CAPÍTULO — El Nacimiento en la Tormenta La madrugada llegó con un rugido profundo, como si el mar se hubiera enojado con el cielo esa noche. El viento golpeaba los postigos, la lluvia azotaba el techo con furia, y cada relámpago iluminaba la casa donde Erika Navarro de Guzmán intentaba dormir. Había pasado una semana tranquila desde el incidente con Cristina, una semana donde los médicos lograron estabilizar su presión y la placenta baja se mantuvo controlada bajo estrictísimo reposo. Pero la tormenta no siempre viene de afuera. A veces nace desde adentro. Erika abrió los ojos cuando sintió la primera punzada. No fue como los dolores habituales de embarazo. Fue algo más profundo. Más rítmico. Más inevitable. Un inicio. La primera contracción. —No… no puede ser ahora —susurró mirando

