Mis razones parte 1

1161 Words
Capítulo 8 Mis razones ELLIOT FREEMAN Me avisaron del accidente de los Parker, y me sentí culpable por ser parte de la discusión entre dos esposos. Cualquiera creería que mis intenciones con Stella Parker iban más allá que una ayuda, y sinceramente, no era así. Realmente, quería ayudar a Stella sabía todo lo que le ocurría al lado de Vincent. Él mismo se atrevió a confesármelo algunas veces, cuando insinuó y comentó que no le interesaba su esposa ni su hijo. ¡Que tonto era Vincent!, destruir todo su mundo por el placer de alguna más que otra mujer pasajera. Tomé el auto y al David asustado, lleno de lágrimas que me agarraba mi mano con fuerza. Sus manos eran pequeñas y tiernas, eso hizo que mi corazón se congojara. Encendí a toda mecha y manejé con total precaución y una velocidad no tan alta pero que pudiéramos llegar a tiempo. Se me revolvía el estomago en pensar en todo el problema que le causé a Stella, y de verdad, me sentía miserable por eso; ojalá Vincent pueda entenderlo. Aunque en estos momentos esta ardiendo de celos por creer que me acostaba con su mujer; y tal vez, ganas no me faltaban. No me vendría mal las caricias cálidas de una mujer hermosa. Stella Parker era linda, aunque su rostro estuviera demacrado y llenos de moretones. Su cuerpo era delgado, y su ropa ancha, con vestidos achampados a la antigua y zapatos que pocos estarían por romperse. Su cabello castaño oscuro lo situaba en una coleta alta y sus ojos miel eran tan llamativos y adorables a la vez. No usaba ningún maquillaje y sus mejillas se entonaban a un color rojo natural que me gustaba, y su piel tomaba en pintoresco rosa cuando me acercaba. No puedo negar que me gozaba de esos tipos de sensaciones. En solo pensar que la ruborizaba, la acaloraba, la colocaba nerviosa me encantaba. Era una delicia despertar todos aquellos estragos en ella. Y me fascinaba lo gestual que era. Sus cejas gruesas delineada se movían mucho, cada vez que hablaba de algo. Sin embargo, debo admitir que conversaba poco, era más de observar. Hasta el momento he admitido lo que me gusta de Stella Parker, más eso no significa que me la quiera follar, aunque he mencionado que ganas no me faltarían, y pudiéramos deducir que quizás si me atraiga como mujer, pero no significa que me haya enamorado de ella. con honestidad, solo quería ayudar, y es porque… He vivido lo que ella está viviendo. Esa es mi razón por la cual decidí extenderle una mano misericordiosa y ayudarla a salir del agujero n***o donde se encontraba sumergida, y cuando rechazo mi propuesta y insinuó lo que ni por mi mente me había pasado en ese momento, supe que la había cagado hasta el millón. Sus palabras fueron ásperas y dura, y respeté su postura de mantener una distancia con un recién conocido, aunque ya la había visto pero nunca nos habían presentado hasta que visité su casa. La vi por primera vez el día de mi matrimonio con Paulina. Me encontraba en la habitación arreglándome el traje. Y no fue el mejor día que digamos. Todo estaba listo para una ceremonia. Las flores, el pastel, los regalos e invitados. Solo faltaba algo… faltaba la novia. Muerto de angustia miré por la ventana y allí la observé por primera vez, y a impresión mía me pareció tan macilenta y cenicienta que no le otorgué mucha importancia. Entonces, mi perspectiva cambio cuando su hijo se acercó y le abrazó, llevaba en sus manos una flor margarita que se había llevado de cualquiera de la decoración. Y en un momento entró en escena Vincent, que se encontraba furioso y la agarraba con fuerza en el brazo y discutía en silencio. Sus facciones eran de total desagrado y parecía que rompía en llanto. Ella me recordó en cierta forma mi vida pasada, y lo tediosa que fue. Era como un flashback delante de mis ojos mientras conducía el vehículo, y después de evitar por mucho tiempo los recuerdos tristes; no pude evadir más traerla a mi memoria. A ella, a la persona más importante de mi vida… a mi madre Lena, la señora Freeman, era de piel exquisitamente blanca, y de un cabello azabache largo. Sus ojos eran un profundo universo estrellado y sus pestañas largas eran el adorno perfecto para ese cielo oscuro. Ella me contó en un tiempo que había conocido a papá en la universidad y se había enamorado perdidamente de él. Quería conquistarlo, pero en ese entonces, él tenia novia. Al pasar del tiempo, se enteró de su ruptura y no perdió ni un solo minuto para hacerse presente en su vida. Y lo logró, por consiguiente, se casó con él. A un año de una vida ardiente y pasión desenfrenada entre pareja; Lena Freeman quedó en estado, y fui cuando nací yo, el mayor de mis dos hermanos. Ya todo no fue igual entre ella y mi padre, era obvio que un bebé le abarcaba más tiempo, y luego, llegó Claudia. Es necesario aclarar que entre Claudia y yo solo hay una diferencia de edad de 5 años, y entre mi otro hermano menor de 10, cada 5 años mi madre quedaba en cinta. Mi padre, Roger Freeman era todo un personaje. Sus ojos eran verdosos como los míos, su cabello n***o corto, su rostro curveado, su nariz perfilada, de labios carnosos, y cuerpo esbelto y corpulento por tanto entrenamiento y deporte que le gustaba hacer. Era idéntico a mí, eso no lo puedo negar. La apariencia de papá era una copia de la mía, y por suerte, heredé sus ojos, aunque me hubiese gustado los de mi madre. Por fortuna, no es mi decisión en como nacer, ni elegir mi apariencia. Claudia heredó los mismos ojos de mi padre, era una copia femenina de mí, pero Alex, el menor de todos nosotros tiene los ojos de nuestra madre, negros como el universo. Roger era aventurero, y cuando quería algo, lo obtenía cueste lo que le costara. Y su defecto, amar a tantas mujeres que le proporcionaba solamente sexo. No puedo negar que era un buen padre, más tengo que admitir que fue un pésimo marido. Aparte de engañarla, la golpeaba cuando llegaba ebrio, era como otra persona cuando perdía la cordura, y se embutía para descargar sus iracundas molestias con mamá. Me dolía, les juro por Dios que me dolía verla llorar, verla con su rostro morado, y sus labios partidos. Verla llorar en silencio. Por más que trataba de disimular, a una edad comprendida de 11 años, ya entiende todas esas cosas. Recuerdo que la miré en la cocina, llena de lágrimas y me acerqué para abrazarla. Le acaricié la espalda y le besé la mejilla. Y con ingenuidad e inocencia le dije: ──Cuando tenga una esposa, nunca la voy hacer llorar, ni la golpeare mami.
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