Ese día lo pasó como si caminara en una nube, estuvo distraído y eso casi le lleva a cometer un error, el primero en años que lleva trabajando para la casa de moda, lo advirtió justo cuando iba subiendo en el ascensor a entregarle el trabajo a Frangelico. Tuvo que devolverse a su oficina con el fin de volver a revisar el resto de los diseños, tuvo duda de que estuvieran como él y Frangelico habían acordado la semana anterior. Se tuvo que enjuagar el rostro con agua fría para despejarse de la bruma ilusoria en la que había pasado el día. Debía responderle a Frangelico de manera positiva. No le valdrá excusa alguna si la colección se cayera por un error suyo, y él no se perdonaría que le llamen la atención por no estar al pendiente de los detalles que siempre ha cuidado.
—Una hora y media después, Jack —reclamó Frangelico cuando lo vio aparecer con los diseños finalizados.
—Estaba revisando algunos detalles —le dijo serio—. Aquí tienes lo que pediste. Me voy.
—Un momento —lo detuvo, porque Jack no dudó en materializar su deseo, ya se había dado la vuelta para salir de la oficina—. ¿No vas a revisarlos conmigo?
Tan acostumbrado está Frangelico a que Jack siempre estuviera que vio de manera negativa el que él hiciera lo que acaba de hacer.
—Esos diseños están tal cual los pediste —le dijo fastidiado porque necesitan ir a casa.
Estaba agotado, no solo porque no durmió la noche anterior, sino también porque el deseo que estaba sintiendo por Dinna y su cabeza no le dejaban pensar en nada más que en tenerla. Desde el mensaje que recibió en la mañana no había vuelto a saber más de ella. Tenía la ilusión de seguir recibiendo mensajes de ella, pero fue al contrario, no recibió nada más y en cierta forma lo agradeció pues pese a que estuvo distraído, volviendo una y otra vez a los recuerdos tan recientes, logró trabajar. De recibir un mensaje más de ella no hubiera logrado entregar el trabajo a tiempo.
Realmente esa mujer lo estaba afectando, y no lo veía de manera negativa, todo lo contrario, lo celebraba porque se sentía tan vivo, más vivo que nunca. Dinna, con lo poco que le dio, le estaba dando la oportunidad de ver un lado diferente de la vida que no se permitió nunca vivir.
—Pero revisemoslo juntos —le pidió Frangelico.
—No puedo, debo ir a casa —contesto pausado.
—¿Y si necesito rehacerlo?
—Tendré el día de mañana para hacerlo, pierde cuidado. La colección estará lista para la fecha pautada.
—Siempre te quedas hasta tarde —le dijo Frangelico recordando su vida rutinaria.
—Pero hoy deseo irme a la hora normal, necesito tiempo para mí —le dijo y salió de la oficina sin darle oportunidad de seguir hablándole para retenerlo.
Bajó las escaleras para relajar el cuerpo y se fue directo a su oficina para buscar su maletín con la laptop y apagar todas las luces para irse. Era el último que quedaba en su área, y el último siempre en irse, por eso es que Frangelico se extrañó con su decisión.
Saló al exterior del edificio, no es que tampoco fuera muy temprano, ya comenzaba a oscurecer, pero no tanto como para reconocer el color de las pocas nubes que había en el cielo. La sensación que experimentaba era distinta, y no quería dejar de vivirla encerrado en la vida tan deprimente que le había acompañado en todos esos años.
Anhelaba estar con ella, y por esa razón caminó hasta una plaza que estaba dos cuadras más abajo de la casa de modas y se sentó en una banca para llamarla.
Tenía tanta ilusión de volver a pasar un buen rato con ella que dejó pasar la posibilidad de que no solo él tiene una vida que hasta su llegada era deprimente, ella tal vez tendría una contraria, llena de ocupaciones y personas reclamando su atención. Una mujer tan bella y con tanto magnetismo debía tener gente a sus pies, y no solo eso sino que también diversas cosas por hacer en el día. No recibió respuesta a los dos intentos que hizo por hablarle, lo que le decepcionó un poco. Por lo que optó por irse a casa a dormir temprano.
Ese momento no fue el único en el que intentó ponerse en comunicación con ella, al día siguiente lo volvió a intentar y nada, luego el siguiente y así sucedió el resto de esa semana. No volvió a saber de ella, lo que le dejó un mal sabor y repercutió de manera negativa en el estado de ánimo que había logrado los primeros días. No se amargó pero sí se sintió triste.
Con el recuerdo de lo vivido continuó su día a día, no insistió en volver a contactarla, prácticamente dio por perdido lo poco que había logrado con ella, y con esa sensación volvió a sumergirse en el trabajo. Retomó su rutina de salir de la casa de modas bien entrada la noche, y al finalizar ese mes se llevó la sorpresa de su vida cuando llegó a su casa después de un dia agotador de hasta haber discutido con Frangelico porque volvió a pedirle firmar como suyo uno de los diseños que le robó a la competencia.
Casi se ahoga de la impresión cuando consiguió todo cambiado en el interior de su casa. Su sofá viejo fue sustituido por uno moderno modular de color n***o, ni hablar de las láparas que habái colgadas en el techo y el resto de la decoración de la sala de estar, era comos i alguien hubiera invadido su casa pero sin robarle nada sinoq ue al contrario, le regaló, y más que reagalarle le sorpendió porque todo el espacio estaba distinto.
La vibración de su teléfono lo sacó del impacto que se llevó. Era Dinna quien ln contestar, esa mujer era como la gota de ilusión que necesitaba para continuar viviendo en la tristeza que loa gobiaba por no saber de ella.
—Espero que te guste nuestro sofá —escuchó que le dijo con una sensualidad que recorrió todo el cuerpo de Jack. En el sonido de sus palabras había una promesa.
La palabra nuestro hizo eco en su cabeza. Se sintió a promesa y eso le gustó.
—Nuestro sofá —dijo él en voz alta—. Sí, sí me gustó mucho, ¿no me digas que fuiste tú quien lo dejó aquí?
—Sí, sí, espero que no te moleste que haya invadido tu casa sin avisarte, quise darte la sorpresa —aclaró ella sin importarle en realidad lo que él pudiera pensar, solo quería tener un motivo más para engancharlo en base a promesas que no se lelvariana cabo nunca.
Tenía todo tan bien planificado que hasta el gasto en el que tuvo que incurrir por el costo del sofá, que tuvo que comprar como una estúpida estrategía para impresionarlo y darle la apariencia de demostrarle de esa forma el supuestos amor que están surgiendo en ella por él, estaba incluido en sus planes. Ya tenía la forma de hacerle pagar ese dinero reintegrandoselo con alguna de las mentiras que ya tiene armada. Lo cierto era que en ese juego ella no perdería ni un ápice de dignidad mucho menos dinero, al contrario, deseaba acrecentar su patrimonio y colocar su nombre por lo alto y en eso Jack era pieza clave. Ella saldría ganando mientras que Jack y Frangelico perderán todo, de ser posible la vida, porque para ella anular a Frangelico era el objetivo principal, Jack solo era el objeto que la conduciría a esa meta. Poco le importaba la suerte del diseñador inocente de todo lo que ella llevaba años fraguando para lavar su honra.
—Espero que podamos estrenar ese sofá la próxima vez que nos veamos —le dijo con voz lujuriosa.
Jack giró la cabeza hacia el sofá y sintió ansiedad de verla y tenerla allí sobre la delicada tela de cuero del costoso mueble.
—¿Cuándo será eso? —le preguntó dejándole ver la ansiedad—. Te extraño mucho.
