Evie rió dichosa agradecida con los dioses por ese maravilloso hombre con quien la habían juntado.
Esa era una de las cosas por las cuales lo adoraba, aunque Draco frente a las personas se notaba serio y frívolo como le había llamado su hermana menor al conocerlo, su marido era todo lo opuesto a cuando estaban en la intimidad.
—Yo también te amo y estoy segura que todos los días de mi vida lo haré mi Dra —murmuró extasiada.
Lo que no sospechaba Evie era que las paredes en esa casa tenían oídos, la envidia estaba a su alrededor y Evangeline no podía escapar de ella. La mujer detrás de la puerta deseaba envolver en un puño ese grácil cuello y romperlo en dos para no dejar rastro de esa sonrisa bobalicona en su rostro de muñeca, ¡La odiaba por quitarle todo lo que le había pertenecido! pero la haría pagar con creces eso lo juraba.
Después de comer decidió bajar al comedor ya que no tenía nada que hacer, en silencio se preguntaba si se encontraría con alguien de la familia de Draco. Ese pensamiento la hacía se sentir nerviosa había algo en esas personas que no le terminaban de convencer, encogiéndose en hombros bajó las escaleras en zozobra encontrándose con todos en una larga mesa demasiado elegante para su gusto, la risitas que se colaban eran apenas audibles para ella y su forma de comer le fastidió un poco, le mosqueaba que fuesen tan presumidos.
Justo así comía Draco cuando apenas lo conoció.
Si bien era cierto que ella no venía de una familia de bajos recursos, tampoco tenía esos modales tan excéntricos y rígidos.
Enseguida se dieron cuenta de su presencia entonces las charlas cesaron y con ellas obviamente las risas.
Las gemelas la miraron de arriba abajo y la más alta levantó su ceja con burla clara dibujada en sus fracciones de muñeca lo cual la molestó.
No sabía que decir ni que hacer bajo la mirada de los parientes de su esposo pero lo que sí sabía es que debía llevar la fiesta en paz si quería que su armonía con Draco estuviera como siempre había estado.
Hazlo por Draco, Evie se buena y educada.
—Hola —dijo después de un largo silencio.Un muchacho muy parecido a Draco se levantó de su silla sonriéndole con confianza y sin dudarlo se acercó a ella.
—Hola cuñadita —ironizó—, acompañamos a la mesa.
Su mano viajó hasta su cintura empujándole hasta la silla de su lado.
Curiosamente su esposo nunca le había hablado de él o de su familia en general, lo único que sabía del historial familiar de Draco era que sus padres estaban muertos.
—Ya he desayunado, muchas gracias.—No te hemos oído bajar.
Esta vez habló Rhodo quien con anterioridad Draco la había presentado como su tía.—No he bajado, Draco me ha llevado el desayuno.Segundos después se sonrojó por lo dicho pero no tuvo tiempo de decir nada más cuando escuchó un chasquido proveniente de la más alta de las gemelas, quien Evangeline creyó tenía por nombre Chrysanthe.— ¿Draco? ¡Ja, lo dudo! —Burló la rubia.
Aunque la ira bordeaba en sus ojos como una llama de fuego.— ¿Desde cuándo mi hermanito es tan romántico? —preguntó como si lo mencionado por ella fuese algo impensable.Evie se encogió en hombros con vergüenza.
¿Por qué había dicho eso? no quería causarle ningún bochorno a Draco. Miró la vestimenta de ellos y la comparó con la suya obviamente sobresaltaba, todos vestían de n***o mientras que ella llevaba un vestido verde con blanco bonito y hasta inocente, nada parecido al revelador que usaba su prima política en esos momentos.
Después de soportar las humillaciones y constantes críticas de Chrysanthe sobre su cabello o vestimenta en la mesa Evangeline agradeció a los dioses por su infinita paciencia entonces Ziam se ofreció a darle un paseo por su casa la cual era bastante grande, la verdad es que había aceptado el tour de su cuñado solo para librarse de las ironías de la gemela mayor.
—Draco no debió dejarte sola dos días después de su matrimonio.
Se encogió en hombros restándole importancia.
Y pronto se sintió bastante incómoda cuando él tomó su mano y le sonrió.
Por lo general Evie era muy arisca con la gente, Ziam era su cuñado y le daba una pizca de confianza, además si quería vivir allí debía tener un aliado, ¿Y qué mejor que el divertido hermano menor de su marido?
—Vamos, debes ver esto.
Ziam la haló del brazo y para ella era muy difícil seguir su paso, finalmente jadeantes se detuvieron justo en frente de un enorme y hermoso jardín cubierto de diferentes tipos de flores de diversos colores.
