La luz que entraba por la ventana hizo que abriera mis ojos lentamente. Me dolía demasiado la cabeza, y la claridad no ayudaba. Con demasiada pereza, me senté en la cama y me estire para tomar mi teléfono de la mesita de noche. Al no dar con él, me vi obligada a levantarme para buscarlo. En cuanto abrí bien mis ojos, detalle cada parte de la habitación en la que me encontraba; jamás había estado aquí. Era una habitación demasiado grande, tenía incluso un gran sillón que se encontraba a unos pocos metros de la gran cama, y frente a él una tv que ocupaba prácticamente toda la pared. A un lado del ventanal, había una biblioteca bastante amplia, y a cada extremo lateral de la cama había una puerta. Toda la información de lo que había sucedido cayó como un bale de agua, recordándome, y confirm

