Capítulo 6

1820 Words
Esencia fugaz. Shaina despertó estando en un lugar que desconocía, estaba oscuro, frío y lúgubre. Aquello donde estaba parecía ser una bodega abandonada.  Mientras trataba de adaptar su vista a la oscuridad de la habitación, esta se iluminó con el sol del mediodía e hizo que ella cerrara los ojos por causa de la intensidad de la luz. Alguien había entrado y Shaina alcanzó a ver el rostro de esa persona, pero no lo reconoció. Nunca lo había visto. — ¿Por qué Alf no llega? —Se preguntó aquel hombre con inquietud—. Sabía que no debía aceptar su oferta, yo no soy un asesino ni un vándalo, soy un campesino con tres hijo que me necesitan —dijo hablando para sí mismo, no prestó atención a Shaina, pues todavía pensaba que la niña estaba desmayada por el golpe que le había dado horas antes. —Señor, usted sabe que lo que hizo está mal, ¿por qué lo hace? Libéreme.  El hombre se exaltó al escuchar hablar a Shaina —No puedo, necesito llevar alimento a mis hijos o morirán de hambre —susurró con voz apagada. —Estoy segura que usted no es una persona que asesina o secuestra a otra, por favor reconsidere su decisión.  — ¡Cállese! ¡Ustedes los ricos no entenderán jamás el sufrimiento de los pobres! —Es verdad, no conozco su sufrimiento, pero siempre hay otras alternativas  —Se refiere a la muerte. Una persona con hambre termina entre las zanjas, ¿Esa es la alternativa que me propone? —preguntó con sarcasmo. —Me refiero a las nuevas oportunidades. Si sigue con todo este plan morirá, porque mi tía lo matará.  — ¿Quién es su tía para tenerle miedo?  —Es la reina viuda.  El hombre trastabilló y se alejó de ella con nerviosismo.  — ¿La… la reina? —tragó saliva. —Sí, si no me deja libre, la reina va a matarlo —argumentó, pero al ver la indecisión del hombre optó por utilizar otra estrategia—, Tome el broche de perlas y oro que tengo, váyase lejos con su familia, huya —ofreció a lo que el hombre enseguida aceptó, la desató y dejó que ella rebuscara entre sus ropas en busca del objeto costoso.  —Tome —le dio el broche con al menos cuatro perla; dos perlas gigantes y dos más pequeñas—. No haga más daño, viva bien y enséñeles a sus hijos a hacer el bien.  El hombre lloró frente a ella con sinceridad.  —Lo siento, señorita, los siento —se disculpó mientras salía.  Shaina salió de la cabaña poco después que el hombre saliera de ella. Afuera todo era desconocido, pues enormes montañas de arena dorada era lo único que podía ver en la lejanía. Ella no sabía qué hacer, por un lado podía irse, pero corría el riesgo de perderse y por el otro quedarse y esperar que el secuestrador faltante llegase, entonces todos sus esfuerzos habrían sido en vano.  Decidida a no dejar que los malos que la buscaban se salieran con la suya, empezó a alejarse de esa horrible bodega, iba a pasos apresurados y con el corazón queriendo salir del pecho. Su desesperación aumentó cuando sintió caballos cabalgar cerca del área, sin embargo, se relajó cuando se dio cuenta que eran los guardias imperiales. Corrió hasta ellos mientras gritaba, captando así la atención de los hombres.  —Señorita Shaina —el líder de la escuadra corrió hasta ella junto con otros guardias y la protegieron entre ellos formando un cerco protector.  —Señorita, ¿Cómo es que logró escapar?  —No debe temer, guardia imperial porque el hombre que me tenía cautiva ya se ha ido, déjelo ir.  —No puedo hacer eso, señorita —contestó el hombre y dando señas a los otros guardias estos se separaron del grupo y empezaron a buscar.  —No lo haga —volvió a pedir mientras sacudía el traje del hombre con insistencia—, déjelo, por favor.  El guardia ignoró la petición de la niña y se separó de ella. —Llévenla de regreso al palacio, ¡Ahora! —ordenó a dos de los hombres que lo acompañaban.  Shaina trató de correr tras el líder de la guardia, pero fue imposible. La fuerza de todos esos hombres opacaba de manera aplastante su esfuerzo.  —No nos cause problemas, señorita y colabórenos.  *** Shaina ingresó al palacio y en cuanto la vieron todos corrieron hacia ella, la madre de Shaina se veía más afectada tanto que se desmayó de la impresión. La reina y su padre se sentaron más aliviados en los asientos cuando les avisaron que Salsa se había despertado. Sin embargo, Jaffar sí que se había asustado mucho con lo que le pasó a Sala y por eso mandó llamar a un médico. —Shaina, ¿Qué te pasó, querida? —la reina viuda habló una vez los ánimos se calmaron. —No lo sé, su majestad… Yo no sé — ¿Dónde estabas cuando te secuestraron? ¿Cómo te encontraron mis hombres?  —Yo… yo. Jaffar negó con la cabeza, pues ya sospechaba que su hija había roto algunas de las reglas. —Shaina… ¿Dónde estabas? —Salí a pasear un rato, padre —confesó con voz débil. — ¿Por qué desobedeciste? Sabes que te prohibí salir del palacio y es precisamente por esto, porque corres peligro allí afuera.  —Lo siento, padre. Recibiré un castigo sin reprochar.  Jaffar asintió complacido con la actitud de su hija mientras que la reina lo miraba con seriedad. —No seas tan duro con ella, es una niña.  —Si no la corrijo, mañana aparecerá muerta —reprochó—. Arrodíllate hasta que el sol se oculte, solo así enmendarás tu error —ordenó. —Ella fue víctima del secuestro, deja para esto por una vez y deja que descanse —pidió la emperatriz viuda.   —Su majestad, por favor no interfiera en mis asuntos  Azzar se enfureció con las palabras de su cuñado, pero no hizo caso y calmó internamente su inconformidad.  —Es tu hija, es asunto tuyo —respondió entre dientes.  En ese momento una de las criadas de la reina interrumpió la conversación. Se acercó hasta la mujer y susurró en su oído un mensaje importante.  — ¿Han capturado a otro hombre? —preguntó entusiasmada.  La doncella asintió.  —Háganlo pasar —ordenó Shaina vio entrar al hombre a la sala y la decepción echó su ánimo por los suelos. Allí frente a todo estaba el hombre que horas antes la había secuestrado, pero que tiempo después se había arrepentido.  ¡Él debió haber corrido lo más rápido que pudo, no estar allí! Aquel pobre hombre estaba muy asustado y lo estuvo aún más al ver la figura de la reina, quien tenía el rostro escondido tras el velo. — ¿Quién es tu jefe? —Le aseguro que no tengo nada que ver, solo cumplí para ganar un poco de dinero —dijo con voz temblorosa.  —Te lo repetiré una vez más, ¿quién es tu jefe? — ¡No miento, majestad!  —Tía, debe creerle, es solo un campesino que buscó un sustento para sus hijos, pero ya él  no lo hará más… ¡Lo prometió! —No seas ingenua, Shaina, ¿crees que dejará de hacer daño solo porque tú se lo pides? ¡Despierta, no todos son buenas personas y mucho menos sinceros!  —Majestad, no miento, puedo contar todo lo que sé acerca del plan, pero no es mucho, pues yo solo era el encargado de secuestrarla y otros se la llevarían.  — ¿Quiénes son esos “otros”?  —Conozco a uno de ellos, se llama Alf. Crecimos juntos, pero hace poco nos volvimos a encontrar; él me propuso un trabajo con buena paga así que yo acepté.  — ¿Lo ve, tía? Está diciendo la verdad.  —No está diciendo la verdad, ¿Por qué crees que un buen hombre aceptaría un trabajo poco honroso? Es un rufián, ¡azótenlo hasta que confiese! Los guardias agarraron al hombre de ambos brazos y empezaron a azotarlo. Los gritos de dolor del hombre empezaron a aturdir a Shaina, tanta hostilidad de parte de su tía solo hacía enfermarla.  —No lo golpee más —gritó desesperada al ver que el hombre empezaba a perder las fuerzas—. ¡Basta, por favor! —suplicó.  Shaina corrió hasta el hombre y se interpuso entre los oficiales de la guardia. La reina rodó los ojos y con un chasqueo de sus dedos ordenó a un par de guardias alejarla del delincuente. Shaina pataleó con todas sus fuerzas, pero fue en vano, era un desgaste pelear contra esas torres.  — ¡Tía, no lo mate, por favor! —pidió cuando el castigo siguió.  —Esto tiene que servir de escarmiento; cualquiera que viole las reglas estatales e incurra en un delito grave como este, pagará con su vida.  Shaina lloró desesperada con la declaración de su tía. Aquel hombre fue desgraciado por la vida, y ella no pudo ni siquiera ayudarlo un poco. Eso hizo pensar a la niña de que pertenecer al clan real no le servía de nada si no podía ayudar a los desfavorecidos.  —Majestad, el hombre falleció —avisó uno de los guardias.  El mundo de ensueño de Shaina se vino abajo. Su cuerpo pareció recobrar fuerzas, pues salió disparada hasta el lado del hombre, nerviosa acercó su dedo hasta la nariz y al percibir que no respiraba y que sus ojos se habían cerrado cayó agotada sobre el suelo sintiendo una mezcla de tristeza y temor.  Las lágrimas se amontonaron en sus ojos y lentamente se deslizaron por las mejillas pálidas y carentes de color que ahora tenía. El aire empezó a faltar en sus pulmones y su visión se hizo distorsionada por varios instantes. El cuerpo no le respondía y finalmente cayó tendida sobre el suelo.  La vida era cruel y ser de la realiza árabe no la hacía diferente a un esclavo que vivía para otras personas u otras cosas. Ella nunca iba a poder tomar una decisión pensando solo en ella o su bienestar, pues también tendría que pensar en el clan entero; el bien común primaba en el palacio. Ser feliz no era una prioridad y muchas veces sacrificarse por el bien de otros era el pan de cada día. La amargura se respiraba en cada rincón del palacio.  En ese momento, Shaina supo que las palabras de su tía eran muy ciertas.   ¿Felicidad? Nadie es feliz en este lugar, no podemos hablar de felicidad porque estaremos profanando el significado de tan bella, pero invisible palabra. La felicidad en el harén es solo un ensueño… todos la desean, pero nadie la conoce… No existe.
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