Estaba saliendo de la ducha, envuelta en una toalla y con mis ojos muy hinchados por el llanto, cuando alguien toco a la puerta para luego entrar en la habitación. -Buenos día niña- dijo de forma gentil- Aquí tienes tu ropa, alístate y baja a desayunar. Veras que lo que prepare te va a encantar- sonrió dulcemente. -Gracias- susurre mientras mis ojos se llenaban de lágrimas nuevamente -Lo siento linda- hablo con pena antes de marcharse. Parecía una señora muy dulce, no comprendía que hacía en un lugar como este, y trabajando para alguien como Anton. Lentamente me vestí y salí de la habitación. No sabía hacia donde debía ir, por lo que solo comencé a caminar, en el último de los casos, alguien me guiaría al comedor. Al llegar a la escalera, baje y comencé a seguir unas voces hasta dar c

