Malía salió de la Coamma limpia, relajada y satisfacida al máximo punto. Sus limpios y blancos pies, heridos por la caminata, tocaban el sucio suelo del bosque sin importancia alguna. Onata y Esse la seguían con mirada hambrienta y una promesa de más pero que nunca cumpliría porque no era algo que se permitiese libremente por el Señor. Malía era la única desnuda, sus pezones se alzaban por la fría temperatura, el bosque estaba lleno de niebla e incluso se le complicaba ver a los que más cerca de ella se encontraban. Las ancianas la esperaban y tomaron sus manos para conducirla hacia la piedra blanca. Era un material grueso y picado a la perfección, que creaba un triángulo reverso en el que la acostaron, Malía sintió la resistencia de la piel de su culo cuando la fría roca entró en contact

