Capitulo 7— No puedo

1517 Words
Capítulo 7 — No puedo Narrador —Tengo un par de días pensando en este asunto, tal vez pensarás que estoy loco, pero necesito pedirte algo —dijo Nox un tanto nervioso, lo cual era evidente a simple vista—. Sé que sonará ridículo y hasta descabellado, pero... Temía ser rechazado por la mujer ante él, temía que pensara que se quería aprovechar de ella. Por supuesto que Anya le parecía hermosa, brillante y hasta sexy con esa falda tubo que se adaptaba a su figura de infarto, en donde se podía divisar a la perfección su enorme trasero, aun así, allí no pasaría nada que ella no quisiera. —¿Será que me puedes acompañar a una gala? Es un evento de aniversario del corporativo Clark —dijo sin más, dejando a Anya estática—. No quiero que pienses mal, o que mal interpretes mi propuesta... Es solo que... No puedo asistir solo. No sería bien visto... Al menos eso creo. Hace poco terminé mi relación con la señorita Serena, y no quiero que crean que soy un fracasado... Y asistir con cualquier otra mujer podría generar malos entendidos, rumores, falsas expectativas que en este momento no deseo cumplir. Todo esto lo dijo un tanto tenso, no deseaba parecer un verdadero aprovechado que deseaba abusar de su nueva empleada, por lo que pensó meticulosamente cada palabra. Anya, en su lugar, permaneció de la misma forma, sorprendida sin poder creer lo que escuchaba, pero lo que más la descolocaba era ver al señor Nox de esa forma, titubeante, como cuidando sus palabras, algo que jamás vio en él desde que llegó. —El evento será con antifaces y todo ese asunto, por lo que podrás asistir tranquila. De hecho, pensé en darte un bono extra por eso. Sé que como mi empleada es tu deber estar a mi lado en todo momento, pero como este asunto es diferente, valoraré tu tiempo —explicó Nox sintiendo cómo su pulso se aceleraba al ver que Anya permanecía sin decir palabra alguna—. ¿Qué dices? Nox permaneció en silencio, esperando algún gesto más que la estupefacción que se reflejaba con claridad en su rostro. Ella era su única opción y de no aceptar estaba jodido, no tenía a quien más recurrir. Invitar a cualquier otra mujer de su círculo social, inmediatamente lo sabría Serena, sobre todo si era solo para acompañarlo, lo cual lo dejaría expuesto como el perdedor que la dejó ir, por lo que eso ni pensarlo. Buscarse a una desconocida lo expondría al escarnio público, lo que colocaría en tela de juicio su reputación, por lo que Anya era lo mejor que podría encontrar. Además era una mujer hermosa, inteligente con la que no le disgustaría pasar una noche. Anya, por su parte, se sintió tentada. Su madre, debido a su enfermedad, necesitaba un tratamiento bastante costoso que con su sueldo difícilmente podría pagar, además de eso había acumulado tantas deudas que un ingreso extra más allá de su salario no le vendría mal. Aun así, lo pensó. ¿Qué pensaría el señor Nox si ella aceptaba? Que era una arribista que no desaprovechó la ocasión para estar junto a él. Siendo un hombre tan exitoso, debe estar acostumbrado a lidiar con esa clase de mustias que buscan la más mínima oportunidad para seducirlo, por lo que solo negó. —Con todo respeto, señor Nox... No creo que sea lo más recomendable... Como usted sabe bien, nuestras políticas nos prohiben mezclarnos más allá de lo laboral con compañeros y ejecutivos. Así que no puedo aceptar. Necesito este empleo, por lo que no quiero perderlo... Espero usted lo entienda. Cassian, quien en cierta parte sabía que esto podía suceder, solo asintió y colocándose erguido remojó sus labios antes de seguir. —Perfectamente... Igualmente podría pensarlo. Entiendo lo que usted dice, pero como se lo expliqué, esto sería un trabajo extra, le pagaré, así que será laboral —explicó antes de tragar. Sabía que no estaba bien insistir, pero ¿a quién más recurrir que a Anya? No solo era su asistente, quien con el pasar de los días lidiaba con su genio de mierda, sino también tenía total acceso a sus secretos más oscuros. Además era linda, y por más que quisiera negarlo, él también, así como Mauricio, tenía pensamientos nada decentes sobre ella. Como azotar su trasero justo como lo mencionó el sinvergüenza de su amigo. —Como le dije... Lo entiendo, pero mi respuesta