bc

La chica rebelde del CEO arrogante

book_age18+
147
FOLLOW
2.9K
READ
HE
age gap
opposites attract
drama
serious
kicking
office/work place
assistant
like
intro-logo
Blurb

Annaline Hasburg lo perdió todo cuando su familia quedó en la quiebra, pero se niega a vivir en la miseria y hará todo por recuperar la vida de lujos que tenía, excepto: trabajar

Abandonado al nacer y heredero de una fortuna que maneja con puño de hierro, Reginald no busca solo amor, busca lealtad y estaba convencido de que Emma, su empleada perfecta y discreta, era la pieza que le faltaba para conseguirlo.

Pero Emma renuncia y en su lugar aparece el caos personificado en su hermana menor, Annaline, quien toma su lugar reemplazándola.

La pregunta es si podrá reemplazarla también en sus planes, luego que se conozcan y ella cometa un grave error, insultándolo sin saber que será su nevo jefe.

chap-preview
Free preview
El grave error del primer día
Bajo los escalones uno a uno porque el día que tanto odiaba, llegó. Mi primer día de trabajo, con la sombra de mi hermana que no deja de seguirme a donde voy como un medidor. Mamá no lo dice abiertamente, pero sé que espera que yo llene a la perfección el sitio que ella dejó. Exhalo con fuerza porque mi oportunidad de ganar mucho dinero pasando el rato con millonarios está tachado de mi lista. Tendría más dinero si Sor Emma me dejara disfrutar por completo de lo mío, pero solo lo hará cuando demuestre qué tan responsable soy. Mientras tanto, tengo que conformarme con mi nuevo sueldo promedio. —Deja de mirarme así —digo cuando llego al comedor. Tomo asiento a la mesa. —Espero que hagas todo bien, Anna —advierte. Su tono, más que un consejo, parece una amenaza. Refunfuño un poco, a Emma nunca le dice nada porque todo lo hace perfecto, incluso lo malo. Supongo que, si se entera de lo que pensaba hacer en el club, seguro me odia para toda la vida y hasta me deshereda de lo poco que nos queda. No soy tan inconsciente al respecto, pero desearía que entendiera que somos muy diferentes. —Basta con eso mamá, deberías dar gracias de que acepté trabajar —digo sintiéndome malhumorada. La idea de hacer cambios drásticos en mi vida no tiene nada de envidiable. —¿No crees que eres algo desagradecida? Pongo los ojos en blanco. —Si lo fuera, no estaría tomando el puesto que dejó Emma. Haría lo que me diera la gana. —Ya sé que solo lo haces por compromiso, aun así, espero que te comportes y no lo eches a perder. —¿Por qué crees que lo haría?, no piensas en que tal vez esperaría que algún día estés feliz conmigo —expreso sintiéndome un poco apesadumbrada—. Deberías desearme suerte, es mi primer día. Sé que tiene razones para no confiar en mí, pero en algún momento creí que nos llevábamos bien, supongo que al final ya sé quién es su predilecta y eso no cambiará. Ella tuerce el gesto mirándome con cautela, seguro piensa que de verdad lo voy a arruinar. —Solo debes hacer las cosas bien para darle una buena impresión al señor Junot —dice, y no es que espere que mencione algo más profundo para mí. De verdad que me estoy esforzando porque no me agrada nada la idea de trabajar para el viejo al que Emma le limpiaba la casa antes de entrar a trabajar en su prestigiosa empresa. Aunque estoy de suerte que no haya sido ese puesto el que me haya dejado, y admito que me servirá el empleo de pasante para mi práctica universitaria. —Bien, me voy. Desde hoy vendré tarde por el cambio de horario en mis clases —le recuerdo después de terminar mi cereal con yogurt. Mamá de inmediato se levanta de la mesa para tomar una caja de comida que ya tenía preparada. Abro los ojos. —Llévate esto —me dice haciéndome resoplar cuando me la entrega. —Te dije que no era necesario que me hicieras comida, puedo