Capítulo 3— Hazlo de nuevo
Narrador
Al otro día, cuando el sol apareció, Anya se preparó para su segundo día de trabajo. Sabía que sería difícil lidiar con Nox; de hecho, el día anterior lo fue. Sin embargo, llenándose de valor esa mañana al ver a Sebastián, su pequeño, se dirigió a la NoxCorp tras dejarlo en el jardín de niños.
—Buenos días —saludó llena de optimismo.
Se encontraba un tanto nerviosa, aun así, intentó lucir lo más fresca y relajada posible. Centrando su mirada en ella, un caballero de mediana edad empleado del lugar desde hacía muchos años le sonrió. Luego, siguiendo su camino, se dirigió a su puesto de trabajo, donde al llegar encontró a Cassian.
—Llegas tarde —soltó él al verla entrar en su oficina.
Anya, en su lugar, solo se detuvo en seco al verlo allí sentado en su escritorio muy cómodo leyendo las noticias y desviando su mirada al reloj de pared. Vio que no era así; aún faltaban 5 minutos para su hora de inicio. Simplemente quiso llegar antes para adelantar algo de trabajo, el cual el día anterior se le hizo algo complicado.
—Señor, aún faltan cinco minutos para iniciar —dijo con voz temblorosa, a lo que él solo arqueó una ceja antes de mirarla.
—Llegas tarde —respondió resaltando la última palabra, despegando por primera vez la mirada de la pantalla.
Apretando sus labios, ella siguió tragándose las ganas de mandarlo a la mierda, y acercándose al escritorio, empezó a ordenar todo bajo la atenta mirada de Cassian, quien, por más que quería, no podía evitarlo. Las palabras de su amigo el día anterior no salían de su cabeza, por más que lo intentaba, y pidiendole detenerse cuando la vista se hacía cada vez más tentadora. Al tenerla frente a él con su trasero empinado mientras ordenaba el par de sofás a media oficina, le preguntó.
—¿Terminaste el informe el día de ayer? Necesito que lo traigas junto a mi desayuno y mi café.
Colocándose erguida tras girarse para observarlo, Anya solo asintió y, saliendo del lugar, emprendió la carrera contra el tiempo. Recordaba perfectamente las indicaciones dadas el día anterior: late, ni muy frío, ni muy caliente, sin azúcar. Por eso, corriendo, buscó lo que le estaba pidiendo. Siete minutos después, venía con el desayuno, el café y una carpeta.
—Aquí tiene lo que me pidió— Dijo
Colocando lo pedido sobre el escritorio, Cassian observó cada uno de estos. Tomando primero la carpeta y el café, solo bastó tocarlo para rechazarlo.
—Tráelo de nuevo, está frío —dijo, abriendo la carpeta y empezando a leer el informe.
Ante eso, Anya solo respiró profundo, comprendiendo por qué las asistentes no duraban trabajando con él. Por supuesto, en las pocas horas que había trabajado allí, ya se había enterado de que Cassian lo apodaban el ogro. No había empleada que le durara, pues al tener que lidiar con su mal humor simplemente escapaban.
Tomando de nuevo el café, Anya solo se disculpó a regañadientes y, girándose sobre sus pies, pretendió regresar por otro late cuando él la llamó de nuevo.
—Señorita Torner —dijo tras aclarar su garganta—, lleve el desayuno también, se me quitó el hambre.
Imaginando cómo lo hacían los personajes en los dibujos animados, estrangulándolo, Anya solo forzó una sonrisa que no era más que un intento de ocultar la ira que ocasionó su ordeny recogiendo el recipiente con los alimentos, una vez afuera, soltó una maldición.
—¡Maldito idiota! —salió en un susurro, lo suficientemente alto como para que Camila, de recursos humanos, la escuchara.
—¿Debes ser la chica nueva? ¿Anya Torner? —preguntó con una sonrisay palideciendo, Anya solo apretó sus labio —Soy Camila Sandoval, de recursos humanos, un placer.
Extendiendo su mano, la chica permaneció de la misma forma con una sonrisa, y pensando que este era su fin, que la mujer correría a contarle a Cassian lo que escuchó, Anya titubeó.
—Un... placer —dijo estrechando su mano, muerta de miedo. Abriendo su boca otra vez, siguió—, Señorita Sandoval... Lo que acaba de escuchar... Me dejé llevar.
Negando enseguida, Camila sonrió, esta vez más amplio, y apoyando una mano en el hombro de Anya, trató de calmarla ya que se veía aterrada.
—No pasa nada. Es algo normal cuando eres nueva trabajando con Cassian Nox. Digamos que él es algo difícil de llevar. Solo te puedo decir que no diré nada "el maldito idiota conmigo está a salvo" —Susurrando lo último, Camila se acercó a Anya y, bajando su rostro cuando sus mejillas se tornaron rosa, muerta de pena, ella solo negó.
—¿Me imagino que estás acostumbrada a ver estas cosas? A asistentes salir corriendo de aquí —preguntó Anya, un poco más tranquila.
— Más de lo que crees, en una semana renunciaron tres... ese es su récord. — Las dos empezaron a reír por eso último, y extendiéndole una carpeta que traía en sus manos, Camila le pidió — Ahora hablando de trabajo, necesito que me llenes estos formularios, y una vez los tengas, los llevas a mi oficina... En cuanto a Cassian, no te rindas tan fácil, sobrevive solo dos semanas, ya de ahí todo es pan comido.
Anya solo asintió tomando la carpeta para colocarla sobre su pequeño escritorio, y despidiéndose de Camila quien tenía un par de pendientes más por hacer, Torner se apresuró para ir por café de nuevo, esta vez asegurándose de que estuviese a una temperatura perfecta para su jefe.
— Aquí lo tiene de nuevo, Señor Nox — Dijo colocando el vaso sobre el escritorio con una pequeña sonrisa.
Cassian en su lugar despegó la mirada del informe que leía en ese instante, el mismo que ella le había entregado y en el que había trabajado la tarde anterior.
— Necesito que lo hagas de nuevo — Dijo colocando la carpeta sobre el escritorio. — Faltaron ciertas cosas como las gráficas, y los presupuestos. Así que lo necesito para dentro de una hora, en cuanto al café... — Siguió Cassian extendiendo su mano para tomarlo sin poder quitarle la mirada de encima a Anya, dispuesto a rechazarlo de nuevo, y al ver que tenía la temperatura perfecta, decidió tomar un sorbo. — Está perfecto.
Anya sonrió más amplio al ver que al fin le había ganado una al menos, y un poco más serena se limitó a tomar la carpeta sin importar que lo tendría que hacer de nuevo. Al menos había logrado llevar un café decente a Nox, lo cual a ella le indicaba que iba por buen camino.
Dándose la vuelta sobre sus pies, Anya salió de la oficina tambaleando las caderas como solía hacerlo, y desviando su mirada inconscientemente a su trasero, Nox pasó las manos por su rostro frustrado al no saber qué pasaba con él, pero su nueva asistente lo estaba volviendo loco.