El paisaje era fenomenal y qué decir de la paz que se respiraba como si no fuese real, ella soltó un jadeo de emoción y caminó a través del sendero de las flores encantada.
— ¿Te ha gustado cuñadita?
Evie asintió pérdida entre los colores silvestres a su paso mientras que lo escuchaba reír detrás de ella a la vez que caminaba a paso lento detrás de su cuñada sin perderla de vista, esa mujer le causaba una curiosidad terrible que si su hermano se enteraba estaba seguro le haría pagar. Draco siempre había sido así, tan posesivo, jamás compartía lo que era suyo y en definitiva Evangeline lo era.
Esta absorta a los pensamientos de su cuñado levantó su mirada encontrándose con lo que parecía ser una cueva antigua de piedra a una distancia un poco larga que de igual manera logró captar toda su absoluta atención que se encendió aun más cuando vio ingresar a un muchacho de cabellos rubios a ella, frunciendo el ceño se dio cuenta de que él miró hacia los lados antes de adentrarse al lugar, ahora se encontraba más que curiosa ¿Qué había en ese lugar? Para que ese extraño se asegurara que nadie lo veía ¿Y si era un ladrón?
No.
No lo creía ahora que lo pensaba bien ¿Qué había de valor en una cueva?
Ziam pareció no haberse percatado del hombre ya que continúo hablando hasta por los codos mientras que su cuñada ignoraba toda su charlatanería absorta en sus pensamientos.
—Ziam, ¿Qué es ese lugar?
Su semblante cambio en su totalidad al mirar al lugar donde había señalado la morena, de pronto parecía ansioso y temeroso lo que la hizo dudar que algo extraño estaba pasando.
—Yo...debemos irnos, Draco debió de haber llegado y estoy seguro que se enfadará si no te ve.
Él comenzó a caminar de vuelta halándola de la muñeca como cuando habían llegado, aunque estaba molesta porque su curiosidad estaba insatisfecha realmente quería saber sobre ese lugar pero sería en otro momento porque en realidad ante la mención de Draco las ganas de verlo fueron mucho más fuertes, lo había echado de menos.
Miró hacia atrás por última vez esperando ver al muchacho pero en su lugar la soledad y el silencio absoluto reinaba.
Evie negó con la cabeza mirando a su cuñado.
Si Ziam creía que se quedaría con la curiosidad de ver ese lugar por dentro estaba loco y obviamente no la conocía en absoluto, lo cual era así en realidad.
Cuando algo se le metía en la cabeza a una Rain no había nada que la sacara.
Ella era terca por naturaleza, y se lo demostraría.
*
Antes de que llegaran de vuelta a casa Ziam y Evangeline se habían detenido a petición de ella, no quería estar encerrada en la habitación a la espera de Draco porque sinceramente no creía que realmente hubiera llegado después de todo no es como si Ziam supiera con precisión cuando lo hacía además de que no tenían ningún reloj con ellos así que no tenían como saberlo, su cuñado se había negado en un principio pero pudo convencerlo, perdidos en la larga conversación no se dieron cuenta cuando el cielo comenzaba a oscurecerse, ni siquiera habían ido a comer por lo que su estómago rugió pidiendo clemencia.
Le sonrió apenada a Ziam pero él no hizo más que reír, tomó su mano y le ayudó a levantarse para emprender el camino a casa nuevamente.
Entro la noche fría donde solo se escuchaba el murmullo del viento y sus pisadas marcadas. Al fin llegaron a la casa sumidos en un silencio armonioso que ninguno de los dos se atrevía a romper, quizás ambos estuvieron perdidos en el mar del pensamiento o por lo menos lo estaba ella, finalmente como había dicho Ziam anteriormente, Draco estaba allí para su sorpresa.
— ¡¿Dónde está ella?! —Se escuchó un grito de furia por el pasillo.
Más de uno tembló, la casa estaba en un abrumador silencio mientras que él murmuraba maldiciones en griego a la vez que se quejaba de la incompetencia de su familia y los empleados, la habían perdido de vista ¡A su mujer! Incuso cuando les había exigido que la cuidaran.
Draco estaba a punto de perder la cabeza, aún más por la amenaza que había recibido esa misma tarde.
¿Y si se habían enterado de ella?
Si le hacían daño él sería capaz de cualquier cosa.
Absorto en sus pensamientos iracundos no se dio cuenta cuando Evangeline había llegado.
Ella no pudo evitar temblar, ese no parecía ser su Draco, más bien parecía ser aquel Draco del que todos le habían hablado pero que jamás se había mostrado ante ella.
