La proposición de Tiffany, me había hecho pensar. En un primer lugar, me preguntaba cuales eran sus intenciones al tratar de acercarse tanto a mí, y, en un segundo, analizaba si, aunque muy en el fondo, ella tenía razón, después de todo, las probabilidades de que un hombre como Carlos se fijase en una mujer como yo, si que eran bastante escasas. –Creo que ya debemos volver a casa. – le dije, al ver que ya había oscurecido. – Yo necesito descansar un poco. –Como quieras. – respondió ella, mientras sacaba su tarjeta para pagar. Tiffany no llegó a emborracharse hasta el punto de perder los estribos, pero si lo suficiente como para no poder conducir de regreso a casa, por lo que, no tuve mas remedio que sentarle en el asiento de copiloto, y tomar el volante. De camino a casa, conversamos m

