Después de despedirse de Ruby y de agradecerle por la atención que le prestó a David, Diana subió al penthouse escuchando a su hijo hablar sin parar sobre las cosas que hizo con la niñera en el parque y los niños que conoció. Estaba visiblemente emocionado, tanto, que se expresaba con total normalidad, sin ningún rastro de miedo o inquietud. Ella no podía estar más feliz por su mejora, aunque le resultaba imposible controlar su nerviosismo por lo que había sucedido en la oficina con Brandon y el encuentro que había tenido con Timothy. Ambos la empujaban a enfrentar una verdad que iba a cambiar por completo su vida. Sentía que cometía un gran error al estar en ese hotel. Nunca debió ir a Fort Bragg, pero no tuvo más opción. Los pocos ahorros que le quedaban no iban a durarle mucho viv