Lucía tan enfadado que realmente asustaba.
— ¡¿Porqué tenemos nosotros que ser su niñera?! —Gritó una de las rubias gemelas, la más alta.
Al parecer nadie se había percatado de su presencia no solo él.
Evangeline miró a Ziam y éste solo sonreía como idiota, tuvo el impulso de golpearle pero se retractó enseguida, luego desvió su vista a Draco quien miraba a la rubia con odio y desprecio que jamás había visto en él.
—No te pases Chrysanthe, como te he ayudado también puedo deshacerme de ti con facilidad —gruñó en su rostro amenazante.
La rubia lo miró asustada ante su amenaza, mientras que Evangeline simplemente no podía dar crédito a lo que estaba viendo y escuchando.
¿Deshacerse de ella?
¿De qué manera?
¿A qué se refería Draco con deshacerse de ella?
—Señor...
— ¡¿Qué?! —gritó fuera de sí.
Todos saltaron, incluyéndola.
Su voz enfadada realmente ponía los pelos de punta.
—La señora Breisacher está de vuelta.
Fue allí cuando él por fin la miró.
Sus ojos azules brillaron entonces la furia que hacía segundos estaba marcada en sus fracciones desapareció y fue sustituida por una sonrisa de alivio al verla y Evie pudo ver que todos se extrañaban ante su actitud cambiante ¿Podía ser que ella estuviera equivocada con respecto a su esposo?
Concentrada en mirar a los demás soltó jadeó al sentir que Draco la abrazaba,
Todos otra vez parecían estoicos como si no pudiesen creer lo que estaban viendo, estaba confundida y por alguna extraña razón angustiada.
¿Qué pasaba con Draco? ¿Qué estaba ocultando?
Fuese lo que fuese parecía que solo era un misterio para ella.
— ¿Dónde estabas? —Reprochó sin ser brusco en la curva del delicado cuello de la chica.
Mientras esperaba por la respuesta dejaba un reguero de besos en su cuello y ella no podía estar más avergonzada ¿A caso él no se apenaba porque todos estuviesen mirándolos?
Roja de la vergüenza alzó la cabeza y miró a todos quienes los miraban con aspecto muy distinto a como ella lo había visto hace minutos.
— ¿Qué hacen aquí? Ya pueden irse.
Todos sin dudarlo se marcharon obedientemente entonces él volvió a su posición anterior.
—Estaba con Ziam —lo sintió tensarse—, me ha mostrando la casa —continuó.
Draco estaba molesto pero intentó que ella no se diera cuenta, por ningún motivo quería a su mujer con otro hombre y ni siquiera le importaba que ese hombre se tratara de su hermano, Evie era suya y odia estar lejos de ella.
Él asintió sin dejar de mirarla, entonces ella aprovechó para mirar hacia los lados buscando a alguien por los pasillos y afortunadamente no había nadie por lo que procedió a lanzarse hacia sus brazos mientras que lo besaba con exquisita alevosía.
Con rapidez Draco tomó su cintura fundiéndolos en un beso apasionado que los dejó con ganas de mucho más. Pronto sintió que la empujó a la pared más cercana e introdujo sin tapujos su lengua en el interior de su boca haciéndola gemir a la vez que tomaba su pierna derecha sosteniéndola con su gran mano metiéndose ente sus torneadas piernas sin embargo Evangeline como pudo se soltó de su agarre y se alisó el vestido levemente levantado mientras que él la miraba con una mezcla de diversión y deseo en sus ojos.
—Alguien puede vernos Draco y yo no voy a soportar el bochorno.
Él soltó una pequeña carcajada logrando que Evangeline lograra ruborizarse.
Lo miró fijamente y el recuerdo de cómo había actuado esa tarde la azotó con fuerza, no se parecía en lo absoluto a aquel hombre que había visto hacía poco, volvía a ser el Draco que ella conocía y amaba.
Seductor, apasionado y risueño.
— ¿Qué más da Ángel? Tú eres mi esposa, no seas aguafiestas.
Dicho esto tomó un mechón de su pelo y lo olfateó. Ella no pudo evitar sonreír al verlo hacer eso, era una mala costumbre que tenía desde que la había conocido.
Siempre que le pedía que no volviera a hacerlo él se defendía alegando que adoraba el olor de su cabello.
—Draco —advirtió sonando más juguetona que cansada.
Él soltó su mechón de pelo y la abrazó dando besos por su mejilla y ella rió, Draco le hacía sentir cosas que nunca habría imaginado sentir por nadie.
