Richard recibió en su casa esa mañana al abogado Peter Gilligan, para hablar sobre el caso de Bárbara antes de que el hombre se reuniera con ella. —Señor McKellen, un gusto saludarlo —dijo el abogado al entrar en el despacho y estrechar su mano. —Siéntese. Hoy estoy algo atareado con el trabajo, aunque este asunto me interesa, así que me gustaría que fuese al grano. —Seguro, señor. Hice algunas averiguaciones y me atrevo a asegurar que el problema de la señorita Rizzo con PowerData es un asunto de intereses. —¿Intereses? —Quieren inculparla para obtener un beneficio. Entre ellos, el de librarse de ella. —¿Por qué querrían librarse de ella? —consultó molesto y se sentó en su butaca manteniendo toda su atención en el abogado. —Porque la señorita Rizzo era una de las empleadas de más v

