A Melissa le dieron de alta en la clínica, aunque ignoró todas las recomendaciones y solicitudes que le hicieron. Debía ponerse en control con un psicólogo especializado en el manejo de la ira y la agresividad, además de medicarse, pero ella no estaba dispuesta a hacer nada de eso. —Tal vez, unas semanas en las Bahamas o en Hawai, te ayude —propuso Jackie cuando llegaron al departamento en el centro. —O en las Vegas. Desde hace tiempo no nos damos una escapada a las Vegas, allí lograrás sacarte todos los males —propuso Angie. —No pienso moverme de California —respondió la mujer con voz ronca mientras mantenía su vista fija en la nada con una expresión desafiante. Las dos mujeres se miraron entre sí con preocupación. —¿Qué hay en California, amiga? Solo problemas e incomodidades —agre

