POV NICK
Casi es medianoche. El cielo está despejado, pero la luna no aparece, como si incluso ella hubiera decidido desaparecer esta noche.
La habitación está en silencio. Papeles, contratos y reportes cubren el escritorio frente a mí. Trabajo sin descanso, intentando mantener la mente ocupada. Quizás pase la noche aquí.
Unos golpes en la puerta interrumpen mis pensamientos.
—Adelante.
Gael entra con cautela.
—Señor, disculpe las molestias…
Su expresión me pone en alerta antes de que diga algo más.
—¿Qué ocurre?
—Acabo de ver al señor Arthur entrar en la habitación de la señorita Alay. Quedamos en avisarle si algo pasaba.
El mundo se detiene un segundo antes de que todo explote.
Me levanto de golpe, el sillón cae detrás de mí mientras corro hacia la puerta. No pienso, solo actúo. Escucho a Gael siguiéndome mientras bajo las escaleras de dos en dos.
Llego a la habitación y derribo la puerta de una patada.
La escena frente a mí hace que la sangre me hierva.
Alay está esposada a la cama, intentando resistirse mientras Arthur está sobre ella. La rabia me consume. La sangre en mi cuerpo comienza a hervir y a correr por cada rincón de mi cuerpo. Siento como mis ojos se tornan rojos, cegados por la rabia. ¿Furioso? Eso es poco comparado con lo que siento ahora.
Me lanzo contra él sin pensarlo, mi puño impacta su rostro y lo arroja al suelo. Arthur responde con un golpe que revienta mi labio, pero apenas lo siento. Solo existe la furia.
Intercambiamos golpes hasta que logro derribarlo y sujetarlo contra el suelo.
—¡HIJO DE PUTA! ¡SOBRE MI CADÁVER VUELVES A TOCARLA! —rujo.
—¡ERES UN MALDITO TRAIDOR! ¡PREFIERES A ESA PERRA ANTES QUE A TU PROPIA SANGRE! —escupe.
—¡CÁLLATE! PENSÉ QUE HABÍA QUEDADO CLARO CUANDO DIJE QUE TE QUERÍA LEJOS DE ELLA, MALDITO IMBÉCIL!! —aprieto mi agarre en él sin intenciones de querer soltarlo.
En estos momentos solo quiero que sufra, sin importar quién sea.
Mi agarre se vuelve más fuerte. Apenas logro controlarme.
—¡GAEL!
Gael entra con dos hombres más, observando toda la situación.
—NO LA MIREN SI NO QUIEREN QUE LES SAQUE LOS OJOS!!
Mi voz sale bastante gruesa y grave, resonando fuertemente por toda la habitación, haciendo que estos bajen de inmediato la mirada al suelo.
—Saquen a este imbécil de mi vista. Ya saben dónde llevarlo.
Arthur sigue gritando mientras lo arrastran fuera, pero dejo de escucharlo.
Solo importa ella.
Alay intenta cubrir su rostro con el brazo aún esposado. Tomo una sábana y cubro su cuerpo antes de quitarle las esposas.
—Tranquila, te quitaré esta mierda… ya pasó —digo en voz baja.
Ella se encoge y comienza a llorar desconsoladamente.
Me siento a su lado y acaricio su espalda, dejando que se desahogue. Después de un momento, busco una bata y se la entrego.
—Póntela. Iremos a mi habitación.
Sin discutir, toma la bata y se la pone. Puedo ver que está temblando de lo nerviosa que se encuentra. Me inclino, pasando mi brazo lentamente debajo de sus piernas para cargarla. Tiembla cuando la tengo en brazos, pero luego se aferra a mí como si necesitara comprobar que estoy ahí.
Ese gesto aprieta algo dentro de mi pecho. La llevo hasta mi habitación y la deposito en la cama, pero su mano se cierra sobre mi camisa.
—No me dejes… por favor… —su voz rota me atraviesa.
—No lo haré. Estoy aquí.
Me siento con ella en el regazo y la abrazo, apegándola más a mí para brindarle más apoyo. Aun está temblando, pero al menos su respiración y latidos del corazón ya no están acelerados como en un momento, su respiración comienza a estabilizarse.
El silencio entre nosotros es pesado, pero necesario.
Después de un rato, se separa ligeramente.
—¿Puedo darme un baño? —dice separándose un poco, pero lo suficiente para mirarme tímidamente.
—Claro. Buscaré ropa para ti.
—Gracias —suelta en un susurro, sorprendiéndome un poco.
—No tienes por qué agradecer —respondo con una sonrisa en mi rostro.
—Quiero hacerlo —sus ojos vuelven a humedecerse, con las lágrimas amenazando con salir —Gracias de verdad.
Me dedica una sonrisa que no llega hasta sus orejas, pero es sincera.
Luego se levanta de mi regazo, dirigiéndose al baño y abrazando su cuerpo con sus manos. Suspiro profundo, pasando mi mano por el pelo jalando un poco de él.
JODER!! ESTO ES UNA VERDADERA MIERDA!!
Le dejo un suéter y un bóxer en el baño, seguro le quedarán grandes, su cuerpo es muy pequeño comparado con el mío. Cuando salgo, me dejo caer en el mueble, pasando una mano por mi rostro.
Cuando vuelve, el suéter le queda enorme, casi como un vestido. Se ve frágil… y eso me enfurece más de lo que debería.
—Intenta dormir —le digo.
—¿Te irás?
—Esperaré hasta que te duermas.
Asiente, y se acomoda en la cama. Tarda en conciliar el sueño, moviéndose inquieta entre las sábanas, hasta que finalmente se queda dormida.
Me quedo observándola.
No entiendo qué me pasa.
Siempre he sido frío, distante. Nada me afecta demasiado.
Hasta que llegó ella.
Desde el primer momento en que vi su foto, algo cambió. Y ahora, verla así, vulnerable, confiando en mí… me desarma por completo.
No debería sentir esto.
Pero es imposible detenerlo.
Porque lo sé con certeza es que… Ella será mi perdición.
Darling_Yuli