Al día siguiente, Bárbara asistió a la fábrica de bolsos y carteras para intentar poner algo de normalidad en su vida. No quería que el caos la dominara. —¡Barby, estás aquí! —la saludó con efusividad Nancy, la recepcionista/secretaria/mujer de limpieza/encargada del café/la que hacía los mandados y entretenía a todos con anécdotas de sus vecinos mientras trabajaban, además de manejar la máquina de coser cuando era necesario. —Sí, busco enfocarme en algo que no me haga enloquecer por la preocupación. —Pues, elegiste mal, cariño. Aquí no estamos para estar relajados. Más aún, con el carácter de perros que ha adquirido Nina por lo que te está sucediendo con la empresa esa que te denunció. —¿Qué pasa en la fábrica? —quiso saber, preocupada, mientras dejaba su abrigo y su bolso en la dimin

