Desperté asustada cuando la azafata me llamo para avisarme que habíamos aterrizado. Cuando salí de la recamara, me sorprendí al no ver a nadie, la azafata muy amablemente me dijo que Anton se había adelantado. Al bajar del jet, había dos hombres esperando por mí. No sería nada fácil poder escapar nuevamente, y menos con dos bebés. -Es hora de irnos señora- hablo uno de los hombres. -¿Adónde me llevaran? -El señor no nos permitió darle esa información. -Creo que tengo derecho a saber adónde iré. Después de todo son su señora. -No nos mal interprete, pero prefiero morir por llevarle la contraria a usted, que morir por desobedecer al jefe. No volví a abrir la boca en el resto del viaje. Por suerte pude reconocer el camino y darme cuenta que nos estábamos dirigiendo a la mansión de Anto