comprarme algo. —No porque tengamos un poco más de dinero vas a empezar a malgastarlo. Suspiro con fuerza. —Tampoco voy a hacer eso, pero puedo gastar un poco. —No lo harás, debes ahorrar —Ay mamá, eso no pasaría si manejara mi propio dinero —protesto observando la caja. «Y tampoco esto», me digo mirando el horroroso uniforme que me toca ponerme. —Pero no lo tienes. Con eso me recuerda que básicamente tengo dinero porque mi hermana me da una estricta mesada para que gaste lo necesario. —Seguro nadie lleva almuerzo —refunfuño. —Tu hermana lo hacía. —¿Algún día dejarás de compararme con ella? —No, hasta que te des cuenta de que nunca las he comparado; la que lo cree así eres tú —me espeta, haciéndome empuñar la caja de comida con fuerza. Me la llevo sin más remedio porque es obvio que se ha levantado temprano para prepararla y ahorrarme el gasto. —Vale, pasa un buen día y no se te olvide tomar tus medicinas —digo conciliadora para no darle más largas al tema. Tal vez soy paranoica, pero ella no me deja pensar lo contrario: Emma siempre es la mejor y yo soy el lastre. No me detengo más y voy hasta el garaje, al menos me dejó tener un auto, aunque es de segunda y no el Porsche que yo quería. Me pongo en marcha directo a la Torre Glasgow. Llego rápido, la zona es un conglomerado empresarial muy sobresaliente en el centro de la ciudad. Además, Emma ya me dijo hasta el cansancio lo que debería saber sobre las empresas Junot y lo que no me agrada es que trabajaré para un viejito. En la información empresarial aparece registrado François Junot, de 81 años, como jefe. Solo espero que no intente comportarse como un padre como lo hacía con ella, ¡Cielos! Solo me conformo porque la paga es buena y me ahorrará lo de buscar pasantías por mi cuenta. La torre principal es imponente y admito que la vista no está nada mal. Al entrar, me llevo otra buena impresión de lo elegante y sobrio que es el interior. En la recepción me informan que suba al piso 23. Allí me entrevisto con Clara Thorne, la asistente personal, que es casi tan vieja como el dueño. La señora Thorne ya sabe por qué estoy allí, y solo me hace llenar el papeleo formal para legalizar el puesto como pasante. Al terminar pasamos de inmediato a conocer el puesto que ocuparé detrás del mostrador de la entrada. Allí me entrega una minuta con las labores que hacía mi hermana y me pongo a estudiarlas. Le pregunto si debo presentarme al señor Junot y me informa que ella me llamará cuando él quiera que vaya a su oficina. La verdad, espero que eso no sea necesario. Antes de volver a su puesto me pregunta por Emma. Solo le digo que está disfrutando de su buena vida y no vuelve a preguntarme nada más. La hora del almuerzo por fin llega y sin más remedio voy a la zona de cafeterías a calentar la comida. Eso hace que siga prefiriendo ir a comer a un restaurante, seguro que alguno de los que vi se ajusta a mi bajo presupuesto. En la zona de microondas aguardo a que termine el tiempo mientras noto que no soy la única que lo lleva. Eso me hace reír, además, la mayoría de los que están sentados en las mesas solo se quedan mirándome y ninguno se atreve a acercárseme o decirme algo. Es obvio: soy la chica nueva, rubia y muy llamativa. Me jacto de eso para mis adentros justo cuando un hombre llega y me quedo alucinada. Es guapo y maduro, pero no como un vejestorio, sino justo en la medida perfecta. El tipo de hombre que me atrae. Trato de comportarme bien cuando se pone a mi lado y me mira de reojo desde su altura. —¿Nueva? —su pregunta es impersonal, pero sé que es para mí. Asiento sin dejar de observar cómo mi comida da vueltas dentro del microondas. Esperaré para sacarla; parece un ejecutivo y no quiero pasar esa vergüenza. —¿Dependencia? —pregunta