Luego de explicarles con severidad a los supuestos jardineros cómo debían hacer su trabajo para no generar enfados, de pagarles las pocas horas que trabajaron y sacarlos de la propiedad, Brandon se comunicó con el jardinero del hotel y pidió que le enviara a una cuadrilla. En tan solo minutos estuvieron allí con sus máquinas y equipos de trabajo y comenzaron a arreglar el jardín. Esta vez, teniendo cuidado de no dañar las plantas. Al darse cuenta lo que sucedía, Diana salió al porche para hablar con él. A pesar de mostrarse más calmada, su rostro aún reflejaba irritación. —¿Qué estás haciendo? ¿Quiénes son ellos? —preguntó, mirándolos con recelo. —Trabajan en el hotel. Saben lo que tienen que hacer, no dañarán el jardín. Más bien le harán un buen mantenimiento. —¿Estás loco? ¡No puedo

