31—El pequeño ahijado del capitán

1535 Words

Capitulo—El pequeño ahijado del capitán Los días comenzaron a sucederse con una lógica nueva, desconocida, marcada por horarios que no estaban escritos en ningún reloj, sino en el llanto suave de Benjamín, en la temperatura justa del biberón, en la forma en que el cuerpo de Erika aprendía, de a poco, a volver a ser suyo. Las noches ya no se medían en horas, sino en despertares. En pasos descalzos por la casa. En la luz tenue de la cocina encendida a las tres de la madrugada. En el vaivén lento de un cuerpo pequeño que buscaba brazos. Erika, todavía sensible, descubría que el cansancio tenía otra textura cuando estaba mezclado con amor. Dolía, sí, pero no vaciaba. No como antes. La casita donde vivían estaba a pocas cuadras de la base naval. No era grande ni lujosa, pero tenía algo que E

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