CAPÍTULO 13: POSIBLES AVANCES

2000 Words
Se notaba que había algo entre ellos y aun asi me lo oculta. —Nadie —repito más para mí —No parecía nadie. Una risa grave escapa de él. —Estás celosa. —No lo estoy. Tú y yo no somos nada. —Alay Jones… celosa. Interesante —hace una pausa sonriendo divertido —Eso es nuevo... Me gusta. Un lado de sus labios se eleva formando una sonrisa ladina. —No digas estu... —Deberías acercarte —palmea el asiento a su lado —Podemos hablar mejor. —No gracias, aquí estoy bien. —Si no lo haces tú, lo haré yo. Se acerca. Me levanto para alejarme, pero me toma de la cintura y me sienta sobre sus piernas. Mi respiración se descontrola. —Koral y yo salimos un tiempo... Me engañó. Recuesta mi cuerpo en el suyo y apoya su cabeza en mi pecho. —Me engaño con otro hombre, en parte lo agradezco por darme un motivo para terminar una relación que no nos llevaría a ningún lado, pero todo eso ya es pasado y quiero que siga siéndolo, no la quiero cerca. —¿Por qué me dices todo esto a mí? —finjo que no me interesa el tema. —Porque no quiero malentendidos y eso responde tu pregunta, ya puedes estar tranquila. Conecta nuestras miradas y toma con su suave mano mi mejilla acercando nuestros labios atrapándonos en un beso. Esta vez es diferente. No es urgencia... Es profundidad. Lento, intenso, peligrosamente adictivo. Mis dedos se enredan en su cabello. Su respiración se vuelve más pesada. Muerdo suavemente su labio inferior haciendo que salga un leve quejido de su boca, logro posicionarme sobre él quedando a horcajadas aprisionándolo con mis rodillas. Nuestro beso se intensifica volviéndose más apasionado y desesperado. Baja sus labios a mi cuello dejando suaves besos hasta mi hombro, vuelve a subir a mis labios, siento sus grandes manos bajar los tirantes de mi vestido pero esta vez no voy a detenerlo, no quiero hacerlo. Mis manos recorren todo su pecho hasta llegar a su cuello tirando de él para acercarlo un poco más. Sin darnos cuenta, el auto ya se ha detenido y el conductor toca suavemente la puerta avisándonos que hemos llegado, obteniendo como respuesta un gruñido de parte de Nick. —Debemos bajar. Sube mis tirartes para luego bajarme de encima de él. Agarra mi mano y salimos del auto adentrándonos en el edificio En el ascensor, el deseo estalla de nuevo. No pude evitar lanzarme a devorar sus labios, siendo correspondido. Se puede notar en nuestro beso el deseo que tenemos el uno por el otro. Salimos del ascensor arrastrándo con todo a su paso. Contra la pared. Su cuerpo contra el mío. Baja a mi cuello pasando sus manos a mis muslos subiendo poco a poco mi vestido para luego levantarme pegándome totalmente a la pared, presionando sin dejar la existencia de espacio entre nosotros. Enrollo mis piernas en su cuerpo y mis manos en su cuello, subiendo una de esta a su cabello jalando de él un poco, obtengo un pequeño gruñido como respuesta, toma mis manos y las levanta sobre mi cabeza mientras se aleja lo suficiente para conectar muestras miradas. —Voy a detenerme ahora —dice con la voz ronca— porque si no lo hago… no podré después. —No tienes que hacerlo. —Sí tengo. Me baja lentamente. —No quiero que mañana pienses que me aproveché... No haré algo que después te puedas arrepentir. —Eso no pasará porque también quiero. —Ebria no piensas con total claridad... —antes que pueda contradecir, continúa —Ahora a dormir, es tarde. Sus palabras me desarman. Me carga hasta la habitación, me deja en la cama y se va a la ducha. Me siento… confundida. ¿Decepcionada? Pero no me queda nada más por hacer. Cuando regresa, se acuesta detrás de mí. Su