La concubina Laghari llamó a gritos a su doncella y luego le ordenó que avisara al eunuco jefe y al médico imperial. La piel del rey se veía amarillenta mientras que el hombre no dejaba de vomitar. Laghari a esas alturas temía que en menos de lo que pensaba se convirtiera en viuda, pues el estado del rey empeoraba con el paso de las horas. Los médicos corrían de un lado a otro aterrorizados por no poder parar las continuas recaídas del rey cada cierto tiempo. La reina viuda quien hasta ese momento parecía tener los nervios controlados, empezó a desesperarse y temer lo peor, aunque lo que más lamentaba en silencio era el hecho de perder a sus dos hijos. Se iba a quedar sola en aquel infernal lugar, sin tener nada por lo que luchar, pues ya no tendría a nadie a quien proteger con su in

