Durante la noche, a Bárbara le costó conciliar el sueño. Se sentía inquieta, ansiosa y preocupada, como si algo a su alrededor no marchara bien y le urgiera repararlo. Y en realidad, tenía mucho que reparar, pero ni su problema con PowerData, ni su crítica situación financiera o la extraña y total desaparición de su exnovio Martín en un momento angustiante era lo que consumía sus pensamientos. Aunque se esforzara por negarlo, sus inestabilidades tenían nombre y apellido: Richard McKellen. Él era lo único que anhelaba resolver con urgencia. Si lo hacía, el resto tomaría su rumbo de manera natural. Se llegó al refrigerador y sacó lo necesario para prepararse un sandwich de jamón y queso, el hambre la hacía sentir mareada. Puso encima de la mesa lo requerido, pero también, varios tipos de