mano rodea mi cintura. —Nick. —Duerme —susurra. Esta vez, no me siento prisionera. Me siento protegida. Lo cual es aún más peligroso. ... Despierto sintiendo un peso sobre mi cintura. Abro lentamente los ojos, adaptándome a la luz del día que entra por la ventana. Un brazo fuerte y tatuado rodea mi cuerpo. Sigo el recorrido hasta su rostro. Nick. Dormido se ve tan tranquilo. Está peligrosamente cerca. ¿Cómo he llegado a este punto con él? Se mueve apenas, acercándome más hasta dejar mi espalda pegada a su pecho. —¿Dormiste bien? —su voz suena ronca, espesa por el sueño. —Sí… creo que sí. —¿Creo? —murmura, acercando sus labios a mi oído—. ¿Te faltó algo? Puedo imaginar su sonrisa sin siquiera verlo. —No —respondo demasiado rápido —Dormí muy bien. —Eso explica por qué te acurrucaste a mí como un bebé. Me volteo de inmediato. —Eso no es cierto. —Te mueves mucho cuando duermes. —No. —Sí. Y así comienza la absurda guerra del “sí” y “no”. Finalmente sonrío. —Está bien, ganaste. —Siempre gano —responde con seguridad. Se levanta de la cama. —Vamos, bajemos a desayunar. Me quedo quieta, sorprendida por sus palabras. —¿Me dejarás salir de la habitación? Nick se detiene. Regresa y se sienta frente a mí tomando mi mano. Su expresión cambia. —Alay… tú puedes moverte por toda la casa si así lo deseas. Nunca quise que te sintieras prisionera. Trago saliva. —Entonces… ¿por qué? —Porque puedes encontrarte con Arthur. El nombre basta para que un frío me recorra la espalda. Recuerdo sus manos recorriendo mi cuerpo, su mirada, la humillación, el miedo. Mis dedos se tensan sobre las sábanas. —¿Crees que todavía quiera hacerme daño? Nick me observa con firmeza. —Mientras yo esté aquí, nadie volverá a tocarte. Su tono no deja espacio a dudas. Pero el miedo no desaparece tan fácil. —Alístate —añade más suave—. Yo estaré contigo. Minutos después bajamos. El comedor es enorme, elegante, silencioso. Me siento pequeña en este lugar. Nick me explica cómo está distribuida la casa. Cinco plantas. Cocina, gimnasio, habitaciones, terraza, piscina… Todo es excesivo. Demasiado grande. Demasiado lujoso... Demasiado solitario. —¿Qué hay en el primer piso? —pregunto sin pensar. Su expresión se endurece. Silencio. —¿Estás segura de que quieres saberlo? Mi estómago se contrae. He visto lo suficiente para saber que algunas respuestas pesan demasiado. —No —murmuro—. No quiero saber. —Bien. La tensión se rompe cuando entra un hombre que se parece muchísimo a Nick, aunque más joven. Lo acompaña una mujer embarazada. —Alay, ¿cierto? Asiento con la cabeza. —Mi nombre es Noé, hermano de Nick y ella es mi esposa Gemma —dice amablemente con una enorme sonrisa. —Es un placer conocerlos —respondo devolviéndole la sonrisa —Veo que todos prácticamente ya me conocen. Ríe por mis palabras —Debo aceptar que eres muy famosa. Me pica el ojo al terminar, cosa que me sorprende. —Noé —dice Nick a modo de regaño. —Tranquilo hermano... ya tengo a la mujer más hermosa. Deposita un tierno beso en la frente de su esposa, pero ella no reacciona, solo me lanza miradas de desprecio. Nana entra junto a otras señoras al salón, nos saludan bastante animada como siempre y dejan nuestros desayunos para luego salir del lugar. Noé es amable, sonríe, bromea. Gemma… no. Sus ojos me recorren como si buscará defectos. Como si ya hubiera decidido odiarme. Es difícil comer mientras alguien te mira como si quisiera desterrarte por completo de este mundo, Nick posa su mano sobre mi pierna debajo de la mesa. Un gesto casi invisible, pero suficiente para que un cosquilleo me recorra el cuerpo. —Come —me dice en voz baja. Intento