Bárbara y Kristin no pudieron soportar la curiosidad. Salieron de la fábrica en dirección al hotel que Terry les había mencionado, donde al parecer, Martín se encontraba escondido. Los edificios bajos del oeste de California bañaban en sombras la decadencia de aquel barrio, de calles sucias y postes de luz oxidados. La gente iba y venía con premura, para no permanecer más de lo indicado en aquel lugar que parecía exudar peligro. —¿Segura que este es el hotel? —preguntó Bárbara, mientras miraba con recelo la fachada deslucida del hotel. Sobre la puerta había un letrero de neón que parpadeaba con apenas cinco letras en funcionamiento, las otras estaban apagadas, aunque con claridad podía leerse: «El Paraíso». —Esta es la dirección que me dio Terry. Sé que no me equivoqué —respondió la

