Capítulo — Misión adelantada Thomas abrió los ojos aún con el calor del cuerpo de Erika pegado al suyo. Respiró hondo, dejando que el aroma de ella se mezclara con el de las sábanas tibias. Ese pequeño instante —esa quietud, ese silencio, esa mujer acurrucada contra su pecho— era su felicidad más pura. Su refugio. Su hogar. Ella dormía tranquila, respirando contra su hombro como si por fin hubiera encontrado un lugar seguro en ese mundo que tantas veces la había sacudido. La respiración suave de Erika parecía un susurro que lo llamaba a quedarse ahí para siempre; a no moverse jamás. Thomas la miró en silencio, sintiendo esa mezcla enorme de alivio y arrepentimiento que le comprimía el pecho. La había recuperado. Lo había perdonado. Lo había amado sin reservas esa noche, entregánd