—No cojas ansias, me tendrás cuando menos lo imagines —le dijo ella y colgó la llamada.
lo dejó sin palabras y con ganas de decirle mucho más. Miró por largo rato el sofá cone l móvile nsu oído y solo al sentir un picor en la piel de su rostro, cayó en cuanta d elapresiónque le estaba haciendo al movil en su oído para evitar que cayera al piso. Sacuió al cabeza por sentirse tonto, ys e fue a su habitación. Se depojó de la ropa y tomó uan ducha de agua fría. No esperaba que la promes as e cumpliera tan de prisa. Al salir de su habitación hacia la cocina, habiendo arropado su cuerpo solo con un bóxer se quedó sin habla al encontrarla a llí en el sofá de piernas abiertas y us pechos totalmente desnudos, tan prominentes comoeld eseo que en custiónde segundos se despertó en él. CAsi le da un infarto de encontrarla allí en una pose tan tentadora que nadie, absolutmaent e nadie pudiera rechazar.
—Hola baby, ¿no me esperabas? —le dijo ella con sensualidad al tiempo que levantó la pierna para dejarle ver la extensión de su femineidad y mientras que con las manos acariciaba sus enormes pechos en una invitación que era evidente le será imposible rechazar—. Prometí que estrenaríamos el sofá, no me contuve. Ansío más y más de ti.
—¿Por qué no avisaste que vendrías? Te hubiera sorprendido con algo bueno.
Estaba tan nervioso que no sabía qué decir ni hacer.
—Hoy me caí —dijo ella de repente al ver que él no se movía. No le quedó más que usar el recurso del plan de víctima para engancharlo al tiempo que no dejaba de masajearse y mostrarle el dulce a un Jack sediento de sus golosinas y a la vez negado a tomar lo que no se le había ofrecido expresamente—Ven, mira donde me golpeé, fue doloroso.
La atención, eso era lo que estaba reclamando Dinna, la llenaba sentirse admirada, querida, idolatrada y llena de atención producto de la compasión. Eso alimentaba su ego, y eso era precisamente lo que quería Jack, mimarla, pero no solo eso sino también besar cada pliegue de su cuerpo, pero comenzar por esa parte que no deja de llamarla y ella pareciera sentirse a gusto de mostrarle sin reparo, su centro,. Parecía un imán que lo atraía una y otra vez, y su virilidad estaba agotada de luchar por salir e irse directo a allí.
—Mira, tengo un pequeño moretón aquí.
Bajó la pierna, no para sentarse con decencia sino para darse la vuelta y respingar sus nalgas al punto que se colocó en una posición que más que dejarle ver el muslo le ofrecía no solo una bella vista sino también la entrada a un lugar que no hacía más que llamarlo y pedir ser poseída.
Obedeciendo a su llamado JAck caminó hasta ella con duda, y se inclinó para obligarse a ver donde le pidió, no tuvo tiempo de ver lo que ella le dijo porque de momento se vio invadido con su aroma y la carnosidad de sus nalgas en su rostro. Dinna fingió irse hacia atrás con toda intención. Quería que Jack la tomara salvajemente como aquella noche y que mejor forma de iniciar una contienda de sexo salvaje que cayendo sobre su rostro para dejar que su boca se humedeciera de su ser.
Eso volvió loco a Jack, intentó contenerse pero no pudo. El animal inexperto que lleva por dentro salió a relucir y como un verdadero animal tomó ambas nalgas y las presionó para hundir más su rostro en su ser.
Lo disfrutó al máximo, le dio de nalgadas como deseaba verla gemir.
De esa forma Dinna logró una vez más enamorar a Jack mientras que ella en su actuación ni tan actuada, sentía que subía un escalón más hasta llegar al lugar donde comenzará a pedir, a exigir lo que le interesaba. Se vio obligada a arrastrarse y actuar nuevamente el papel de la mujer ansiosa de su carne, reconcoía que so le gustaba, el sexo con Jack era la mejor parte de ese sacrificio, porque el hombre la llevaba como mujer de la calle, arrastrada a sus formas tan grotescas de amarla, terminó llevándose el mejor premio del día. El sofá era la excusa, y su intención final era el conducto a la perfecta justificación del placer que estaba ganando en su sacrificada vida.