Seguro que debo estar de suerte para que en este día Junot haya decidido que existo y que soy muy útil. Me ha sorprendido bastante con su orden disfrazada de petición para que lo acompañe a un lugar que no tengo ni idea de a donde es, ya que básicamente sus palabras fueron: “deje lo que está haciendo y venga conmigo”. Corrección. Si que debo estar de muy mala suerte. Su cara desde que salimos del edificio ha sido todo un amargo poema, y para completar no ha dicho una sola palabra. Lo que me hace pensar que debe estar costándole un pulmón solicitar mi compañía de buenas maneras. Si esto iba a ser así, ¿por qué se empeñó en que viniera con él? Cuestiones que parece que nunca tendrán respuestas. ―¿No va a decirme a dónde vamos? Me atrevo a preguntar. Él medio se ladea solo para fruncir

