Decidimos dejar todo atrás, olvidar que lo odié y que el me maltrato, eso que le llaman empezar de cero, obviamente solo quedaría en el recuerdo porque olvidar no se puede sólo si tuviéramos amnesia.
Llegaba a casa con pequeños detalles todos los días al salir del trabajo, yo lo esperaba con una rica merienda y compartíamos nuestros días, había empezado a estudiar una profesión mientras el iba al trabajo, y los fines de semana pasábamos cada minuto juntos.
A veces si podíamos o teníamos ganas salíamos a comer fuera o a tomar algo, i simplemente a caminar.
Él era el mismo Leo de quién yo me había enamorado alguna vez.
El sexo era el mejor, lo hacíamos en todos lados, en la cocina mientras la comida se cocia, en el baño cuando nos duchabamos, en la sala cuando llegaba y yo lo esperaba saltando a sus brazos o en la habitación cada vez que subíamos a descansar, parecíamos adolescentes que recién se conocían.
Cuando llegaba del trabajo me tiraba a sus brazos y lo besaba apasionadamente, el me entregaba algún detalle que traía y yo luego de agradecerle le desprendía el cinturón y bajaba el cierre de su pantalón metiendo la mano dentro y masajeando suavemente su m*****o por unos segundos, él tiraba todo lo que traía a un lado y me abrazaba entre suspiros.
Le bajaba el pantalón dejándolo a la altura de las rodillas y me agachaba despacio pasando mi boca húmeda por su abdomen hasta llegar a su m*****o, lo metía en mi boca y le practicaba sexo oral hasta que gemía, luego él me hacía el amor apasionadamente hasta que sentíamos que nuestros cuerpos no podían más.
Éramos felices y pasionales nuevamente hasta que lo despidieron cuando la fábrica se vendió y los nuevos dueños renovaron el personal.