Me sentía tonta por aún pensar en Vincent después de todo el daño que me había hecho. Quería sacarlo de mi mente y mi corazón, arrancarlo, y olvidarme de que haber tenido una vida junto a él. Pero, no podía, me dolía, y mucho. —¿Estas bien? —consultó Lina, mirándome de reojos. —Si —resoplé no muy convincente. —No te ves muy bien —carraspeó, conduciendo. La miré de reojos, al final, estaba en lo cierto. —¿Le contaste algo de... Ya sabes, Vincent? Lina hizo un mohín con la boca. —Por supuesto que no. Pero no hay que negar que es muy buena leyendo a las personas —pausó un poco—. Dice que somos cartas abiertas al mundo, y que ese es su don, leer esas cartas. —Es un poco loco —repliqué confundida. —Lo es... —sonrió Lina, dejándome a la puerta de la casa. De inmediato, me bajé del ve

