La flor eterna

1838 Words
Una neblina cubría el cielo de esa mañana. El viento helado atravesó las gruesas ropas de Shaina haciéndola temblar del frío. Acunó sus mejillas sonrosadas en ambas manos, como tratando de mitigar el frío que sentía en las yemas de sus dedos. Las puertas del gran palacio imperial se abrieron para recibir al príncipe Jaffar y a su familia; su esposa Salsa Azzar, y su pequeña Shaina. El lugar se sentía tan alejado de la realidad, era una burbuja que absorbía y protegía del mundo real, una cortina de humo que nublaba sus visiones. Shaina nunca había visto un lugar como ese, tan hermoso y encantador. Su vida siempre estuvo rodeada de lujos, pero el modo en que se vivía en la tribu no se comparaba en absoluto con el excentricismo del palacio Las paredes del complejo imperial eran de piedra rojiza, mientras que algunos palacios, generalmente los que pertenecían a la clase privilegiada y de mayor rango, estaban revestidos en mármol blanco. Los pabellones eran circulares e infinitos, pero había un cambio en ellos, todo el camino que llevaba al palacio de la reina viuda, estaba decorado hermosamente con pequeñas florestas. El camino que recorrieron fue extenso, pero la belleza de las flores, combinada con el dulce encanto de las mariposas distrajeron sus sentidos, y el recorrido se hizo grato y memorable. Shaina se maravilló cuando llegó a la terraza del palacio de la emperatriz viuda, la fachada del palacete era simplemente maravillosa; imponente y lujosa. Por todos lados el lugar gritaba que quien lo residía era nada más y nada menos que la mujer más poderosa de la nación. La niña agarró las faldas de su madre y entró al palacio con cierto miedo, el lugar lograba descolocarla un poco. —Shaina, entraremos a ver a la reina, quédate aquí en el jardín junto con los criados —le ordenó. Ella asintió y se dejó guiar por la servidumbre hasta el jardín. Allí no demoró mucho tiempo, pues su madre la buscó rápidamente y la llevó ante la reina para presentarla. Los saludos fueron rápidos y poco después regresó al jardín. Esta vez, Shaina si recorrió gran parte del jardín, vio toda la variedad de flores que su tía sembraba allí. Olió algunas de ellas y embriagó sus pulmones con el olor fresco y tierno de estas. De un momento a otro, el cielo se había oscurecido, las nubes grises empañaban el lindo paisaje, anunciando una fuerte lluvia. Las primeras gotas eran gruesas y frías, penetraron rápidamente en las capas de telas de seda que conformaban su vestido, llegando hasta su piel. Shaina miró el cielo una vez más, tapó su rostro con una mano tratando de no mojarse e intentó caminar hasta una de las barracas construidas en el medio del jardín. Sin embargo, en su afán por no mojarse, pisó sus faldas y cayó al suelo. Para ese momento, el agua empezaba a caer a cántaros, pero sorprendentemente sintió que ya no se mojaba. Alzó los ojos confundida y se encontró con una mirada extremadamente verdosa. Un muchacho la cubría de la lluvia con una capa y parte del cuerpo. … La lluvia tomó desprevenidos al servicio del palacio de la la emperatriz viuda y por ello Salsa y Jaffar tuvieron que salir del palacio de la mujer para ir a buscar a su hija al jardín. Allí la encontraron, pero no estaba sola; junto a ella estaba un muchacho que podía tener alrededor de once años, y tras él habían dos eunucos. —Shaina, ¿Qué pasó? —Preguntó salsa al verla cubierta hasta los pies con una enorme capa negra. —No pasó nada, madre. Solo me mojé un poco. Pero el joven me protegió de la lluvia, muchas gracias, joven amo —agradeció Tanto Salsa como Jaffar miraron de regreso al joven —Queremos saber su nombre, joven señor. Le vamos a recompensar por su amabilidad con nuestra hija. El niño solo sonrió —No importa quién soy, su señoría —Respondió con respeto Sin embargo, justo mientras hablaba con ellos, la reina viuda llegó. La mujer abrazó al muchacho y le dio un beso en la coronilla de la cabeza. Aquel gesto tan amoroso y efusivo sorprendió a Salsa y su esposo… ¿ese niño era el hijo de la reina? —Rashid, te mandé buscar, pero veo que no fue necesario —comentó—. Te presento al príncipe Jaffar y a su esposa Salsa, son tus tíos —Les presento mis respetos, su alteza y honorable dama —reverenció con dignidad y clase Salsa y Jaffar respondieron de igual manera. Shaina por su parte se levantó y le agradeció —Gracias príncipe Rashid, por cobijarme de la lluvia —dijo El príncipe sonrió un poco, pero dejó ver el sonrojo de sus mejillas. —No tienes que agradecer, pequeña dama —excusó con una sonrisa. Apenado removió sus manos sobre la túnica color n***o y luego de eso, Shaina abandonó el jardín junto con sus padres. A partir de ese momento la vida de la niña cambió. Las caminatas nocturnas en busca de luciérnagas se acabaron, también las cabalgatas por las praderas junto con su padre y la natación en el lago frío también se acabaron. Desde ese momento, la vida de ella se volvió monótona y aburrida, no podía ir a ningún lado sin sus doncellas personales… Sí, desde que despertaba hasta