuré a volver a dudar. Deberíamos irnos -continué, y me dirigí a su camioneta. No me deslicé para sentarme cerca de él mientras salía del aparcamiento. Le miré la mano y vi la firmeza con la que sujetaba el cambio de marchas. La noche no debía transcurrir así. Volví a la camioneta de Nona. Estábamos alejados de todos los demás y Leo lo aprobaba. Murmuré y giré la cabeza para mirar por la ventanilla, observando los árboles que pasaban mientras Nona conducía de vuelta a Tienda. -Quédate aquí. Vuelvo enseguida -dijo, y saltó de la camioneta. Salió de la cafetería segundos después con un saco de comida para llevar. Le observé mientras entraba de nuevo en el camión y me ofreció una sonrisa anormal. -Hamburguesa con queso y tocineta en una tostada -declaró mientras me la ofrecía. -Muchas gracias a ti -respondí, sintiendo que mi corazón evitaba un golpe ante la simple verdad de que él recordaba lo que yo había saltado a tomar en la tienda. -No pude soltarte en casa sin comer nada. En particular, después de asegurarme de que íbamos a cenar en un lugar que te gustaba. No te salvé del Café y Más para que te fueras con el estómago vacío.... Así que esa era la explicación que Leo había ajustado su perspectiva. Sonreí de oreja a oreja y abrí el paquete. -De hecho, me debes tu organización mientras cómo. - ¿Es eso cierto? ¿Lo sospechas? - dijo, provocando un revuelo. -Obviamente, me sentiré engañado si me obligas a comer solo. Hizo un gesto y condujo la furgoneta hasta las afueras de la ciudad. Parecía que planeábamos terminar la noche con una ronda de billar. -¿Supones que recordarás lo que te he educado? Ya que me gustaría mucho verte colgado sobre la mesa de billar durante toda la noche. - El tono provocativo de Nona no ayudó a desviar mi atención de lo que estaba hablando. Me estaba sonrojando y necesitaba apartar la mirada. -Mierda. He dado rienda suelta a mi mente creativa -añadió, con la voz entrecortada mientras negaba con la cabeza-. Tengo que plantearme algo diferente. Acelerar el ritmo. Yo también esperaba considerar algo diferente, pero mi psique seguía repitiendo la noche que pasamos hacia la parte trasera de su camión. Cada sonido. Cada toque. Me estremecí simplemente recordando eso. -Lía, por favor. Intenta no verme así. ¿Qué tal si vamos al bar, jugamos al billar, no hay nada más? No puedo imaginar nada más. Suponiendo que lo haga... en definitiva, no puedo. Mi respiración era todavía superficial, sin embargo, hice un gesto y me obligué a abrir la boca para dar un bocado a la hamburguesa. Cualquier cosa para que mi cerebro dejara de pensar en lo bien que me sentía en los brazos de Nona. Ninguno de los dos volvió a hablar hasta que nos detuvimos en el bar. Abrí la entrada antes de que pudiera hacerlo por mí mismo y bajé de golpe. Que Nona se pusiera en contacto conmigo mientras mi cuerpo estaba atento a posibles amenazas recordando lo bien que podía hacerme sentir era una idea mal concebida. -Leo está de visita en la zona, no esperaba verte aquí con ella -dijo Honey Rodríguez cuando entramos en el bar. −Nona ¿Qué carajos de historia es esa?- pregunta Dylan aturdido −Hijo ya sabes como soy, he tratado de combinar una historia vieja, realmente vieja con este presente que poco lo entiendo. Debes saber que siempre he sido así -Decime de una vez ¿De qué libro sacaste esta historia? Además de vos como protagonista, y claro esta George -¿Dejaste ser fans de mis historias? -Creo que…- Dylan ríe a carcajadas- desde el día en que George era el Zorro, el personaje de ficción que pasaban en las tardes por la tele, y que tanto me gustaba -Me preguntaste una vez de como me enamoré, pues te lo estoy contando, de una forma diferente -Es que… esta historia trillada se me parece a una novela que leí ¿No estarás cometiendo plagio? -Hijo, hoy todos cometen plagio, la creatividad sale barata cuando hay dinero de por medio, y cuando algunas verdades ofenden a una minoría -Nona… Estoy un poco cansado, mejor dejemos esta historia loca para otro día, me iré a dormir -Hijo, hay que aprovechar el tiempo con los que más amamos -Este bien… continúa vos con tu historia- dice Dylan con amabilidad
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