Entre las doradas dunas del desierto, una niña nació. Su abuela fue una antigua princesa Omeya, su madre un recuerdo que el viento se llevó.
A la niña no le quedaba mucho tiempo de vida teniendo en cuenta que su madre había muerto en labor de parto y su padre en combates contra el dominio Abasí en conjunto con los rebeldes Chiítas.
Sin nada más qué hacer, la partera la abandonó en una cabaña destrozada por el sol y la lluvia, esperando que alguna bestia salvaje se alimentara con ella. Sin embargo, el destino de la niña cambió, su llanto descontrolado alertó a las caravanas de mercaderes y viajantes del desierto.
Una mujer la cobijó entre sus brazos, calmando así su lloriquear.
—Shaina, pequeña Shaina, así te llamarás —avisó la mujer con una sonrisa. Pellizcó el brazo de su esposo para que este mirara a la bebé—. Es bonita
—No podemos quedarnos con ella —advirtió el hombre
La mujer bajó la mirada a la niña con expresión entristecida
—¿Qué hay de malo en ella?
—Casi nada, solo que es descendiente de la antigua dinastía caída de los omeyas, a quienes mis abuelos derrotaron —dijo señalando la marca en la espalda de la niña, era una cicatriz que los Abasí hacían a todos los descendientes de los omeyas—. Seguro su madre escapó para dar a luz
—Pero es solo una niña, no representa peligro para nuestra dinastía.
—No es buena idea, encanto… Además, más adelante podremos tener nuestros propios hijos.
—Jaffar, Shaina nos necesita, no dejes que su preciosa vida se pierda… Tengo una idea, ¿Qué tal si nunca le hacemos saber sus orígenes?
—Es muy arriesgado —respondió
—Por favor —rogó—. Muchas vidas inocentes se pierden en la guerra, lo sé, es mejor matar al niño antes que crezca y se convierta en un problema… Es como alimentar a un tigre… Pero no puedo dejar que ella corra el mismo camino de la muerte que sus padres.
Después de pensarlo un poco más, Jaffar, príncipe abasí aceptó adoptar a la niña como su hija.
La pequeña Shaina creció siendo parte de la tribu Himyar, el lugar de origen de Ezra Azzar, actual reina viuda del imperio y de su madre, Salsa Azzar, hermana de la reina.
Cuando cumplió los 9 años visitó por primera vez el palacio imperial y a su tía, la reina Abasí. Desde esa edad todos especulaban que su vida sería extraordinaria, y como no, ella se crío entre los lujos y las excentricidades que caracterizaban a la realeza; después de todo, ella era la hija mayor del reconocido príncipe guerrero Jaffar.
A pesar de eso, probablemente no viviría la vida que quería. Pertenecer al clan imperial era un arma de doble filo que en cualquier momento apuntaría a ella más temprano de lo esperado.
Con once años, ese destino se cumplió, y poco después, la reina viuda estableció un contrato matrimonial con el noble príncipe Rashid.
Aquello significó un crecimiento obligado para Shaina, quien pasó de ser solo una niña que se preocupaba por jugar y divertirse, a una princesa Consorte de primer rango.
Cinco años después, por fin se casó con Rashid. Ambos prometieron amarse y respetarse por el resto de sus vidas en la ceremonia matrimonial.
Esa ocasión podía significar alegría para unos mientras que para otros amargura.
Shaina sentía una mezcla de ambas al saber que ese día no solo era ella quien entraba al palacio como su esposa. Pero tenía una ventaja, era la esposa principal y por lo tanto, la reina, la mujer que más honra recibía.
Tras una larga batalla de la reina viuda contra la corte imperial, no pudo abolir la ley del concubinato y aquella tradición también terminó afectando la vida de su sobrina.
Por otro lado, Rashid llegó al trono cuando su hermano, Hadid, el hijo de la dama Macnuka, antigua esclava de su fallecido padre, murió en extrañas circunstancias. Él no quería pensar mal de su madre, pero sospechaba que ella había tenido algo que ver.
El príncipe Rashid no era un hombre ambicioso ni con aspiraciones de poder, pero aceptó su nueva responsabilidad con energía y diligencia. Era un muchacho de buen corazón y sentimientos por Shaina, pues la amaba genuinamente. Desde que era un niño supo que su corazón pertenecía a Shaina y que nadie podía cambiar lo que sentía por ella, por su esposa, su reina.
Shaina se convirtió en la flor eterna, la mujer que logró vencer las cadenas de un mundo que la odiaba por ser quien era, y que combatió con su corazón de oro, todas las maldades que se orquestaban a paso lento dentro del harén imperial.
—/—
Aclaración y dato curioso:
1. Esta novela estará fuertemente influenciada por la historia de LAS MIL Y UNA NOCHES, por lo que tendré que investigar un montón para hacer capítulos verídicos y emocionantes.
2. El cuento popular árabe de Las mil y una noches fue hecho durante el reinado del rey al-Rashid y su corte, se dice que la historia fue inspirada en su madre, la Consorte Khayzuran, personaje en el que me basé para crear a Ezra Azzar. Pero, otros dicen que es una historia basada en su esposa, Zubaida, reina en la que me inspiré para crear el personaje de Shaina.
Hasta aquí mi reporte jaja.