La sala del palacio se volvió un verdadero caos. Las invitadas corrían de un lado a otro de la sala buscando de alguna forma evadir a la escurridiza rana que saltaba de bandeja en bandeja. La concubina Ghaaliya se levantó con agilidad de su cojín y fue directo al lado de la reina Aanisa para ver el estado de ella. Escondió con éxito la sonrisa que quería salir de su boca. Frente a ella tenía a la reina viuda, y como había escuchado en boca de su padre, aquella mujer era una zorra astuta que podía olfatear cualquier peligro andante a su alrededor. Ghaaliya no pensaba echar a perder todo el esfuerzo solo por no querer encubrir de manera temporal su nivel de complacencia. Más adelante la mujer tendría tiempo de auto felicitar su gran ingenio. La reina viuda zarandeó a la Aanisa, pero