—Te amo —murmuró.
Y sentía que a medida que pasaba el tiempo estaba más enamorada de él pero esa noche su comportamiento le había parecido tan desconcertante.
—Yo...
Sus palabras murieron en sus labios cuando escucharon el sonido de algo impactar contra el suelo. Draco frunció el ceño mirando un punto fijo, definitivamente habían acabado con su momento romántico.
—Ve a nuestra habitación, tengo algo que hacer.
Evie asintió aturdida por el cambio de comportamiento de su esposo y comenzó a caminar buscando la escalera.
Horas después estaba inquieta.
Movía sus manos con nerviosismo a la espera de Draco no obstante él no llegaba.
Quería preguntarle por el lugar por el que Ziam se había puesto tan nervioso, también porque el cambio de humor de esa tarde.
No se había olvidado de eso para nada.
¿Había algo de Draco Breisacher que ella no sabía?
Por alguna razón sospechaba que sí.
Dos horas después sintió que él llegaba y cerraba con lentitud la puerta murmurando cosas inaudibles para ella. Evangeline entre abrió un ojo para ver lo que hacía, tenía un vaso con alcohol el cual apoyó en una mesita para después quitarse la corbata, parecía ansioso, lucía tan guapo que se contuvo para no suspirar.
Maldito entre dientes.
Su esposo era absolutamente caliente.
La cara de Draco pronto cambió cuando sonrió ampliamente.
Ella frunció el ceño preguntándose el porqué de su sonrisa.
—Se que estás despierta, ángel.
Dio un respingo al verse descubierta y le sonrió con pereza.
—Bien, ya que me has descubierto...ven aquí.
Palmeó la cama a su costado y él sonrió aún más divertido por la actitud de su mujer. Había tomado de nuevo el vaso sin quitarle la vista a través del vidrio mientras sonreía.
Lo dejó nuevamente y se encaminó hasta el lado que ella había palmeado acostándose boca bajo cerrando los ojos sin dejar de sonreír.
Bien, es ahora o nunca, se animó a ella misma.
—Dra... —Lo llamó a la vez que jugaba con el cabello que caía por su nuca.
— ¿Mm?
La abrazó por sorpresa colocándose arriba de ella y comenzó a depositar suaves besos en su cuello hasta que comenzó a hacerle cosquillas en su estómago.
— ¡Ya! —Chilló entre risas.
Draco la miró cautivado antes de volverse imperturbable como él era.
— ¿Qué pasa?
— ¿Porqué tu cambio de actitud cuando llegué? Parecías tan enfadado que daba escalofríos.
El silencio los abordó y Evie pudo sentirlo tensarse y como resultado que frunciera el ceño. Era evidente que no quería hablar de ello sin embargo ella no se conformaría con su silencio.
— ¿De qué hablas? —contestó haciéndose el desentendido.
—No bromeo Dra, realmente tenías un tono tan autoritario que me hiciste temblar, no quería creerle a Ángela cuando me hablaba sobre que tú estabas teniendo dos caras conmigo, dijo que cuando no estabas junto a mi tú eras una mala persona sin embargo creí en ti sobre mi hermana Draco, no quiero enterarme de que eso sea verdad, no quiero sufrir por tu culpa.
Él mantenía el ceño demasiado fruncido, sus ojos seguían siendo azules pero estaban oscuros y su mandíbula estaba fuertemente apretada, tenía más el aspecto de un salvaje que del hombre que había llamado su esposo.
— ¿Entonces dudas de mi?
El corazón de Evangeline latió acelerado al escuchar el dolor en su voz.
— ¡No lo hago! Te amo y lo sabes pero hoy te vi tan diferente que temí que las palabras de Ángela fuesen reales.
—Te prometo que no, no ha sido como tú crees, solo me preocupé por ti, perdí la cabeza al no verte.
Ella suspiró y le sonrió con dulzura, se sintió por fin aliviada entonces su confianza en Draco se restauró.
—Muy bien, te creo pero no quiero verte así de nuevo ¿vale? Realmente temblé de miedo Dra y eso nunca lo había hecho.
Había tomado la cara de ella entre sus manos antes de asentir y acercar su cara hasta besarla y callarla por completo.
—Lo siento ángel, prometo hacerte temblar pero no de miedo. Esta vez será por el inminente deseo que sentirás entre mis brazos.
Una electricidad entre sus piernas la hizo arquearse contra él mientras que se perdía en ardor que le causaban sus labios sobre los suyos.