concentrarme en la fruta frente a mí. Pero Gemma no deja de mirarme. ¿Celos? ¿Desprecio? ¿Miedo? No lo sé. Y eso me inquieta. Comienzo a ignorar sus miradas y me concentro solo en mi desayuno y en Nick... Paisaje que sí vale la pena admirar. JODER!! Se ve tan sexy en ese traje. Me está volviendo loca. —Alay tendré que salir —Nick rompe el silencio —Iremos a la empresa. Señala a su hermano al mismo tiempo. —Está bien, volveré a la habitación. Cuando él se levanta, siento algo extraño. Vacío. —Te quedarás con Nana —dice—. Puedes estar donde quieras. Mi sonrisa aparece sin permiso, estoy apunto de darle un abrazo, pero me detengo al darme cuenta que no estamos solos. —Gracias —digo en un susurro, él solo sonríe. —Noé, ¿estás listo?... Nos vamos. Noé asiente. —Iré a dejar a Gemma a la habitación y bajo. Sale de la habitación junto a su esposa. —Llamaré a Nana e iré por algunos papeles a la oficina y luego vuelvo. Se acerca, como si quisiera decir algo más… pero no lo hace. Se va. Y el silencio pesa. Demasiado. De pronto, la sensación vuelve. Ese presentimiento como si alguien me observara, como si en cualquier momento... Arthur pudiera aparecer. Mi respiración se acelera. Escucho pasos, me giro bruscamente. Nick. El aire sale de mis pulmones. —¿Estás bien? —pregunta, notando mi tensión. —Sí… solo me distraje. —Cariño. La voz de Nana se hace presente en el salón. —Nana —me acerco a ella enrrollándola en un abrazo. —Mi niña. Me brinda una gran sonrisa. —Es hora de irme —dice Nick despidiéndose de Nana y conectar sus ojos con los míos. Puedo notar un brillo es sus hermosos ojos, es como si tuviera una batalla interior de lo que debe hacer pero solo me sonríe. —Adiós. Se aleja saliendo del salón, solo lo observo a la distancia. Nana se acerca, su energía es distinta. Cálida, protectora. Y entonces suelta la frase que me desarma: —Ya te lo ganaste. —¿Qué cosa? —Su corazón. Me río nerviosa. —No pasa nada entre nosotros. —Cariño, puedes engañar a todos… menos a alguien que ha visto crecer a ese muchacho. Sus palabras se clavan. —Es bastante notable que pasa algo entre ustedes y no trates de negarlo porque es evidente, además son muy malos ocultándolo. —Te equivocas, no pasa nada entre nosotros y no puede pasar —suspiro recostando todo mi cuerpo en la silla. —Cariño, sé que la forma en que se conocieron no fue la mejor pe... —De hecho, ha sido la peor —la interrumpo a media frase. —Pero aún tienen tiempo de conocerse y empezar de nuevo —suspira antes de continuar —Hace mucho tiempo no veía a Nick sonreír y mirar a alguien con ese brillo en los ojos, ha cambiado mucho desde que estás aquí, se nota que está floreciendo un nuevo sentimiento en él y en ti también. Es difícil. —Cariño, no te cierres ante tus sentimientos, cuando se trata de ellos no se puede luchar, será una guerra perdida. Me quedo en silencio. ¿Siento algo?... Sí. ¿Quiero aceptarlo?... No. Para distraerme, decido ayudar en la cocina. El lugar es cálido, lleno de vida. Allí conozco a Ingrid, Athea, Leina y Amara. Y entonces sueltan la bomba: —¿No es usted la novia del señor Stone? Casi me atraganto. —No. No somos nada. —Pero duermen juntos. Silencio. Todas me miran mientras Nana sonríe divertida. Tierra tragame y escupeme en Asia. —Entre nosotros no hay nada —repito, aunque suena menos convincente de lo que quisiera. Ingrid suspira. —Estos jóvenes de ahora… Dios... Las mujeres continúan trabajando como si ya hubieran decidido que soy “la señora”. Y lo peor es que… Una parte de mí no odia la idea tanto como debería. Darling_Yuli
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD