Brandon bajó del auto sin perder de vista al tal Joseph. El chef lo veía con el ceño fruncido desde el porche mientras discutía en susurros con Diana. Abrió la puerta trasera e invitó a David a bajar. El niño se había quedado petrificado en el asiento. —Ey, capitán, ven conmigo. No te dejaré solo. David tenía los ojos brillantes por los nervios y una expresión angustiada en el rostro, pero enseguida se apresuró por ir con él y lanzarse a sus brazos. —¿Él te ha maltratado de alguna manera? —le preguntó muy bajito. El chico no respondió, solo lo abrazó por el cuello escondiendo su carita. Aquello enfadó al hombre. Al dirigirse al porche pudo escuchar una pequeña parte de la discusión. —No puedes venir aquí sin avisar. ¿Qué esperabas que sucediera? —reclamó Diana. —No necesito avisar

