Se suponía que Noah había ido por un café y que luego de comprarlo tenía que regresar a su trabajo, pero en ese momento, con Joel no corriendo de él, ni llamándolo loco, se sentía como una oportunidad que no debería perder, incluso si este había sonreído y le hablaba de sus hijos que claramente no existían en ese mundo, a menos que su esposo hubiera querido jugar con él de una manera tan intensa que incluso fingió que no lo conocía. —Joel… —Me siento curioso —dijo serio —hablaste con tanta seguridad en ese día y… no pude evitar venir a ver de qué hablas. Al terminar hablar, Joel sonrió, acomodando su posición en el auto por una más cómoda, como si estuviera dispuesto a escuchar cualquier cosa que Noah le fuera a decir, por muy ridícula que fuera. —Abby… —susurró Noah —ella es la mayor,

