Capitulo IV: Hirviendo de rabia.

1039 Words
Dominick estaba sentado junto a la mesa que le correspondía, observando como Mónic bailaba con aquel hombre desconocido, sentía que la sangre le hervía de rabia, ¿cómo es que Mónic habia aceptado bailar con ese hombre? no podía creer que Mónic fuera capaz, tenia la ligera impresión de que solo lo hacía para molestarlo. ¡Y vaya que lo estaba logrando¡, todo dentro de él estaba revuelto, sabía que la rabia emanaba de él, podía notarlo por como las personas preferían mantenerse alejadas de él. Luis Alberto se acercó, tomando asiento junto a Dominick; ocupando el lugar que le correspondía. —Si las miradas matarán...—dejo la frase a medias cuando Dominick giró a mirarlo de mala manera, Luis Alberto alzó las manos indicandole a su amigo que se acercaba en son de paz, no con la intención de molestarlo. —Lo quieres matar, ¿cierto?—señalo lo obvio, Dominick gruño por lo bajo mientras se cruzaba de brazos. —¿Quien rayos será ese tipo?— Dominick no apartaba la mirada de Mónic, quien sonreía mientras ese tipo le decía algo muy cerca del oído, Mónic se veía tan feliz entre los brazos de ese desconocido y eso lo hacía rabiar, sentir inseguro y molesto, no tenía las palabras exactas para describir todo lo que sentía, saber que existía la posibilidad de que Mónic estuviera en brazos de otro hombre, aunque fuera por algunos minutos, lo ha la sentir incómodo. —¡El gran Dominick Carbajal está muriendo de celos¡— se bueno Luis Alberto, no se había acercado con la intención de molestar pero no se había podido contener, no era usual ver a Dominick tan molesto. —Callate— respondio por lo bajo, mantenía los brazos cruzados sobre su pecho y su mirada penetrante sobre su chica y aquel desconocido— quiero que averigues quien es ese hombre y porque rayos está tan cerca de Mónic. —¿Justo ahora?— Luis Alberto arqueo una ceja, Dominick a veces hacia peticiones bastantes difíciles de cumplir y lo peor de todo era que cuando a Dominick se le metía una idea en la cabeza, era más facil arrancarle la cabeza que la idea. —Si, Luis Alberto— respondió como si la pregunta de su amigo le pareciera estúpida, necesitaba saber quién era ese hombre, lo antes posible o por el contrario sentía que se iba a volver loco. —Domick, estamos en medio de una fiesta— le recordó el abogado, él solo quería disfrutar de la velada para luego ir a casa a descansar, quizás charlar un rato con Lisana y luego dormir, ya que al día siguiente le esperaba un día largo de trabajo. —Necesito saber quién es, no sabemos si es un psicópata, un asesino, un violador...— Dominick comenzó a enumerar todas las posibles cosas negativas de aquel hombre, hasta que Luis Alberto lo interrumpió. — O puede ser un hombre bueno, totalmente perfecto y encantador capaz de conquistar a Mónic, así que por eso temes que puedas perderla para siempre— esas palabras fueron directo al corazón de Dominick, resultaban realmente hirientes y lo peor de todo era que sabía que tenía razón; lo peor que pudiera descubrir es que ese hombre fiera alguien bueno y absolutamente perfecto, merecedor de el amor de Mónic. No podía permitir que Mónic se fijarse en ese hombre, era una actitud bastante egoísta, pero no era capaz de renunciar a Mónic, él estaba dispuesto a luchar por ella, a reconquistar su amor y a ganar si perdón, así tuviera que enfrentarse al mundo entero. —Lo siento, Dominick— se disculpo, sabía que sus palabras habían herido a su amigo y ahora comenzaba a sentirse culpable al ver la expresión de pena que se había apoderado del rostro de Dominick. —Tranquilo... se que tienes razón y eso es lo peor de todo— su mirada se oscureció ligeramente, respiro profundo al notar como la música terminaba y el hombre enmascarado se despedía de Mónic con un suave beso en la mejilla, tenía que aprender a soportar aquellas cosas; Mónic no era suya, él había comentado un grave error y debía aprender a lidear con las consecuencias. Mónic no tardó demasiado en acercarse a la mesa que ocupaban Dominick y Luis Alberto, le correspondía estar ahí aunque no quisiera; se acercó a paso calmado; manteniendo la elegancia que la caracterizaba. Dominick esbozo una tierna sonrisa al ver cómo Mónic se acercaba, se veía tan hermosa que podría pasar horas contemplando su delicada belleza; la había extrañado tanto que ahora al tenerla cerca sentía que su mundo cobraba un nuevo sentido, como si estuviera dónde realmente debiera estar, hasta ahora comprendía que su lugar siempre estaría junto a Mónic, él estaría a su lado y sería capaz de llamar hogar cualquier país, cualquier ciudad o pueblo, por remoto que fuera, solo bastaba con que ella estuviera a su lado, eso era suficiente para sentirse pleno, feliz. —Hola—susurro Mónic al tomar asiento, Dominick la miro fijamente, detallando sus finas facciones, perdiendose en la profundidad de su mirada. —Hola—respomdio Dominick sin apartar la mirada de ella y manteniendo una leve sonrisa marcada sobre sus labios, era increíble como toda la rabia y todas esas emociones negativas desaparecían con solo observar su rostro angelical, al ver la sutil sonrisa que surcaba sus labios, era tan hermosa y perfecta, al menos para él y hacía que todo a su alrededor fuera perfecto. Se sentía feliz, sentía que había una pequeña esperanza porque al mirar sus ojos claros aún podía percibir amor, ese amor puro e intenso que se tenían, podía ver que él no era el único que la había extrañado, ella también lo había extrañado a él; después de todo el amor no podía acabarse de la noche a la mañana, no cuando se amaba de forma tan intensa como ellos lo hacían. No importaba si el momento acababa, si al salir el solo toda la magia se esfumaba, solo importaba disfrutar su compañía, aunque fuera una ilusión momentánea que tarde o temprano llegaría a su fin... disfrutaría cada segundo junto a la mujer que amaba...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD