Salí de la habitación de mi paciente y me dirigí al mostrador de las enfermeras para llenar unos formularios y solicitar que se le realice los exámenes.
- Tracy podrías por favor llevar al señor Miller a que se le tomen exámenes de hemograma completo y unas resonancias magnéticas de su cabeza, debemos descartar problemas sanguíneos, además de una aneurisma, por sus síntomas sospecho que encontraremos una – dije sin dejar de ver los documentos de los antecedentes del paciente.
- Claro doctora Brown, lo llevaré de inmediato – respondió levantándose.
- Gracias, por favor avísame cuando estén los resultados – dije sonriendo.
- Por supuesto doctora – dijo caminando hacia la habitación del paciente.
Estaba saliendo de revisar otro paciente cuando escuche por los altavoces que era solicitada en la sala de urgencias. Corrí hasta la sala para ver que sucedía y me impacto ver esa escena. Había dos hombres, cada uno en una camilla, uno se encontraba inconsciente y el otro apenas respondía.
- ¿Qué sucedió? – pregunte
- Accidente automovilístico múltiple, necesito que te encargues del paciente que está inconsciente – dijo José quien se encarga del área de traumatismo.
- De acuerdo – dije poniéndome mi fonendoscopio para escuchar los latidos de mi paciente, eran débiles.
- Sus niveles de oxígeno están bajando – dijo el enfermero de turno.
- Necesita un electrocardiograma – dije tomando mi pequeña linterna para ver si había reacción en sus pupilas - - y una tomografía de inmediato – dije mientras le quitaba los seguros de la camilla para sus exámenes.
Urgencias era un caos, paciente tras pacientes iban llegando en las ambulancias, no quería imaginarme como se ocasiono el accidente para que fueran muchos los pacientes que debían ser atendidos. Estaba viendo las imágenes de la tomografía y no había nada para hacer, tenía derrame cerebral.
- ¡Maldita sea! – dije cubriendo mi rostro con mis manos.
- ¿Cómo vamos? – pregunta José entrando a la sala de imágenes.
- Muerte cerebral – dije suspirando.
- ¡Maldición! – dijo.
- Hablare con sus familiares, ¿crees que ya estén aquí? – pregunte.
- No lo sé, supongo – dijo apoyándose en la pared mientras veíamos como se llevaban al paciente.
Salí en busca de los familiares del paciente para darles la mala noticia de que no hay oportunidades de que despierte, esta era la parte de mi trabajo que no me gustaba. Darles este tipo de noticias a los familiares de cualquier paciente, el decirles que no se despertara por un derrame me hace sentir mal.
- Pacientes del señor Albert Ramos – pregunte para ver quiénes eran sus familiares.
- Nosotros – dijo una mujer de edad acercándose a mi junto a un hombre.
- Por favor siéntese – dije.
- ¿Cómo está mi esposo doctora? – pregunta la mujer con su voz quebrada.
- Señora Ramos, lo lamento no podemos hacer nada por él. Llego inconsciente a urgencias, realizamos estudios y detectamos muerte cerebral, lo siento mucho – dije.
- No por favor, sálveme a mi esposo – dijo sollozando.
- Lo lamento, no podemos hacer más nada. Ahora se encuentra conectado a maquinas, pero no podrá despertar. Lamento decirlo, pero deberán tomar una decisión de si lo van a desconectar o si desean que no sea así – dije con dolor.
- Entiendo, gracias doctora – dijo el hombre.
- Si me disculpan – dije retirándome.
No podía ver como la mujer se rompía al saber que ha perdido a su esposo, tuve que ir hasta las escaleras para tomar aire, ya que no me había dado cuenta que estaba aguantando la respiración. Cuando logre calmarme me dirigí a la cafetería por una taza de café, estaba pensando en esa mujer y su esposo, hasta que sentí vibrar mi teléfono, era un mensaje que decía que los resultados del señor Miller ya estaban listos, me levante y fui hasta la enfermera Tracy por los resultados.
- Hola Tracy, ¿tenemos los resultados? – pregunte.
- Aquí están – dijo extendiéndome los resultados de las pruebas.
- No puedo creerlo – suspire al ver la tomografía.
- ¿Qué sucede? – pregunto Tracy al ver mi expresión.
- Lo que me sospechaba – dije mostrándole los resultados.
- No lo puedo creer – dijo me sentaba – jamás fallas.
- Por eso a veces odio mi instinto, ¿y ahora cómo le diré? – dije apoyando mis manos en mi cintura.
- No lo sé, solo sé que no me gustaría estar en tu lugar – dijo devolviéndome los resultados.
- Lo sé, iré a hablar con él – dije dándole la espalda.
Llevaba diez minutos caminando de un lado para el otro tratando de tomar el valor de darle las malas noticias a Samael, no sabía cómo lo iba a tomar él y su familia, pero no podía evitar lo inevitable. Toque la puerta dos veces y escuche un pase.
Al entrar a la habitación me di cuenta que había varias personas visitando a Samael, conté cinco de ellas, pero una de esas personas llamo mi atención. Sentí un frío correr por mi espalda, era un hombre alto y muy guapo, sus ojos y su cabello eran negros como la noche, su mirada era muy intimidante, pero atraían mucho. No supe cuánto tiempo me quede viéndolo hasta que escuche a alguien carraspeando, lo que me hizo volver a la realidad de la situación.
- ¿Piensa decirnos que está pasando o se quedara ahí como una inútil estatua? – dijo un hombre alto que se parecía mucho a aquel hombre que llamo mi atención desde el segundo uno.
- Callate William – dijo Samael enojado.
- Pero padre, si esta doctora no ha dejo de ver a tu nieto en lugar de decirnos que es lo que tienes, es una inútil – dijo el tal William, su comentario me saca de mis casillas.
- Disculpe señor, en ningún momento he sido irrespetuosa con usted, así que le pido, no, mejor dicho, le exijo que me respete. No soy una inútil, por algo soy la neurocirujana de su padre – dije golpeando con los papeles la mesa que había al lado de la camilla, mientras mataba con mi mirada a aquel repugnante ser.
- ¿Cómo se atreve a hablarme de esa manera mujerzuela? – dijo rojo como un tomate.
- ¡William! – grita una mujer que está a su lado.
- ¡QUE TE CALLES DIJE! – grita Samael – lárgate de inmediato, no tolerare ni un minuto más que trates a esta bella dama de esa forma. Ahora vete – dijo muy enojado.
- Lo siento mucho – dijo la mujer mientras sacaba a arrastras a ese hombre.
- Lamento mucho lo que ha dicho mi hijo doctora Brown – dijo Samael.
- No se preocupe, creí que ya nos tratábamos de usted – dije sonriendo.
- Por supuesto Charlotte – dijo mientras yo observaba como aquel hombre atractivo daba la espalda para ver por el ventanal.
- Bueno Samael, lamento tener que darle malas noticias – dije con una mirada triste.
- Eso pensé – dijo suspirando como si se estuviera resignando.
- ¿Cuánto tiempo? – dijo aquel extraño con una voz profunda.
- A lo mucho un año – dije agachando mi mirada.
- ¿Diagnostico? – dijo sin voltearse.
- No te preocupes muchacha puedes hablar sin problemas – dijo sonriendo, esa sonrisa estaba haciendo que me sintiera mal.
- Samael la tomografía nos ha arrojado que tienes una aneurisma muy grande y por su ubicación no es operable, si nos arriesgamos a realizar la cirugía podrías morir en cualquier momento – dije viéndolo fijamente, sentía mis ojos arder.
- No te preocupes muchacha, he vivido mucho tiempo y he sido muy feliz – dijo dando pequeñas palmadas a mis manos.
- Lo lamento mucho Samael, me gustaría poder hacer algo, pero no puedo – dije mordiendo mis labios por dentro para no llorar.
- Lo entiendo, gracias por todo Charlotte – dijo aún con una sonrisa.
- Retírate – dijo el extraño.
- Tranquila, no muerde – dijo Samael en voz baja para que solo yo lograra escucharlo.
- Esta bien – respondí en el mismo tono – me retiro por ahora, volveré más tarde para hacerte otros exámenes, creo que sería convenientes que te quedes unos días más – dije.
- Si tú dices que es lo mejor, así será. Gracias Charlotte – dijo.
- Cuídate mientras no estoy, te estaré vigilando – dijo haciendo señas con mis manos.
- Por mí no hay ningún problema – dijo riendo a carcajadas, lo que hizo que me contagiara.