que se iba a dormir, incluso supervisaban su baño. Shaina no estaba muy feliz con todas esas nuevas reglas que ahora tenía que cumplir mientras vivía en el palacio, pero las acató sin renegar. Ella no era rebelde ni tenía un carácter dominante. Todo lo contrario, era dócil, amable y virtuosa; características que debía tener una dama del palacio, de buena cuna y antecedentes tan nobles como los de ella. Pasó un año, solo un año y para ese entonces, ya los problemas empezaban a surgir entre las cenizas del pasado. Shaina no lo sabía, pues ella todavía estaba en un sueño ligero donde despertar fue lo peor que pudo haber hecho. Su tía, la reina viuda había nombrado como el próximo heredero del imperio a Hadid, el hijo de la dama Macnuka. Para esos momentos el muchacho ya tenía un poco más de veinte años. Todo pudo haber sido diferente, pero Macnuka no lo quiso así y por eso manipuló el pensamiento de su hijo para que estuviera en contra de la reina viuda. Desde un principio esos e vio venir, incluso todos tachaban de idiota a la viuda del imperio por nombrar como heredero a otro que no fuera su hijo. Pero, ella solo estaba cumpliendo los deseos de Rashid, quien no quería tener una responsabilidad tan grande como esa, él solo quería vivir una vida tranquila. Sin embargo, aceptar aquello fue el inicio de una cadena de problemas que la reina viuda tuvo que soportar incluso tras haber ganado la guerra cruel de las flores. Hadid ya no la consideraba tan importante y magnánima como para rendirle pleitesía y respeto. Además, ya se empezaba a oponer a la gobernación de ella, quien ostentaba la mayor parte del poder imperial. — ¿Por qué debo permitir que otros hombres la vean, madre? —reprochaba Hadid cada vez que la veía presente en las audiencias estatales. —He pasado la mayor parte de mí tiempo peleando por este lugar, ahora no puedo echarme para atrás y ver como otros pisotean mi dignidad —Respondía sin dar su brazo a torcer. Ella jamás iba a dejar el poder, no mientras estuviera viva. Por otro lado, Ezra tenía que lidiar con la dama Maknuca, quien de manera recurrente se ocupaba de recordarle su gusto exagerado a favor de Shaina como la próxima princesa heredera, la esposa de su mayor ficha de poder; Hadid. Shaina siempre estaba entre las posibles candidatas a ocupar el gran trono dorado. —Majestad, Hadid ya está en edad de casarse… Y tengo en mente a la candidata perfecta —Macnuka propuso mientras se acomodaba sobre uno de los sillones de la cámara de audiencia de la emperatriz viuda—. Quiero que Shaina sea su esposa —. Dictó Ezra Azzar, actual reina viuda del gran imperio abasí y tía de Shaina solo sonrió en un principio, tomó la taza de porcelana que contenía té caliente y lo tomó con lentitud. — ¿Por qué piensas que Shaina es la mejor opción? —. Interrogó tras beber un primer sorbo. —Shaina es la hija mayor del príncipe Jaffar, y él es un noble respetado en todo el país. Además, usted es la tía de Shaina, no hay nadie más indicado en todo el país —. Contestó. —Yo veo otras intenciones en ti… —soltó entre dientes. —Majestad, mi razón es verídica, no guardo malas intenciones… Se lo aseguro —. Trató de verse segura, pero ya Ezra Azzar no se fiaba de ella. —Le he dado el trono a tu hijo, Macnuka. No aspires un lugar más alto del que te mereces —. Amenazó con una sonrisa mediana en su rostro. Cualquiera podría pensar que estaban teniendo una amena conversación—. Nunca olvides que tu lugar será siempre diez escalones debajo de mí. Si intentas cruzar los límites de lo que es permisible no dudaré y mucho menos tardaré en deponerte a ti y a tu hijo… —Siguió—. Sé que piensas que mi sobrina puede servirle de trampolín a tu hijo y así consolidar su poder en la corte y en general su futuro reinado. Pero, no olvides que Shaina tiene solo diez años y tu hijo es un hombre que incluso ya posee tres concubinas a su cuidado… ¿Qué pretendes al integrar a mi Shaina en esa cuna de lobos? — ¡No he planeado nada, majestad! —. Se tiró al suelo y golpeó su frente en varias ocasiones. — ¿Crees que porque es una niña la podrás manipular fácilmente? —. Bufó con altanería—. Piénsalo muy bien si quieres que Shaina entre como la esposa de tu hijo al palacio, porque ella será un par de oídos más. Si tus intenciones no son malas entonces puedes seguir adelante, te doy mi autorización para que tu hijo despose a Shaina, pero que te quede claro, no permitiré que Hadid la toque mientras es una niña, deberá esperar hasta que sea una mujer y solo allí se la entregaré. Macnuka supo de inmediato que tener a Shaina solo traería problemas en el futuro, pero no podía negarlo o la emperatriz viuda empezaría a sospechar de ella y de sus verdaderas intenciones. —Persevero en hacer de Shaina la esposa oficial de Hadid —. Se obligó a decir—. Ella debe ser la futura reina. Cuando la mujer terminó de hablar, se escuchó en la cámara el resonar de la porcelana al romperse contra el suelo. Shaina estaba allí y había escuchado toda la conversación.
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