La consorte Ghaaliya dejó pasar los días y se mantuvo en las sombras mientras otras mujeres se peleaban por conseguir el favor del rey. Decir que poco le importaba el porvenir de las concubinas era una mentira, pues de ese factor dependía su estabilidad como consorte. Le era fácil pasar desapercibida en algunas ocasiones, pero en otras era tanta su fama que le era imposible no verse involucrada en los constantes complots del harén. Hacía ya varios meses que el duelo por la princesa Banuqa había terminado, pero el rey no volvió a hacer presencia en el harén ni tampoco hizo más convocaciones. Ghaaliya sabía que estaba asegurada como consorte y que sería muy difícil tener a alguna competencia diferente a su muy conocida rival: la concubina Laghari. Caminando con calma salió de su palacio

