ELLIOT FREEMAN Observé un leve rubor esparcido por sus mejillas. Sus ojos estaban abiertos como platos y su boca formaba una O. Impaciente me le quedé mirando, más ella tardó unos minutos para reírse. Una carcajada salió y sus ojos miel se iluminaron como las estrellas que brillaban con gran esplendor esa misma noche. —¿Qué me está pidiendo Señor Freeman —murmuró con ojos divertidos y sonrisa coqueta. Moví la cabeza de un lado a otro, nervioso por su respuesta. —Que me dejes hacerte feliz —declaré sosteniendo aquella mirada que me observaban con asombro. —¿Quieres que? —se aclaró la garganta, continuó: — ¿Quieres que sea tú novia? —Exactamente. Stella parecía dudar, se notaba muy pensativa y callada. Ese silencio me impaciento aún más, entonces, supuse que la había cagado co