Al día siguiente Draco se había disculpado por tener que volver a salir de casa sin embargo esta vez la curiosidad que la embargaba fue más fuerte que su rabia por no pasar tiempo con él, aprovechando su ausencia salió casi a hurtadillas de la habitación matrimonial para ir directamente al lugar donde un día atrás su cuñado la había llevado. Trató de recordar el camino hasta que al fin encontró un sendero de estatuas que a su parecer eran escalofriantes y que no recordaba pero eso no la detuvo, más adelante encontró el jardín de flores y un poco más lejano el lugar donde justamente quería indagar.
A paso firme caminó hasta aquel lugar solitario, la brisa fría azotó ferozmente su cabello castaño y extrañamente cuando más se acercaba más frío la recorría. Se quedó de piedra, aquel lugar era como una habitación antigua pintada de un color oscuro e intimidante hecho de madera vieja que parecía que se caería en cualquier momento.
Tuvo que pensarlo para poder entrar con valentía y la cabeza en alto, empujó la puerta sin titubeos aún así con algo de nerviosismo.
El lugar estaba en penumbras hasta que abrió de golpe la puerta trayendo la luz, sus ojos se posaron por el lugar polvoriento y viejo, en aquel sitio solo habían tres muebles y en general estaba lleno de cuadros extraños y también de dibujos de rostros muy antiguos.
Rápidamente Evie se sintió cohibida y nerviosa.
— ¿Qué es este lugar? —murmuró.
Ni siquiera sabía el porqué le atraía de una manera totalmente extraña y vehemente.
Comenzaba a tener miedo.
¿Por qué aquel chico rubio había entrado en este lugar viejo y aterrador?
Su mente se desvió a su hermana mayor quien era periodista, Adhara Rain se enfrentaba a ese tipo de cosas extrañas todo el tiempo pero ella no era su hermana, para Evie todo lo desconocido estaba mejor así, oculto.
Prefería estar en una constante ignorancia que sufrir con la verdad, aunque hubiese algún caso que no fuese así en lo absoluto.
Cuando sentía curiosidad por algo nada la podía calmar, tenía que conocer aquel misterio del cual despertaba su cruda curiosidad.
Miró hacía todos lados buscando algo que la hiciera tener el valor a adentrarse allí entonces fijó su mirada en una de las pinturas más grandes y preciosas la cual representaba la cara de una bellísima mujer la cual transmitía una extraña paz.
Lentamente como hechizada caminó hasta ella con su mirada fija, era tan atrayente que no podía contenerse ni parar de ninguna manera hasta que estuvo de frente a ella.
La mujer en la pintura era sumamente preciosa con el pelo largo y rubio, los ojos de ella eran de un extraño color azul, poseía una perfecta nariz respingona y aristocrática, sus labios eran pequeños pero definidos.
Por inercia llevó su mano hasta la pintura y la acarició con la yema de los dedos hasta que se fijó en una llamativa pulsera que adornaba la piel pálida de la muñeca de aquella mujer entonces algo raro pasó, unas de las baldosas de la sala se abrieron mostrándole escaleras a la profundidad.
Sin poder contenerse jadeó por el desconcierto y nuevamente volvió a presionar el botón oculto en la pulsera para volver a esconder aquellas escaleras.Su corazón latía descomunalmente en su pecho más de lo normal por el desconcierto.Volvería pero cuando volviera otra vez traería a alguien para que la acompañara y averiguar lo que se escondía en aquellas profundidades.
Ni loca se adentraría a las penumbras de la escalera por sí misma.
La oscuridad siempre le había parecido aterradora desde niña y podía decirse que había sido demasiado temerosa cosa que aún era.
Nunca había sido tan valiente como Adhara o como Ángela por el contrario, todo lo que le resultaba extraño era descartado ante sus ojos.
Examinó de nuevo aquel lugar en profunda oscuridad y se sintió cohibida como si ese lugar escondiera un secreto de años que quisiera ser descubierto, no podía haber otra explicación lógica sino porque se sentía tan curiosa si esa no era su personalidad.
Nada más le llamó la atención en el lugar más que el cuadro de la preciosa mujer, las otras pinturas eran igual de hermosas pero ninguna era tan llamativa.
Cuando quiso irse entonces fue presionada sobre la pared casi con violencia a la vez que un par de manos apretaban su cintura.
Jadeó de miedo por ser descubierta infraganti y aquel sujeto se rió con malicia en su oído erizando y alertando cada parte de su ser, sintiéndose extrañamente fascinada a esa piel caliente que la rozaba, cosa que solo le pasaba con su esposo, así que quien la sostenía era nada más que él.
Su esposo, su Draco.