Mi pregunta había tensado el ambiente a escala incalculable. Dylan no paraba de mirarme fijamente, como si estuviese impactado tras escucharme. –La respuesta que deseas escuchar, no cambiará nada. – me dijo. – Todo seguirá tal y como está, ¿estás segura de que quieres que te responda? –Responde. – afirmé, mientras tomaba otro sorbo de champagne de mi copa, en un intento esperanzado de ocultar el repentino cambio en mi rostro. –Si, me gustas. – me dijo con seguridad, y con cierto desdén. Yo, levanté la vista y sonreí nuevamente. –¿Cómo puedes estar tan seguro de que nada cambiará entre nosotros ahora que lo sé? – le pregunté. –Porque, conozco mi posición, y también conozco muy bien la tuya. – me dijo de la forma más fría posible. – Sigues siendo mi empleada, y yo sigo siendo tu jefe,