será la misma. Si no necesita nada más, me retiro, tengo un par de cosas que hacer —se colocó de pie Anya. Permaneciendo en el mismo punto, Nox vio a Anya saliendo de su oficina, y pasando las manos por su rostro un par de veces, pensó ¿Qué más quedaba por hacer? Solo esperar a que llegara el día del evento y no asistir. Sabía que era eso lo que esperaba Serena, y en cierta parte su madre, demostrarle el gran error que había cometido al no casarse con ella, y atado de brazos, sin tener nada más que hacer, se recargó en su silla tras negar. El día pasó y con él la noche cayó, y Anya, tras pasar por Sebastián, regresaba a casa. Había tenido un día pesado, moviéndose de aquí para allá. Aun así, se mantenía de la misma forma, optimista de que su caótica vida, con el pasar de los días, tomaría su curso. Sonriendo a su pequeño tras entregarle un chocolate al llegar a la puerta de su casa, abrió ésta introduciendo la llave en la cerradura, e ingresando a la pequeña estancia encontró todo sumergido en oscuridad. —¡Mamá! Ya llegué —dijo al aire. Tratando de confirmar dónde se encontraba, Anya empezó a caminar al interruptor, ya que la escasa luz no le permitía ver mientras sujetaba al pequeño de su mano, y logrando al fin encender la luz, la encontró tirada en el suelo inconsciente. —¡Mamá! —Gritó, soltando a Sebastián antes de apresurarse a agarrarla mientras su corazón palpitaba con fuerza. Sintiendo sus ojos cristalizarse, Anya levantó la cabeza de su madre, quien aún no reaccionaba. Empezando a palmear su rostro intentó despertarla, pero no lo logró. Los malestares seguían, su enfermedad no dejaba de avanzar. Aun así, Dinora prefirió callar. Su hija llevaba mucho peso en esos momentos como para agregarle uno más, lo que la llevó a la situación en la que se encontraba ahora. Desesperada, sin saber qué más hacer, Anya sacó el teléfono de su bolsillo y, llamando a emergencias, un par de minutos después la ambulancia llegó. —Paciente, Dinora Torner, de 48 años... Perdió el conocimiento —Dijo el paramédico mientras la ingresaba. Permaneciendo en la sala de espera, Anya se abrazó a sí misma y, presintiendo que la noche sería larga, tragó por lo que le esperaba. A Sebastián lo había dejado con la vecina Nieves, la cual, tras ver a los paramédicos llegar, se ofreció a cuidarlo para que ella pudiera estar un poco tranquila sabiendo que al menos él estaría descansando después de un largo día. —Familiares de la señora Dinora Torner —salió el médico a la sala, y colocándose de pie de inmediato, Anya llegó a su lado. —Soy su hija. ¿Cómo está ella? —preguntó. El corazón le palpitaba sin control alguno, además de que sus ojos se cristalizaron de nuevo. Dinora y Sebastián eran lo único que ella tenía, lo único que la mantenía en pie. Por lo que perder a alguno de los dos era algo que la destrozaría. —Afortunadamente, ya reaccionó. Pero como usted sabe, por su enfermedad se encuentra propensa a esto, así que debe tener más cuidado —explicó el médico—. Lo que sí le puedo sugerir es que inicie su tratamiento, el tiempo corre y cada minuto cuenta. Asintiendo, Anya solo sintió cómo la realidad la golpeaba de nuevo. Se suponía que su vida estaba mejorando, que había logrado escapar del infierno en el que vivía para darle algo mejor a su madre y a su hijo, pero sus esfuerzos parecían no ser suficientes. La misma vida se estaba encargando de joderla, y lo peor de todo es que empezaba a pensar que estaba perdiendo la guerra. Al otro dia tras dejar a su madre en casa descansando, después de pasar la madrugada en el hospital, Anya llevó a su pequeño al jardín de niños, y llegando a NoxCorp, tras pasar un par de horas pensando mientras trabajaba, llegó a la conclusión de que debía aceptar. Sería poco lo que ganaría, además sería solo una vez, solo por ir a ese evento, pero era algo. Después de todo, lo necesitaba. Tocando ligeramente la puerta de la oficina de Cassian, tras escucharlo permitirle seguir, llegó al pie de su escritorio y, juntando sus manos al frente, soltó la frase que jamás pensó decirle a su jefe. —Señor Nox... Como me lo pidió, lo pensé, y tiene razón, será un trabajo extra... Por lo que acepto. Acepto acompañarlo a ese evento.
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