Y de verdad pagaron una habitación del hotel, donde Bárbara pudo utilizar el baño. Richard la acompañó hasta la puerta y mientras ella se ocupaba de sus asuntos él se acercó al enorme televisor atornillado a la pared y puso música. Luego tomó dos copas con intención de llenarlas con el vino que había llevado, pero descubrió que sobre una mesa tenían una botella de champaña sumergida en hielo, así que la cambió. —¿Qué haces? —quiso saber ella al regresar y acercarse. —¿Te sigue gustando el chocolate? —consultó él sacando una caja de toblerone de una cesta llena de dulces que se encontraba junto al licor. —Por supuesto. —Alguien dejó chocolates aquí. Bárbara enseguida se puso a revisar la cesta hallando varias barras de las marcas más exquisitas. —Oh, esto es delicioso. En este hotel

