Dominick estaba disfrutando su momento mientras durará... sabía que Mónic estaba siendo mucho más tierna y amable de lo que deseaba ser solo porque el ojo de los periodistas estaba sobre ellos, sabía que estaba actuando mal al aprovecharse de aquella situación pero solo bastaba tenerla tan cerca para olvidarse del resto del mundo, para perder la razón.
Percibir el aroma que emanaba de su cabello, la forma tan delicada en la que recostaba la cabeza de su pecho, ella era simplemente perfecta y él podría perderse en sus pensamientos, observando, durante eternos minutos.
Pero en el fondo de su ser sabía que ese momento no sería eterno, en algún momento la burbuja de ilusión se rompería y terminaría chocando contra la cruel realidad, aunque en ese momento la tuviera entre sus brazos eso no era más que una simple ilusión, al finalizar la noche la magia se iba a romper y regresaría a su sufrimiento; el rechazo de Mónic haría acto de presencia así como la culpabilidad que lo atormentaba.
—Estas muy hermosa está noche, Mónic— susurró muy cerca de su oído, la piel de Mónic se erizo al sentir el aliento cálido de Dominick cochar contra su cuello, todo su cuerpo tembló ante la cercanía, le parecía increíble como un acto tan simple podría alterar todo su ser de esa manera.
—Gracias, Dominick... tu también estás muy apuesto esta noche— respondió, alejándose ligeramente de él para mirarlo a los ojos, sus miradas se encontraron de inmediato; anclandose sin poder evitarlo, como muchas veces había ocurrido antes.
Dominick y Mónic se perdían en su propio mundo de fantasía y amor, envueltos en magia que flotaba en el aire, como si de pronto el resto del mundo desapareciera y solo existieran ellos dos. Los flash de la cámara no se hicieron esperar más que pocos segundos, todos los periodistas presentes ansiaban capturar semejante momento cargado de amor, la pareja frente a ellos podía ganarse la envía de muchos, eran simplemente perfectos, hechos el uno para el otro.
—Todos nos miran— aseguro Dominick mientras una sonrisa aparecía de pronto sobre sus labios, ya podía imaginar los titulares que brillarían en los periódicos a la mañana siguiente.
—Si, todos nos miran— Mónic repitió, de cierta forma, las palabras de Dominick, ambos miraron hacia las cámaras, regalando les sonrisas amables y encantadoras, dejarían que los periodistas tomarán todas las fotos que desearan, después de todo debían lidear con todo eso de la mejor manera posible, era parte indiscutible de sus vidas; así que no podían hacer más que aceptarlas.
—Buenas noches señor Carbajal— un joven dió un paso al frente, dispuesto a hacer unas cuantas preguntas a la pareja de enamorados— ¿cómo se siente con respecto a que otro hombre halla ganado una cita con su prometida?— el joven formuló la pregunta a la que probablemente todos querían conocer la respuesta.
Dominick contuvo una nueva que luchaba por formarse en su rostro, había logrado olvidar por un momento a ese insoportable sujeto que parecía estar determinado a ganar una cita con Mónic, su Mónic y lo peor de todo era que habia logrado conseguirlo, todos sus intentos por evitarlo habían resultado en vano.
—Estoy seguro que el señor Carbajal no es celoso, de lo contrario nunca hubiera permitido que todo esto se llevará acabo— la respuesta vino de una voz masculina, todos dirigieron su mirada a aquel hombre misterioso que portaba una máscara en forma de alcón, quien se situó frente a Mónic— además todo es para una buena causa— hizo una reverencia hacia Mónic mientras tomaba una de sus manos y depositaba un suave beso de forma galante, como si estuviera ante una princesa heredera al trono.
—Un placer conocerla finalmente, señorita Malvorich... estoy totalmente fascinado por usted— confesó, Mónic le dedicó una dulce sonrisa, mientras Dominick sentía como algo dentro de él se encendía y su sangre comenzaba a hervir, nunca había sentido ese instinto asesino a flor de piel como lo sentía en ese momento, si pudiera hacerlo le arrancaría la cabeza a ese hombre sin dudarlo.
— Un placer conocerlos, caballero— respondió Mónic, de una forma tan encantadora que provocaba que esa sensación desagradable en el pecho de Dominick aumentará aún más, ¿por qué tenía que ser así?, ¿por qué Mónic te la que ser tan adorable y encantadora? y aún más ¿por qué tenía que sonreír de esa manera?, la sonrisa de Mónic robaba suspiros, era capaz de enamorar y conquistar a cualquiera que la admirara, eso era lo que más le molestaba, Mónic podía conquistar a quien quisiera y él no podía hacer nada para evitarlo.
—¿Podemos tomarles una fotografía juntos?— interrogó el joven periodista con cierto miedo, el disgusto plasmado en el rostro de Dominick Carbajal era más que evidente; le daba cierto temor que el hombre pudiera reaccionar de mala manera.
—Por supuesto— para sorpresa de todos fue Mónic quién respondió de forma amable, provocando que las mejillas del joven periodista se tiñeran de rojo, sonrojandose de forma inevitable ante el encanto natural de la muchacha.
El misterioso enmascarado se sintió junto a Mónic mientras ella se acomodaba entre ambos hombres, Dominick de inmediato posó sus brazos sobre la cintura femenina, rodeándola de forma sutil; claramente marcando su propiedad sobre Mónic. El hombre misterioso esbozo una sonrisa ladina al notar este gesto posesivo por parte del empresario Carbajal quien ni siquiera se esforzaba por disimular sus celos.
Los tres sonrieron para la cámara, los periodistas tomaron las fotos necesarias para inmortalizar aquel momento cargado de emociones... amor, emoción ante el reencuentro y celos ante la amenaza de un nuevo hombre en la vida de Mónic.
No sabía exactamente porque, pero Dominick sentía que ese desconocido sería una completa molestia, una piedra en su zapato; de la cual tendría de deshacerse con rapidez si quería recuperar el amor de Mónic.
Algo le decía que ese extraño estaba muy interesado en Mónic y él no iba a permitir que otro hombre ganará su corazón, quizás era algo egoísta, pero amaba demasiado a Mónic como para perderla.