La rutina de “lecciones” se volvió adictiva para ambos. Carlos llegaba del trabajo y Valeria ya lo esperaba en el despacho, vestida de forma cada vez más provocadora. Esa tercera tarde llevaba una falda plisada corta de colegiala y una blusa blanca semiabierta que dejaba ver el encaje de su sujetador. Sus tetas grandes presionaban la tela, y al sentarse en su regazo, su culito caliente se frotó deliberadamente contra la polla de Carlos.
—Papi, hoy quiero aprender algo nuevo —dijo con voz tímida pero decidida—. En los videos las chicas usan la boca… quiero probar contigo.
Carlos sintió cómo su enorme v***a se endurecía al instante bajo ella. Tragó saliva, luchando contra el impulso de levantarle la falda y follarla ahí mismo.
—Está bien, princesa. Pero solo lo que tú quieras. Vamos paso a paso.
Abrió un nuevo video: una rubia curvilínea de rodillas, chupando una polla gruesa con devoción, lamiendo desde las bolas hasta la cabeza, tragando profundo y babeando. Valeria miraba fascinada, mordiéndose el labio.
Mientras el video avanzaba, Carlos le desabotonó la blusa y liberó sus tetas perfectas. Las masajeó con fuerza, amasándolas, pellizcando y tirando de los pezones rosados hasta que Valeria gemía y se retorcía en su regazo.
—Qué ricas están tus tetas, mi amor. Tan grandes y firmes… perfectas para chupar.
Bajó la cabeza y succionó un pezón con hambre, lamiendo círculos y mordisqueando suavemente. Su mano bajó por el abdomen de ella, metiéndose bajo la falda plisada. Apartó las braguitas empapadas y rozó su coñito hinchado.
—Estás chorreando otra vez, Valeria. Tu coñito virgen está deseando que lo toquen.
Introdujo dos dedos gruesos de golpe, curvándolos para frotar su punto G. Los movía rápido, haciendo un sonido húmedo y obsceno mientras su pulgar atacaba el clítoris. Valeria jadeaba, moviendo las caderas para follarse sus dedos.
—Papi… ahhh… más… quiero probar tu polla…
Carlos sacó su monstruosa v***a de 22 cm. Valeria la miró con deseo. Se arrodilló entre sus piernas y la agarró con ambas manos. Al principio lamió tímidamente la cabeza, probando el precum salado.
—Sabe rico, papi…
Animada por los gemidos de Carlos, abrió más la boca y metió la cabeza gruesa. Chupó con torpeza pero entusiasmo, usando la lengua como había visto en el video. Carlos le agarró el cabello rubio suavemente y guió el ritmo.
—Así, princesa… succiona más fuerte… usa la mano en la base.
Valeria obedecía todo lo que él decía. Babeaba abundantemente, haciendo ruidos húmedos mientras intentaba tragarlo más profundo. Sus tetas rebotaban con cada movimiento de cabeza. Carlos estaba en el cielo, pero se controlaba.
Mientras ella lo chupaba, él metió tres dedos en su coño apretado, follándola con la mano. Valeria gemía alrededor de su polla, vibrando. Llegó al orgasmo primero: su coñito se contrajo violentamente, soltando jugos que corrieron por la mano de Carlos. Él no se corrió en su boca. La levantó, la besó en la frente y la mandó a su habitación.
—Hoy no, princesa. Todavía no estás lista para todo.
Esa noche, Carlos no aguantó. Se quedó en su habitación, puerta cerrada, pero con la mente llena de ella. Sacó su polla dura y empezó a masturbarse lentamente, recordando cómo Valeria lo había chupado.
—Valeria… mi hijastra putita… —gruñó en voz baja—. Tu boca se siente tan caliente… quiero follarte la garganta.
Aceleró la mano, imaginando su cara inocente llena de saliva y semen. Recordó sus tetas rebotando y su coño apretado alrededor de sus dedos.
—Valeria… te voy a abrir ese coñito virgen… te voy a llenar de leche… eres mía, princesa…
Se pajeaba con furia, apretando fuerte la base como si fuera el coño de ella. Sus bolas se tensaron.
—Valeria… ¡me corro dentro de ti! —rugió en un susurro ahogado mientras eyaculaba chorros potentes de semen espeso que salpicaron su abdomen y pecho. Se corrió pensando solo en su hijastra, repitiendo su nombre como un mantra.
Al día siguiente, Valeria espió de nuevo. Carlos se masturbaba en la ducha, gruñendo su nombre claramente: “Valeria… joder, Valeria… tu coño es mío”. Ella se tocó en el pasillo, metiéndose los dedos con desesperación hasta correrse, susurrando “papi, tómame”.
La tensión s****l era insoportable. Esa misma noche, Carlos salió otra vez. Encontró en un bar a una rubia de 24 años llamada Sofía, que tenía un cuerpo casi idéntico al de Valeria: tetas grandes, culo prominente, cabello rubio. La llevó a su auto en el estacionamiento.
—Quiero que me folles duro —le dijo ella.
Carlos la puso a cuatro patas en el asiento trasero. Le subió la falda y le metió toda su polla de un golpe brutal.
—Joder… tan apretada… —gruñó, imaginando a Valeria.
La folló salvajemente, golpeando su culo con las caderas, dándole nalgadas fuertes. Le tiraba del cabello y le susurraba al oído:
—Eres mi hijastra… tu coño es solo para mí…
Sofía se corrió dos veces gritando, su coño contrayéndose alrededor de la gruesa v***a. Carlos la cambió a cowgirl, dejándola rebotar en su polla mientras le chupaba las tetas. La hizo correrse una tercera vez antes de llenarla de semen, gruñendo el nombre de Valeria al eyacular.
Regresó a casa con el deseo apenas aliviado. Valeria lo esperaba en la sala, con una mirada que decía que pronto no habría más resistencia.