de repente. —¿Disculpe? —¿En qué lugar empezaste a trabajar? —aclara, ladeándose, dejándome apreciar sus penetrantes ojos de un hipnótico gris profundo. —¡Ah, eso! Dirección General —respondo despabilándome con el gesto critico que se forma en su boca, me hace pensar que debo ser más específica. Me aclaro la garganta y prosigo—. Trabajaré como pasante para el señor Junot. —¿En serio? —pregunta con asombro. No puedo evitar sonreír. —Eh, sí. —¿Y ya le has visto? —pregunta con un tono de confianza que me gusta. —No todavía, aunque me da igual. Seguramente he de caerle bien; él apreciaba mucho a mi hermana. La gente mayor suele ser amable con los más jóvenes —expongo sintiéndome en mi elemento. —¿Mayor? —cuestiona, ladeando la cara—. ¿Está segura? —Si, e imagino que luce casi como un abuelo paternal —continúo mi perorata. —Vaya, debe parecértelo, porque seguro eres bastante joven. —Bueno, un abuelo es un abuelo —respondo alzándome de hombros con mi brillante y profunda deducción. Él solo hace una mueca asertiva y se va. Eso me causa gracia, pero una vez se pierde en el pasillo de los ascensores, saco la comida y me voy a una de las mesas solitarias, ante la mirada de todos. Mientras como lo que mamá preparó reviso mi teléfono: tengo un mensaje de mi amiga Kiara mostrándome su nuevo outfit de Gucci. Cómo la odio por incitarme. Me invita a salir, pero le digo que no puedo. Ahora tengo que portarme bien si quiero disfrutar de mi fortuna recuperada. Es eso o encontrar un novio rico. Eso me hace recordar al ejecutivo que conocí hace un rato, pero dudo que sea algún multimillonario. El tiempo de receso acaba y vuelvo a mi puesto. Apenas me siento el teléfono suena espetándome porque era lo que no deseaba. Contesto y es Clara. —El señor Junot quiere verte ya mismo en su oficina —me anuncia y cuelga. «Es hora de ver al viejito», me digo pensando que no le he visto llegar, y quizás entró en su oficina durante el receso del almuerzo. Me arreglo el uniforme preguntándome si será algún fetiche que las secretarias vistan así. Por suerte puedo quitármelo para ir a la universidad. Voy con Clara y esta me guía hacia la oficina del jefe. Allí abre la puerta y me indica que entre. Lo hago, y una vez ella cierra me fijo que el escritorio del señor Junot está desierto. —Por acá —dice una voz que se me hace conocida, al girarme me doy cuenta de que es el mismo hombre guapo de la cafetería. Sin embargo, en esta ocasión no luce muy amable; más bien algo adusto. Un indicio de que tal vez he hablado de más de su jefe que debe estar en el baño, quien no dudo que sufra de incontinencia. —¿Usted también trabaja para el señor Junot? —pregunto, mostrándome agradable para corregir un poco mi indiscreción. —No trabajo para él —acota—. Porque yo soy el señor Junot —añade dejándome la sonrisa tiesa. —Ah…, ¿sí? —gesticulo como un robot. De verdad que me toma por sorpresa y me hace sentir muy mal porque prácticamente le he llamado anciano en su propia cara, aparte de los problemas urinarios que por suerte no le mencioné. —Lo soy —declara—, ¿todavía le parezco un abuelo? ¡Mierda! —Obviamente… no —digo avergonzada. —Perfecto, y si quiere conservar el puesto evite andar hablando tonterías. Ahora retírese, ya vi suficiente de usted —dice con el rostro ceñudo. No me queda más remedio que salir volando de allí.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Domando al Amor

read
6.4K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
222.9K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
59.8K
bc

el amor lo cura todo

read
1.7K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
13.6K
bc

Bajo acuerdo

read
49.9K
bc

Tras Mi Divorcio

read
576.9K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook