Episodio sin título

1321 Words
Paula cerró sus ojos y sintió cómo su vuelo ascendía con una gran fuerza, sólo los abrió cuando sintió que el avión ya estaba estabilizado. Siete horas en un vuelo directo se le antojaban como una eternidad, pero al escuchar la voz del piloto anunciando la llegada del vuelo a su destino, la llenó de felicidad. Por el cambio de horario, se dio cuenta de que ahora ahí era de noche. La gran ciudad estaba tan iluminada como un pesebre en Navidad. Paula esperó con ansias poder bajar del avión; su momento tan esperado llegó a la velocidad de la luz. La hermosa Paula desembarcó y fue en busca de sus maletas. Necesitaba un carrito para subir y transportar todas las que había llevado. Al retirarlas, se dirigió a la salida. Un chofer con un letrero con su nombre en una hoja la estaba esperando; lo había contratado ella misma. El hombre mayor se presentó y la ayudó a subir las maletas al auto. Paula, al subir, se enamoró de la hermosa ciudad que tenía en frente: Massachusetts. —Buenas noches, bienvenida señorita Wilson— El hombre muy amable con ella. —Buenas noches, muchas gracias— El viaje duró alrededor de una hora hasta llegar a un pequeño vecindario de casas pintorescas y acogedoras. Paula comenzaría una vida sin tantos lujos. El chofer la ayudó a bajar las maletas y luego se despidió, dejándola frente a su nueva morada. Paula, emocionada, empezó a caminar y conocer la pequeña casa que ella misma había reservado. El aire nocturno de Massachusetts tenía un frescor revitalizante que Paula inhaló profundamente. El vecindario estaba en silencio, sólo se escuchaba el susurro del viento entre los árboles y algún que otro vehículo pasando a lo lejos. Las casas, con sus jardines bien cuidados y luces cálidas en las ventanas, le dieron una sensación de bienvenida y hogar que no había sentido en mucho tiempo. Paula sintió una mezcla de nervios y entusiasmo mientras abría la puerta de su nueva casa. El interior era sencillo pero acogedor. La sala de estar tenía un sofá mullido, una mesa de centro de madera y una estantería con algunos libros y decoraciones. La cocina, pequeña pero funcional, estaba equipada con todo lo necesario. Paula se movió por las habitaciones, tocando suavemente los muebles y paredes, tratando de asimilar que ese lugar ahora era suyo. Dejó las maletas en el dormitorio principal, donde una cama cubierta con un edredón blanco y mullido la invitaba a descansar. Sin embargo, Paula estaba demasiado emocionada para dormir. Decidió desempacar solo lo esencial y dejar el resto para el día siguiente. Sacó una muda de ropa cómoda y se cambió, disfrutando de la sensación de finalmente estar en tierra firme. Después de una ducha rápida, Paula se preparó una taza de té en la cocina y se sentó en el sofá de la sala de estar. Miró a través de la ventana hacia el vecindario, que ahora parecía aún más tranquilo bajo la luz de la luna. Pensó en todo lo que la había llevado hasta allí: las decisiones difíciles, las despedidas, la incertidumbre y, sobre todo, la esperanza de un nuevo comienzo. Había dejado atrás una vida de lujos y comodidades, pero también de superficialidad. En Massachusetts, esperaba encontrar algo más auténtico, algo que resonara con su verdadera esencia. Quería una vida donde pudiera conectar con las personas de manera genuina y sentir que pertenecía a una comunidad. El sonido de su teléfono la sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de su mejor amiga, Clara, que había estado siguiéndola de cerca durante todo el proceso de mudanza. —¿Llegaste bien? ¿Cómo es el lugar? — decía el mensaje. Paula sonrió y respondió con una foto de la vista desde su ventana y un breve mensaje: —Es hermoso. Ya me siento en casa— —Waooo que precioso, no te preocupes que pronto estaremos juntas para disfrutar de esa hermosa vista— dijo Clara emocionada. Paula estaba feliz, no le había comentado a su padre, pero compartiría su casa con la única amiga que tiene, y aun no se conocen en persona, ellas solo han podido conversar por video llamadas —Te espero con ansias, buenas noches— Pasaron unos minutos en los que intercambiaron mensajes, y Clara la animó a descansar. Paula dejó el teléfono a un lado y se recostó en el sofá, mirando al techo. Cerró los ojos, dejando que la serenidad del momento la envolviera. A la mañana siguiente, Paula se despertó con los primeros rayos del sol filtrándose por las cortinas. La ciudad que había visto iluminada por las luces nocturnas ahora se presentaba en su versión diurna, llena de vida y colores. Decidió salir a explorar su nuevo vecindario. Se vistió con ropa cómoda y salió a trotar Los vecinos comenzaban sus rutinas matutinas, algunos paseando a sus perros, otros regando sus jardines. Paula sonreía y saludaba a cada persona que encontraba, sintiendo una calidez y amabilidad que la hacían sentir aún más segura de su decisión. Caminó hasta encontrar una pequeña cafetería en la esquina de la calle. El aroma del café recién hecho la atrajo irresistiblemente. Entró y pidió un capuchino, sentándose en una mesa cerca de la ventana. Observaba a la gente entrar y salir, el bullicio tranquilo de la mañana. Una mujer mayor, con una sonrisa amable, se acercó a su mesa. —Buenos días, querida. ¿Eres nueva en el barrio? — Paula asintió y le devolvió la sonrisa. —Sí, me mudé anoche. Soy Paula— —Mucho gusto Paula, yo soy Mrs. Thompson— La mujer se presentó como Mrs. Thompson y se sentó con ella, comenzando una conversación sobre el vecindario, las mejores tiendas y lugares para visitar. Paula se sintió acogida y agradecida por la amabilidad de Mrs. Thompson. Cuando terminó su café, la mujer la invitó a unirse a un grupo de vecinos que se reunían regularmente para actividades comunitarias. Paula luego del paseo regreso a casa para desempacar las maletas, aún tenía un par de días antes de empezar la universidad de lleno. Mientras tanto en la misma ciudad estaba una mujer elegante delante de su hijo un hombre guapo y bien parecido “Thiago Harris” —¿Es enserio? — Thiago estaba super molesto con las palabras de su madre. Ella lo miró molesta, cansada de tomar ese mismo tema durante años. —Ye te lo he dicho, debes destruir el tesoro de la familia Wilson, así como ellos destruyeron nuestra familia, Paula ha llegado a la ciudad, tiene tres días para olvidarte de las mujeres a tu alrededor, serás el príncipe azul que tanto desea la mocosa— Sabina una mujer de un corazón amargo y oscuro. No olvida la manera en que Matt Wilson se encargó de hundir a su hombre, acabando con su familia, pero ella le daría donde más le duele, a criado a su hijo desde pequeño con una sola misión y es destruir a Paula. —Ya te dije que si lo hare, solo no me molestes— Thiago de veinte años sigue las instrucciones des su madre, siendo el mayor de los dos hermanos. Ella sujeto a su hijo con fuerza por el brazo —No quiero que tengas piedad por esa mocosa, tienes una sola misión y es hacer pagar a los Wilson por todo el daño que nos hicieron al separarnos— Sabina lo miró dejando en claro que su orden debe de cumplirse al pie de la letra. Thiago asintió y salió de su casa en busca de consuelo. Una mujer amargada que no supera que el pasado es solo pasado, y que todo acto tiene consecuencias, pero ella no deja de culpar a Matt Wilson por todas las desgracias de su vida. Con una taza de té Sabida saborea su victoria adelantada, no tiene dudas que su hijo cobrará venganza.
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