Después de que estuvieron solos su mujer se apartó de él con una advertencia en los ojos que él no pudo identificar. Con la vista perdida mientras sostenía un vaso lleno de alcohol Draco solo podía pensar en las palabras que había dicho Evangeline en el ascensor. Divorcio. Estaba enfurecido. Evangeline no lo sabía pero estaba jugando con el diablo, nunca la dejaría ir y no lo hacía por la seguridad de su r**a, sino por su egoísmo. Estaba obsesionado con ella desde la primera vez que la había visto, la dulzura de sus palabras y su arrebatadora sonrisa lo habían acercado a ella irremediablemente y antes de preverlo se había enamorado como un adolescente humano hacía, era por eso que no podía darse el lujo de perderla. Su parte fomoré la aclamaba, rogaba por su compañera. Draco maldijo

