Jerika subió al penthouse y tocó a la puerta a pesar de tener llave. David le abrió. —Hola, te conozco —dijo el niño señalándola con uno de sus deditos. —Claro que sí, galán, soy la secretaria de Brandon. —Sí, de mi papá. Ella abrió los ojos en toda su extensión y miró a Diana que se acercaba a la puerta. —Ya lo sabe —confesó la mujer con una sonrisa. Jerika exhaló todo el aire acumulado en los pulmones con teatralidad. —Menos mal, soy buena metiendo la pata. Así me ahorran angustias. —¿Dónde está mi papá? —preguntó el niño mientras la mujer entraba al departamento y Diana cerraba la puerta. —Atendiendo a un señor muy fastidioso que estuvo esperándolo desde hace una hora. Apenas termine, viene. Está loco por estar contigo. David sonrió con emoción. —Yo también. Mi barco de lego

